24 Abril 2007 Seguir en 
Washington.- Líderes de todo el mundo elogiaron a Boris Yeltsin por haber llevado libertad y democracia a Rusia luego de décadas de gobiernos totalitarios, y por presionar por reformas en los mercados que, aunque brutales, ayudaron a su país a convertirse en una gran economía.
El presidente estadounidense George W. Bush elogió al ex presidente ruso por haber conducido su país hacia la libertad después del colapso de la Unión Soviética. “Jugó un papel clave cuando se disolvió la Unión Soviética, ayudó a colocar los fundamentos de la libertad en Rusia y fue el primer líder elegido democráticamente en la historia del país˝, destacó Bush. “El presidente Yeltsin fue una figura histórica que sirvió a su país durante un tiempo de cambios decisivos˝, añadió.
Las relaciones ruso-estadounidenses experimentaron durante la década de 1990 un fuerte acercamiento, pero se enfriaron nuevamente tras la invasión de Estados Unidos a Irak y la ampliación de la OTAN hacia el este europeo.
Por su parte, el presidente ruso, Vladimir Putin, lo calificó como un hombre gracias al cual comenzó “una época totalmente nueva˝. “El poder del primer presidente de Rusia se basaba en el apoyo masivo de que gozaban sus ideas y sus aspiraciones entre los ciudadanos de este país”, dijo Putin. Gracias a Yeltsin, dijo el actual presidente, nació una Rusia nueva, democrática. Mientras tanto, el presidente francés Jacques Chirac calificó a Yeltsin como un cálido amigo con el que le gustaba encontrarse.
“Para sus conciudadanos y para el mundo quedará grabado en la memoria como un hombre que con su valor, su tenacidad y su instinto político permitió el triunfo de la libertad y condujo a Rusia hacia el camino de la democracia˝, destacó el mandatario francés. A su vez, el jefe de la diplomacia europea, Javier Solana, rindió homenaje al ex presidente caracterizándolo como uno de los más destacados estadistas. “Deberíamos recordar su contribución al bienestar del siglo XX tardío con gran respeto por su vida y sus actos˝, dijo Solana. (AFP-DPA)
DURANTE UNA CEREMONIA en Berlín, en setiembre de 1994, con motivo de la retirada de las últimas tropas rusas de Alemania, Yeltsin se sumó a la orquesta de la policía, primero moviendo la batuta que le había arrebatado al director y luego haciendo alarde de su destreza con el tambor.
SU IMAGEN PUBLICA se fue deteriorando sin remedio. Se convirtió en un político impredecible y cada vez más débil. En 1995, durante una cumbre de la Comunidad de Estados Independientes, no pudo continuar su discurso debido a su estado de ebriedad. Tuvo que recibir ayuda para no caerse.
SU PROBLEMA DE ALCOHOLISMO se hizo evidente en 1994, cuando en el viaje que lo llevaba de vuelta a Moscú desde Washington no hizo escala en Irlanda, como estaba previsto. El primer ministro irlandés, Albert Reynolds, lo esperó inútilmente en el aeropuerto de Shannon. Ya en Moscú, Yeltsin explicó que se había quedado dormido y que se había enojado porque no lo despertaron. Poco antes, el jefe de sus guardaespaldas había dicho que el presidente había sufrido un ataque cardíaco.
u en marzo de 1996, tres meses antes de las elecciones presidenciales, un Yeltsin jovial rompió el protocolo en Noruega al tomar del brazo a dos de sus anfitriones: nada menos que la reina Sonia y la primera ministra, Gro Harlem Brundtland, vestidas de color burdeos y de blanco, respectivamente. Yeltsin exclamó: “¡Frambuesas y nata!”
SU ACTIVIDAD EN EL EXTRANJERO fue de mal en peor a causa de su enfermedad. En 1997, en París, durante la firma de la carta fundadora de la cooperación mutua entre Rusia y la OTAN, anunció de forma inesperada e improvisada que Rusia iba a quitar las cabezas nucleares de todos sus misiles que apuntaban a los países de la Alianza Atlántica. Los altos responsables rusos palidecieron.
ESE MISMO AÑO, durante una conferencia de prensa conjunta con el entonces presidente estadounidense Bill Clinton, terminó una respuesta incongruente diciendo “punto final”. Acababa de decir: “las emociones a veces nos superan al evaluar la relación entre rusos y estadounidenses. Este no es el enfoque que tenemos Bill y yo...”. Clinton lloró de risa.
El presidente estadounidense George W. Bush elogió al ex presidente ruso por haber conducido su país hacia la libertad después del colapso de la Unión Soviética. “Jugó un papel clave cuando se disolvió la Unión Soviética, ayudó a colocar los fundamentos de la libertad en Rusia y fue el primer líder elegido democráticamente en la historia del país˝, destacó Bush. “El presidente Yeltsin fue una figura histórica que sirvió a su país durante un tiempo de cambios decisivos˝, añadió.
Las relaciones ruso-estadounidenses experimentaron durante la década de 1990 un fuerte acercamiento, pero se enfriaron nuevamente tras la invasión de Estados Unidos a Irak y la ampliación de la OTAN hacia el este europeo.
Por su parte, el presidente ruso, Vladimir Putin, lo calificó como un hombre gracias al cual comenzó “una época totalmente nueva˝. “El poder del primer presidente de Rusia se basaba en el apoyo masivo de que gozaban sus ideas y sus aspiraciones entre los ciudadanos de este país”, dijo Putin. Gracias a Yeltsin, dijo el actual presidente, nació una Rusia nueva, democrática. Mientras tanto, el presidente francés Jacques Chirac calificó a Yeltsin como un cálido amigo con el que le gustaba encontrarse.
“Para sus conciudadanos y para el mundo quedará grabado en la memoria como un hombre que con su valor, su tenacidad y su instinto político permitió el triunfo de la libertad y condujo a Rusia hacia el camino de la democracia˝, destacó el mandatario francés. A su vez, el jefe de la diplomacia europea, Javier Solana, rindió homenaje al ex presidente caracterizándolo como uno de los más destacados estadistas. “Deberíamos recordar su contribución al bienestar del siglo XX tardío con gran respeto por su vida y sus actos˝, dijo Solana. (AFP-DPA)
Fuera de línea
DURANTE UNA CEREMONIA en Berlín, en setiembre de 1994, con motivo de la retirada de las últimas tropas rusas de Alemania, Yeltsin se sumó a la orquesta de la policía, primero moviendo la batuta que le había arrebatado al director y luego haciendo alarde de su destreza con el tambor.
SU IMAGEN PUBLICA se fue deteriorando sin remedio. Se convirtió en un político impredecible y cada vez más débil. En 1995, durante una cumbre de la Comunidad de Estados Independientes, no pudo continuar su discurso debido a su estado de ebriedad. Tuvo que recibir ayuda para no caerse.
SU PROBLEMA DE ALCOHOLISMO se hizo evidente en 1994, cuando en el viaje que lo llevaba de vuelta a Moscú desde Washington no hizo escala en Irlanda, como estaba previsto. El primer ministro irlandés, Albert Reynolds, lo esperó inútilmente en el aeropuerto de Shannon. Ya en Moscú, Yeltsin explicó que se había quedado dormido y que se había enojado porque no lo despertaron. Poco antes, el jefe de sus guardaespaldas había dicho que el presidente había sufrido un ataque cardíaco.
u en marzo de 1996, tres meses antes de las elecciones presidenciales, un Yeltsin jovial rompió el protocolo en Noruega al tomar del brazo a dos de sus anfitriones: nada menos que la reina Sonia y la primera ministra, Gro Harlem Brundtland, vestidas de color burdeos y de blanco, respectivamente. Yeltsin exclamó: “¡Frambuesas y nata!”
SU ACTIVIDAD EN EL EXTRANJERO fue de mal en peor a causa de su enfermedad. En 1997, en París, durante la firma de la carta fundadora de la cooperación mutua entre Rusia y la OTAN, anunció de forma inesperada e improvisada que Rusia iba a quitar las cabezas nucleares de todos sus misiles que apuntaban a los países de la Alianza Atlántica. Los altos responsables rusos palidecieron.
ESE MISMO AÑO, durante una conferencia de prensa conjunta con el entonces presidente estadounidense Bill Clinton, terminó una respuesta incongruente diciendo “punto final”. Acababa de decir: “las emociones a veces nos superan al evaluar la relación entre rusos y estadounidenses. Este no es el enfoque que tenemos Bill y yo...”. Clinton lloró de risa.
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