05 Agosto 2006 Seguir en 
“En el Líbano ya estamos acostumbrados a tener problemas y guerras. Pero es una constante que somos víctimas, porque nuestras guerras que se suceden son fruto de los problemas foráneos de los vecinos de nuestra tierra. El Líbano no tiene la culpa de esta guerra”, afirmó el obispo Charbel Merhi, la máxima autoridad de la Iglesia Católica Maronita del Líbano, quien vino a Tucumán para tomar contacto con la comunidad libanesa local.
“Nuestro pueblo es pequeño -tiene 10.452 kilómetros, un poco menos que la mitad del territorio de Tucumán- y fue siempre objeto de ocupaciones de casi todas las dinastías de oriente y de occidente”, dijo el obispo. Merhi destacó que, cuando no hubo presencia extranjera en el país, las 18 comunidades religiosas distintas que habitan en el país, entre cristianas y musulmanas, siempre convivieron en paz y dieron ejemplo de vida democrática.
“Yo salí el 5 de julio del Líbano y no había ningún rumor sobre que podía haber una guerra. Al contrario, la sociedad libanesa estaba abocada al diálogo que se había entablado para eliminar el disenso y fortalecer al gobierno con una política de unión. Pero los debates en el gobierno de coalición que se formó fue aprovechado por los foráneos, que siempre tienen la idea de someter o perjudicar a la economía del Líbano. El país siempre fue víctima de su progreso”, dijo el religioso.
Merhi le dijo a LA GACETA que la Iglesia Maronita -que tiene a unos 700.000 fieles descendientes de libaneses en la Argentina- sólo quiere un Líbano independiente, soberano y en paz. “La comunidad maronita está abocada a ayudar a los libaneses a encontrar la paz, al menos interna, en especial para que los refugiados del sur, en su mayoría musulmanes, se sientan apoyados. También pedimos que cese el fuego, porque no discrimina nada: mata al inocente, al culpable, al militar, al civil y a los niños. Y solicitamos que los g obiernos del mundo hagan lo posible para que haya una fuerza de paz en el límite entre Israel y el Líbano”, concluyó.
“Nuestro pueblo es pequeño -tiene 10.452 kilómetros, un poco menos que la mitad del territorio de Tucumán- y fue siempre objeto de ocupaciones de casi todas las dinastías de oriente y de occidente”, dijo el obispo. Merhi destacó que, cuando no hubo presencia extranjera en el país, las 18 comunidades religiosas distintas que habitan en el país, entre cristianas y musulmanas, siempre convivieron en paz y dieron ejemplo de vida democrática.
“Yo salí el 5 de julio del Líbano y no había ningún rumor sobre que podía haber una guerra. Al contrario, la sociedad libanesa estaba abocada al diálogo que se había entablado para eliminar el disenso y fortalecer al gobierno con una política de unión. Pero los debates en el gobierno de coalición que se formó fue aprovechado por los foráneos, que siempre tienen la idea de someter o perjudicar a la economía del Líbano. El país siempre fue víctima de su progreso”, dijo el religioso.
Merhi le dijo a LA GACETA que la Iglesia Maronita -que tiene a unos 700.000 fieles descendientes de libaneses en la Argentina- sólo quiere un Líbano independiente, soberano y en paz. “La comunidad maronita está abocada a ayudar a los libaneses a encontrar la paz, al menos interna, en especial para que los refugiados del sur, en su mayoría musulmanes, se sientan apoyados. También pedimos que cese el fuego, porque no discrimina nada: mata al inocente, al culpable, al militar, al civil y a los niños. Y solicitamos que los g obiernos del mundo hagan lo posible para que haya una fuerza de paz en el límite entre Israel y el Líbano”, concluyó.








