21 Julio 2007 Seguir en 
Luis Pichinetti revolucionó Trancas aun antes de ser el principal sospechoso del brutal homicidio del comerciante José Eduardo Salas. Su llegada al pueblo, hace cuatro meses, también causó conmoción. Ocurre que con su forma de ser, extrovertido y entrador, consiguió que decenas de tranqueños se pusieran en movimiento en su gimnasio.
La Justicia investiga una presunta confabulación entre Pichinetti y la esposa de Salas, Silvia Raquel Lai, para perpetrar el crimen. Ambos sospechosos están arrestados, a disposición de la fiscal Adriana Giannoni. Salas fue encontrado muerto, en su cama, en la madrugada del domingo. Le habían desarmado la cabeza a golpes, luego de haberlo sedado con un somnífero, según la investigación. Según contaron algunos allegados, en enero Pichinetti fue varios días a El Boyero, el principal balneario de la ciudad. Allí advirtió que Trancas no tenía un gimnasio, y decidió instalarlo, continuando una actividad que ya había desarrollado en Tafí Viejo, donde residía.
goyen al 400 y, de a poco, se encargó de entusiasmar a las alumnas. El gimnasio fue bautizado "Maná". "Se ve que tiene mucha facilidad para convencer a la gente. El salía a caminar y hablaba con todos, hasta que lograba que fueran al gimnasio. Siempre estaba lleno", dijo Mario López, uno de los vecinos que aún no sale del asombro ante los hechos. María Dionisia Ibáñez era una de las alumnas. "Estaba todo el tiempo hablando; te decía ?mi amor?; te acariciaba; te preguntaba cómo estaban tus cosas; si te veía triste, te consolaba. Era muy atento", indicó la mujer.
Una de las alumnas era Silvia, que, según algunos vecinos, fue una de las primeras en concurrir al gimnasio. Allí se conocieron. "Iba todos los días. Había empezado a cuidarse mucho. El trataba de que todas nos viéramos bien", explicó Marta González, otra de las alumnas de Pichinetti. "Lo primero que hacía era pedirte el número de teléfono, y él te daba el suyo. Mandaba mensajes todo el tiempo", aseguró Graciela Lavalle.
Los vecinos no salen del estupor. "Acá siempre hemos tenido accidentes, o peleas de borrachos, que a veces terminan con un muerto, pero jamás una cosa así", reflexionó Roberto Páez. Diego Robledo aseguró que todos conocían a Salas. "Era un muy buen tipo. Le encantaban los gallos (era criador) y nunca tuvo problemas con nadie. Cuando me enteré del crimen pensé que pudieron haber entrado a robarle. Después no podía creer que lo hubieran matado por un crimen pasional", aseguró.
Ayer prestó declaración en Tribunales Francisco "Paco" Díaz. En tres propiedades de su familia, la Policía realizó allanamientos el jueves, y secuestró una toalla manchada con sangre y varios vasos usados. Pero el joven, que es amigo de Carlos Lai, el hermano de Silvia, y que también conocía a Pichinetti, negó que haya estado con el imputado hasta minutos antes del crimen, tal como dijeron algunos testigos. "No tengo nada que ver", le dijo a la fiscal Giannoni.
Sin embargo, se ordenó que la toalla y los vasos sean sometidos a pericias para determinar (con huellas o tipo de sangre) si el imputado tuvo contacto con ellos. La fiscal espera además que Gendarmería Nacional termine el análisis de cruces telefónicos entre los celulares de Pichinetti y de Lai
esto, se podría probar que ambos mantenían una comunicación asidua, incluso el día del crimen. Además, aún debe recibir el informe autópsico, que le confirmará la causa de la muerte de Salas. La próxima semana, declarará además un veterinario, ya que dos perros de la familia Salas murieron en las últimas semanas, aparentemente envenenados. La fiscal quiere saber si esto tiene algo que ver con el homicidio del comerciante. LA GACETA (C)
La Justicia investiga una presunta confabulación entre Pichinetti y la esposa de Salas, Silvia Raquel Lai, para perpetrar el crimen. Ambos sospechosos están arrestados, a disposición de la fiscal Adriana Giannoni. Salas fue encontrado muerto, en su cama, en la madrugada del domingo. Le habían desarmado la cabeza a golpes, luego de haberlo sedado con un somnífero, según la investigación. Según contaron algunos allegados, en enero Pichinetti fue varios días a El Boyero, el principal balneario de la ciudad. Allí advirtió que Trancas no tenía un gimnasio, y decidió instalarlo, continuando una actividad que ya había desarrollado en Tafí Viejo, donde residía.
goyen al 400 y, de a poco, se encargó de entusiasmar a las alumnas. El gimnasio fue bautizado "Maná". "Se ve que tiene mucha facilidad para convencer a la gente. El salía a caminar y hablaba con todos, hasta que lograba que fueran al gimnasio. Siempre estaba lleno", dijo Mario López, uno de los vecinos que aún no sale del asombro ante los hechos. María Dionisia Ibáñez era una de las alumnas. "Estaba todo el tiempo hablando; te decía ?mi amor?; te acariciaba; te preguntaba cómo estaban tus cosas; si te veía triste, te consolaba. Era muy atento", indicó la mujer.
Una de las alumnas era Silvia, que, según algunos vecinos, fue una de las primeras en concurrir al gimnasio. Allí se conocieron. "Iba todos los días. Había empezado a cuidarse mucho. El trataba de que todas nos viéramos bien", explicó Marta González, otra de las alumnas de Pichinetti. "Lo primero que hacía era pedirte el número de teléfono, y él te daba el suyo. Mandaba mensajes todo el tiempo", aseguró Graciela Lavalle.
Los vecinos no salen del estupor. "Acá siempre hemos tenido accidentes, o peleas de borrachos, que a veces terminan con un muerto, pero jamás una cosa así", reflexionó Roberto Páez. Diego Robledo aseguró que todos conocían a Salas. "Era un muy buen tipo. Le encantaban los gallos (era criador) y nunca tuvo problemas con nadie. Cuando me enteré del crimen pensé que pudieron haber entrado a robarle. Después no podía creer que lo hubieran matado por un crimen pasional", aseguró.
Ayer prestó declaración en Tribunales Francisco "Paco" Díaz. En tres propiedades de su familia, la Policía realizó allanamientos el jueves, y secuestró una toalla manchada con sangre y varios vasos usados. Pero el joven, que es amigo de Carlos Lai, el hermano de Silvia, y que también conocía a Pichinetti, negó que haya estado con el imputado hasta minutos antes del crimen, tal como dijeron algunos testigos. "No tengo nada que ver", le dijo a la fiscal Giannoni.
Sin embargo, se ordenó que la toalla y los vasos sean sometidos a pericias para determinar (con huellas o tipo de sangre) si el imputado tuvo contacto con ellos. La fiscal espera además que Gendarmería Nacional termine el análisis de cruces telefónicos entre los celulares de Pichinetti y de Lai
esto, se podría probar que ambos mantenían una comunicación asidua, incluso el día del crimen. Además, aún debe recibir el informe autópsico, que le confirmará la causa de la muerte de Salas. La próxima semana, declarará además un veterinario, ya que dos perros de la familia Salas murieron en las últimas semanas, aparentemente envenenados. La fiscal quiere saber si esto tiene algo que ver con el homicidio del comerciante. LA GACETA (C)







