Las milagrosas pastillas de fray Galvao

09 Mayo 2007
Durante su visita a Brasil, el Sumo Pontífice canonizará al primer santo nacido en ese país. El acto será oficializado por el Papa el próximo viernes, durante una visita de cinco días que comienza hoy.

El milagro de un monje
Pese a que el Vaticano le reconoce sólo dos milagros, el poder de curación del monje franciscano Antonio de Sant`Anna Galvao es defendido por centenas de fieles que afirman que sus pastillas milagrosas los curaron de diversos males.

Según la tradición católica, la acción sanadora de las pastillas de fray Galvao se reveló por primera vez cuando el sacerdote recibió la petición de ayuda de un hombre cuya esposa estaba a punto de dar a luz y su vida corría peligro.

Iluminado por la gracia de Dios, el religioso escribió en tres pequeños papeles el versículo del Oficio de la Santísima Virgen María y se los entregó al hombre enrollados en forma de pastillas para que se los diera a su esposa.

De acuerdo con los relatos, ésta los ingirió y enseguida tuvo a su hijo en un parto sin complicaciones. Ese evento constituye una de las primeras revelaciones de los varios poderes que se le adjudican al religioso nacido en Guaratinguetá, en el interior de Sao Paulo, en 1739.

Según relatos, el fraile poseía dones divinos como el de la bilocación (estar en más de un lugar al mismo tiempo), la telepatía, la premonición y la levitación, entre otros.

El milagro que hizo posible que fray Galvao fuera beatificado por el papa Juan Pablo II en 1998, ocurrió en 1990, cuando una niña de cuatro años resultó curada después de que le fueran suministradas la pastillas de fray Galvao, a pesar de que estaba al borde de la muerte.

El segundo milagro del beato -necesario para su canonización- fue reconocido por Benedicto XVI en diciembre de 2006, y se refiere a la supuesta asistencia a una mujer de 37 años, quien sufre problemas de malformación en el útero que le provocaron tres abortos espontáneos.

En 1999, la mujer quedó embarazada nuevamente y fue advertida por los médicos de que la gestación no completaría los cinco meses. Ella resolvió proseguir con el embarazo y comenzó a rezar a fray Galvao por la salvación de su hijo, al tiempo que comenzó a ingerir las pastillas milagrosas.

El milagro se materializó en diciembre, cuando dio a luz mediante una cesárea a un niño que durante la primera semana de vida presentó problemas respiratorios, pero que después fue dado de alta gozando de completa salud.

Tras el anuncio de canonización, la devoción por el religioso que se ordenó sacerdote en 1762 en Río de Janeiro creció vertiginosamente entre los católicos brasileños, así como la demanda de sus pastillas milagrosas, cuyas frases en latín eran antes escritas a mano, pero ahora son impresas en máquinas.

Las pastillas son fabricadas en el Monasterio da Luz, en el centro de Sao Paulo, por las Hermanas de Claustro de Nuestra Señora de la Divina Providencia, quienes las suministran en forma gratuita a unos 300 fieles que diariamente llegan al convento en busca de la cura de los más diversos males.

La ceremonia de santificación de fray Galvao, muerto en 1822, se realizará el próximo viernes durante una misa que Benedicto XVI celebrará en el llamado Campo de Marte, en Sao Paulo, a la que se esperan más de un millón de personas. (AFP-NA-DPA-Télam)