El darwinismo se filtró en las instituciones

Por Federico Abel - Redacción LA GACETA.

08 Febrero 2007
¿Las pujas intestinas serán el esbozo del diseño de la nueva provincia para los próximos 30 años del que se jactaban en el oficialismo hasta hace poco? El año cero.

El que estamos viendo, con el gobernador José Alperovich y el vicegobernador Fernando Juri jugando a la guerra con las instituciones de trinchera, ¿será el esbozo del nuevo Tucumán, el que juntos iban a construir para los próximos 30 años a partir de la imprescindible reforma de la Constitución, como ambos se vanagloriaban el año pasado? Lo preocupante es que nada aliente a pensar que las cosas vayan a apaciguarse y a entrar en razón, sino por el contrario. Desde hace una semana sólo se destilan recíprocamente descalificaciones. A ninguno se le ha caído ni una sola idea por casualidad sobre la marcha de los negocios públicos. A Alperovich sólo le preocupa despejar de la cancha al único que, en sus cálculos, puede presentar alguna resistencia a su voraz política de acumulación de poder. Y Juri, que conjeturaba que iba a dormir una simpática y cómoda siesta hasta 2011, se ha convertido en opositor a la fuerza, luego de haber contribuido como nadie a la sanción de una Carta Magna que, al posibilitar la reelección y al haber debilitado ciertos institutos, les simplifica las cosas a quienes sueñan con proyectos hegemónicos. En otras palabras, se vistió y se perfumó para una foto de la cual terminó siendo excluido. Tarde descubrió Juri que alguien que, como Alperovich, habla de sí mismo en tercera persona, no puede ver la política sino como una proyección de su ombligo; ergo, nada ni nadie debe hacerle sombra.

El autismo inofensivo de FR
Aunque parezca raro, en el entorno de Alperovich consideran que ha sido un error ponerlo a Juri en la vereda de enfrente. En efecto, a los dirigentes de la oposición, que desde 2003 no le habían encontrado la vuelta al primer mandatario para inquietarlo con eficacia, Juri les vino, funcionalmente hablando, como aquel Esteban Jerez que le apareció al último tramo del gobierno de Julio Miranda. Desde entonces que no estaban tan felices ni entusiasmados, sobre todo cuando Juri amenazó no ya con ganarle a la esposa del gobernador (Beatriz Rojkés) en las internas del justicialismo del 1 de abril, sino al propio titular del Poder Ejecutivo en las elecciones provinciales del 26 de agosto. Por ello, los alperovichistas moderados -los hay- insisten en que, antes que romper con Juri, hubiera sido preferible envalentonar a Fuerza Republicana para que, ensimismada en rencillas familiares y domésticas, siguiera tan inofensiva y aislada como ahora, dada su imposibilidad natural de construir alianzas, por el pasado castrense del apellido Bussi.
El juego dialéctico está más o menos claro. Como si no hubiera contribuido -por acción u omisión- al estado de cosas actual, Alperovich tratará de asustar con que Juri significa el regreso al pasado y en sentido contrario de ese año cero de la nueva provincia que comenzó el 29 de octubre de 2003, cuando él llegó al poder. Claro que, entonces, no se explica por qué el mayor símbolo de los tiempos pretéritos, el inexplicable senador Julio Miranda, instruyó a su sobrino legislador (Sergio) para que el viernes, durante la sesión de la Legislatura, haya saltado a las noveles filas del alperovichismo. Miranda, que como buen sindicalista razona haciendo eje en el poder, seguramente estará pensando en su suerte después de 2009, cuando se le acabe el mandato. La lectura de que la historia (re)comenzó a fines de 2003 puede ser peligrosa en el indomesticable peronismo. Por ello, sorprende que Beatriz Rojkés, pese a estar de campaña por la presidencia del PJ, haya hecho declaraciones que reducen al peronismo a cuasi bien ganancial de la sociedad conyugal que formó con el gobernador y que hubieran sonrojado hasta a un ferviente antiperonista de 1955.

Cuando usaba chupete...
Mientras tanto, Juri se presentará como la versión amable, cordial y dialogante de la otra cara de la moneda, que hasta hace semanas atrás conformó con Alperovich. Apostará a mostrarse como el dirigente que sabe que, en ese eterno bordado que es la política, no hay pedazo de tela que pueda tirarse, porque todo es susceptible de consenso o, en su defecto, de componenda. Cuando usaba el chupete ya oía hablar de política en clave peronista; hasta las intrigas le salen naturalmente. Por eso explotará su figura de equilibrado y razonable, e intentará probar que, en el fondo, Alperovich sigue pensando como el empresario que irresistiblemente tiende al monopolio y a la diversificación acaparadora -de los negocios- en la economía y en la política, concentradora de los poderes del Estado.
A juzgar por los contrincantes, hay que prepararse, porque puede haber llegado la hora del darwinismo aplicado a las instituciones.