N. de la R. El autor de esta respuesta al texto “Tucumán: entre un Estado ausente y un Estado ineficaz” (21/06), de Raúl Natella, advierte que además de ser ingeniero civil Natella fue durante 30 años funcionario del Estado.
Coincidimos con el concepto de que el verdadero problema no es la cantidad de Estado sino su eficacia. Lo que no podemos dejar pasar es que quien lo escribe fue parte central de ambas patologías. El gobierno de Ortega —del que Natella fue Secretario de Obras Públicas— no fue ni eficiente ni austero: fue pródigo en anuncios, generoso en contratos con privados allegados, e incapaz de dejar una sola obra propia de envergadura.
La ineficacia del Estado no es un descubrimiento de Natella. Es, en parte, su legado. También el Ingeniero hace mención a que abundan los anuncios y las inauguraciones de pequeñas obras. Tiene razón en el diagnóstico histórico. Y la historia tiene responsables concretos: el gobierno del que Natella formó parte abandonó la Gobernación con más de dos meses de salarios impagos a los empleados públicos, con las arcas vaciadas, con una deuda millonaria acumulada, y —dato que la historia no puede ignorar— entregó el poder a Antonio Domingo Bussi. Ese es el punto de partida real del deterioro que hoy describe con tanta elocuencia.
En referencia a la red vial., el estado de la red vial provincial es una herencia acumulada de décadas. Durante el período en que Natella fue Administrador de Vialidad, ¿qué índice de conservación dejó? ¿Cuántos kilómetros de rutas mejoró? ¿Qué planificación de largo plazo implementó? La Dirección Provincial de Vialidad sostuvo la red caminera tucumana gracias a su estructura técnica propia, no gracias a las gestiones políticas que la condujeron.
En este gobierno, la inversión en rutas y caminos es concreta, medible y verificable en el territorio. hoy con dos años y medio de gestión contamos con más de 160 kilómetros de ruta primaria repavimentada nueva. A la fecha eso quiere decir que se hicieron más de 65 km por año.
En relación a lo que dijo sobre funcionarios sin idoneidad, tengo plena coincidencia en el principio. Lo que resulta llamativo es que quien lo enuncia integró un gobierno que: • Privatizó Aguas Corrientes (ex-Dipos) en condiciones que la Justicia tucumana investigó. • Vendió el Banco de la Provincia de Tucumán. • Adjudicó millonarios contratos de publicidad oficial sin transparencia verificable. • Infló la planta de empleo público de manera insostenible. Si eso es idoneidad, entendemos por qué Tucumán tardó décadas en recuperarse.
Resulta curioso que quien integró un gobierno que tomó decisiones “audaces” como privatizar el agua, privatizar el banco provincial y endeudarse sin contrapartida de obra, hable hoy de audacia. Esas decisiones audaces las pagaron los tucumanos durante generaciones. La audacia que esta gestión practica es diferente: invertir con fondos propios, ordenar las finanzas y construir. Estoy de acuerdo también que ninguna provincia se desarrolla de la espera permanente. por eso esta gestión no espera: ejecuta con fondos provinciales. Y precisamente por eso tiene autoridad para responder este artículo.
¿Cuál fue la gran obra que el ingeniero Natella puede mostrar de todos sus años en el Estado? ¿La Terminal de Ómnibus? Construida con capital privado y una consultora internacional, no con gestión de Obras Públicas provincial. ¿La Avenida Perón? Dirigida y ejecutada por la Dirección Provincial de Vialidad, organismo técnico que funcionó a pesar de —no gracias a— las conducciones políticas de turno.
Fondos propios
Le pedimos que nos diga cuál es la obra y la planificación que lo enorgullece de sus 30 años de sueldo público. Mientras Natella escribe columnas sobre lo que habría que hacer, el Ministerio de Obras Públicas bajo la conducción del Gobernador Osvaldo Jaldo lleva dos años y medio ejecutando obras en cada rincón de la provincia, con fondos provinciales propios y una provincia financieramente ordenada.
Seguridad penitenciaria: modernización y ampliación de la infraestructura penitenciaria provincial.
* Viviendas: Procrear
* Remodelación del aeropuerto Benjamín Matienzo
* Acueducto de Vipos.
* Doble terna El Bracho – Villa Quinteros.
* Planta depuradora de líquidos cloacales San Andrés – San Felipe- Burruyacu.
* Educación: construcción y refacción de escuelas en toda la provincia.
* Conectividad vial: obras en rutas y caminos provinciales que mejoran la producción y la seguridad.
* Obras hídricas: regulación, encauzamiento y protección.
* Saneamiento: extensión de redes cloacales en municipios y comunas postergadas.
* Agua potable: ampliación de redes y sistemas que llegan por primera vez a localidades que históricamente carecieron del servicio.
Todas estas obras ya las disfrutan los tucumanos. Son reales. Se pueden ver, recorrer y verificar. No son columnas de opinión. Tucumán necesita debate serio sobre su futuro. Ese debate lo aceptamos y lo buscamos. Pero la credibilidad para darlo requiere coherencia con la propia historia. Quien pasó treinta años dentro del Estado tucumano, ocupó sus cargos más importantes en materia de obra pública, no ejerció otra función conocida que no sea la pública, y no puede mostrar una sola obra de realización propia de relevancia, no tiene autoridad moral para dar lecciones de planificación. y como si eso fuese poco la gestión de la que él fue parte tiene más de 17 denuncias de corrupción.
El Ministerio de Obras Públicas de la provincia pone a disposición la planificación y el listado con más de 70 obras en ejecución. Y por último Los tucumanos saben distinguir entre quien habla y quien construye.





