24 Abril 2007 Seguir en 
MOSCU.- El ex presidente ruso Boris Yeltsin falleció ayer a los 76 años, víctima de una crisis cardíaca. Pasará a la historia por haber liderado la resistencia contra el último embate de la ortodoxia comunista luego de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y porque fue el primer presidente ruso elegido democráticamente en el país más grande del planeta. Este logro, por sí sólo, asegura que será recordado como un gigante.
Pero la mayoría de los rusos asocia los años de Yeltsin en el poder (1991-1999) con el caos, la pobreza, el capitalismo salvaje y la guerra en el propio país. Sobre todo, la falta de éxitos en la economía -había impuesto un programa de reformas que inten- taban dar un giro hacia el libre mercado- le costó la popularidad que había adquirido. Las acusaciones de sobornos y de enriquecimiento personal opacaron aún más su carrera política, que terminó abruptamente: en las últimas horas del siglo XX renunció a la presidencia y dejó en el cargo a su delfín, Vladimir Putin.
Nacido el 1 de febrero de 1931 en un humilde hogar de la región de los Urales, Yeltsin, que se graduó de ingeniero, ingresó al partido Comunista a los 30 años. Ascendió todos los peldaños partidarios hasta llegar a la cúpula. En 1976, fue elegido secretario general del partido en la provincia de Sverdlovsk, donde conoció a Mijail Gorbachov, quien se convertiría en el líder de las reformas que desembocaron en la desaparición de la URSS.
La ruptura
Cuando Gorbachov asumió la secretaría general del partido, en 1985, impulsó la designación de Yeltsin como titular de esa organización en Moscú y le encargó que encabezara la lucha contra la corrupción. Pese a que un año después Gorbachov lo introdujo en el Politburó (órgano supremo de la URSS), la relación entre ambos comenzó a deteriorarse debido a que Yeltsin acusaba públicamente a su jefe de manejar con lentitud las reformas. Las diferencias terminaron con Yeltsin fuera de su cargo en Moscú, en 1987, y del Politburó de la URSS al año siguiente. Sin embargo, para esa época Yeltsin era reconocido por los rusos, en particular por los moscovitas, como el principal opositor al entramado de los antiguos jerarcas comunistas, por lo que comenzó a cosechar cada vez más apoyo entre quienes pedían acelerar las reformas. En las primeras elecciones abiertas en la historia de la URSS, Yeltsin ganó por amplia mayoría la Presidencia de la República Soviética Rusa, en 1990, desde donde rompió definitivamente con el Partido Comunista y comenzó a impulsar la economía de mercado y la autonomía de Rusia.
En 1991 Yeltsin convocó a elecciones presidenciales directas en la Federación Rusa, logró una holgada victoria y se consolidó políticamente. Dos meses después estalló una intentona de golpe militar atizada por la ortodoxia comunista contra Gorbachov, que a la postre fue el último presidente de la URSS. Yeltsin encabezó desde Moscú la resistencia montado en un tanque y logró expulsar del Parlamento a los disidentes. El golpe fracasó y Yeltsin, convertido en un gigante político, aprovechó esa situación para apartar definitivamente a Gorbachov, desmantelar la URSS y crear la Comunidad de Estados Independientes (CEI), con Ucrania y Bielorrusia.
El 3 de julio de 1996 fue reelegido presidente y meses más tarde, sometido a una operación a corazón abierto, durante la cual le colocaron cinco puentes coronarios. Durante su segundo mandato tuvieron lugar las dos guerras de Chechenia (1995 y 1999) así como la gran crisis económica de 1998. “La guerra puede haber sido uno de mis errores”, dijo en cierta oportunidad. Nunca quiso reconocer que la primera confrontación contra los separatistas chechenos fue un fracaso político y militar. Cuatro años después, fue su primer ministro y actual presidente, Putin, quien volvió a cargar con fuerzas militares contra la república separatista, en un conflicto que ha dejado miles de muertos y que, en opinión de muchos, no ha terminado. (Reuter-AFP-NA-DPA)
Pero la mayoría de los rusos asocia los años de Yeltsin en el poder (1991-1999) con el caos, la pobreza, el capitalismo salvaje y la guerra en el propio país. Sobre todo, la falta de éxitos en la economía -había impuesto un programa de reformas que inten- taban dar un giro hacia el libre mercado- le costó la popularidad que había adquirido. Las acusaciones de sobornos y de enriquecimiento personal opacaron aún más su carrera política, que terminó abruptamente: en las últimas horas del siglo XX renunció a la presidencia y dejó en el cargo a su delfín, Vladimir Putin.
Nacido el 1 de febrero de 1931 en un humilde hogar de la región de los Urales, Yeltsin, que se graduó de ingeniero, ingresó al partido Comunista a los 30 años. Ascendió todos los peldaños partidarios hasta llegar a la cúpula. En 1976, fue elegido secretario general del partido en la provincia de Sverdlovsk, donde conoció a Mijail Gorbachov, quien se convertiría en el líder de las reformas que desembocaron en la desaparición de la URSS.
La ruptura
Cuando Gorbachov asumió la secretaría general del partido, en 1985, impulsó la designación de Yeltsin como titular de esa organización en Moscú y le encargó que encabezara la lucha contra la corrupción. Pese a que un año después Gorbachov lo introdujo en el Politburó (órgano supremo de la URSS), la relación entre ambos comenzó a deteriorarse debido a que Yeltsin acusaba públicamente a su jefe de manejar con lentitud las reformas. Las diferencias terminaron con Yeltsin fuera de su cargo en Moscú, en 1987, y del Politburó de la URSS al año siguiente. Sin embargo, para esa época Yeltsin era reconocido por los rusos, en particular por los moscovitas, como el principal opositor al entramado de los antiguos jerarcas comunistas, por lo que comenzó a cosechar cada vez más apoyo entre quienes pedían acelerar las reformas. En las primeras elecciones abiertas en la historia de la URSS, Yeltsin ganó por amplia mayoría la Presidencia de la República Soviética Rusa, en 1990, desde donde rompió definitivamente con el Partido Comunista y comenzó a impulsar la economía de mercado y la autonomía de Rusia.
En 1991 Yeltsin convocó a elecciones presidenciales directas en la Federación Rusa, logró una holgada victoria y se consolidó políticamente. Dos meses después estalló una intentona de golpe militar atizada por la ortodoxia comunista contra Gorbachov, que a la postre fue el último presidente de la URSS. Yeltsin encabezó desde Moscú la resistencia montado en un tanque y logró expulsar del Parlamento a los disidentes. El golpe fracasó y Yeltsin, convertido en un gigante político, aprovechó esa situación para apartar definitivamente a Gorbachov, desmantelar la URSS y crear la Comunidad de Estados Independientes (CEI), con Ucrania y Bielorrusia.
El 3 de julio de 1996 fue reelegido presidente y meses más tarde, sometido a una operación a corazón abierto, durante la cual le colocaron cinco puentes coronarios. Durante su segundo mandato tuvieron lugar las dos guerras de Chechenia (1995 y 1999) así como la gran crisis económica de 1998. “La guerra puede haber sido uno de mis errores”, dijo en cierta oportunidad. Nunca quiso reconocer que la primera confrontación contra los separatistas chechenos fue un fracaso político y militar. Cuatro años después, fue su primer ministro y actual presidente, Putin, quien volvió a cargar con fuerzas militares contra la república separatista, en un conflicto que ha dejado miles de muertos y que, en opinión de muchos, no ha terminado. (Reuter-AFP-NA-DPA)
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