21 Julio 2007 Seguir en 
Luis Pichinetti está desesperado. Ayer, el hombre que está acusado de haber matado al comerciante José Eduardo Salas en Trancas comenzó a llorar desconsoladamente ante la psicóloga. Allí, habría relatado lo que sucedió ese domingo, pero como se trata de una declaración prestada durante una pericia, no puede ser valorada por la Justicia. Lo mismo había sucedido cuando lo detuvieron, el lunes por la tarde. Allí contó, con lujo de detalles, todo lo que había sucedido. Pero cuando fue a Tribunales, se abstuvo de declarar. A Salas lo mataron a golpes en el rostro, aparentemente con una barra metálica. El estado emocional del imputado se hizo evidente cuando, a las 14, decidió revocarle el poder a su abogado, Roberto Flores; pidió prestar testimonio con el defensor oficial César Picón; luego se arrepintió y volvió a recurrir a Flores para que lo asesore. Así, la Justicia aún no tiene una versión oficial de lo sucedido. Además de Pichinetti está detenida la esposa de Salas, la docente Silvia Raquel Lai, con quien habría estado confabulado para matar al comerciante, según la Justicia. Ayer se ordenó que se precinte un departamento céntrico en el cual la maestra y el profesor de gimnasia habrían mantenido encuentros clandestinos. La próxima semana se realizarán allí varias pericias.









