05 Marzo 2006 Seguir en 
Hoy en día nadie discute que el sistema tributario argentino es regresivo; basado en el consumo, con el IVA de mayor importancia que ganancias en la recaudación, muestra en los últimos años perfomances espectaculares.
Manteniendo inalterable el esquema, la devaluación,el boom exportador y la mayor actividad económica llevaron a índices interanuales como el 25% de incremento en el primer bimestre del año comparado con 2005. Ante estos números ¿quién decide modificar este sistema que llegó a eximir de impuestos a los plazos fijos y a gravar los créditos en plena recesión? Esto se puso en discusión cuando, producto de una suba salarial por debajo de los índices de inflación, resultaron alcanzadas personas que no conocían el Impuesto a las Ganancias más que de nombre. Ocurrió que los salarios superaron el "mínimo no imponible" para este impuesto. Ese monto no es usado sólo para el cálculo de las retenciones, sino también para confeccionar las declaraciones juradas de contribuyentes inscriptos en el impuesto en cuestión. También las empresas objetan la falta de aplicación del ajuste por inflación en este impuesto. Con los índices de 2005 -del 12%- existe un componente del tributo que no es real.
Las respuestas
¿Por qué no cambiar si se sabe que este esquema no concuerda con los principios de esta administración? Las respuestas son varias: en primer lugar, si cambia un poco, por ejemplo el mínimo no imponible, eso modificaría los saldos a pagar proyectados de los contribuyentes que no están en relación de dependencia, que son la mayoría . Si modificara totalmente el sistema habría una caída en la recaudación durante un período que se debería solventar de alguna manera, o sea que requiere una financiación que es bastante difícil de cuantificar. Esto, sin tener en cuenta de todo el costo de implementación del sistema. Si se cambiara progresivamente convivirían impuestos, sistemas y normas contrapuestas que podría generar un caos difícil de mensurar. Todo esto, sin hablar de que salir de un esquema regresivo implicaría tocar intereses de sectores que no estarían dispuestos a resignar su posición.
Manteniendo inalterable el esquema, la devaluación,el boom exportador y la mayor actividad económica llevaron a índices interanuales como el 25% de incremento en el primer bimestre del año comparado con 2005. Ante estos números ¿quién decide modificar este sistema que llegó a eximir de impuestos a los plazos fijos y a gravar los créditos en plena recesión? Esto se puso en discusión cuando, producto de una suba salarial por debajo de los índices de inflación, resultaron alcanzadas personas que no conocían el Impuesto a las Ganancias más que de nombre. Ocurrió que los salarios superaron el "mínimo no imponible" para este impuesto. Ese monto no es usado sólo para el cálculo de las retenciones, sino también para confeccionar las declaraciones juradas de contribuyentes inscriptos en el impuesto en cuestión. También las empresas objetan la falta de aplicación del ajuste por inflación en este impuesto. Con los índices de 2005 -del 12%- existe un componente del tributo que no es real.
Las respuestas
¿Por qué no cambiar si se sabe que este esquema no concuerda con los principios de esta administración? Las respuestas son varias: en primer lugar, si cambia un poco, por ejemplo el mínimo no imponible, eso modificaría los saldos a pagar proyectados de los contribuyentes que no están en relación de dependencia, que son la mayoría . Si modificara totalmente el sistema habría una caída en la recaudación durante un período que se debería solventar de alguna manera, o sea que requiere una financiación que es bastante difícil de cuantificar. Esto, sin tener en cuenta de todo el costo de implementación del sistema. Si se cambiara progresivamente convivirían impuestos, sistemas y normas contrapuestas que podría generar un caos difícil de mensurar. Todo esto, sin hablar de que salir de un esquema regresivo implicaría tocar intereses de sectores que no estarían dispuestos a resignar su posición.








