Entre la verdad y la exageración

Punto de vista por Fabián Calle, politólogo de las universidades Católica Argentina y Torcuato Di Tella. Exclusivo para LA GACETA.

24 Diciembre 2005

En los últimos tiempos se pusieron de moda algunas visiones o comentarios orientados a destacar la supuesta fractura de Latinoamérica y la existencia de radicales giros hacia los extremos ideológicos, en particular los de izquierda. Como toda afirmación general y pegadiza, esconde algo de verdad y mucho de exageración o sobresimplificación.
Debido a que el tema de análisis es muy amplio, sólo centraré mi opinión en la desatención de EEUU para con la región. Pese a esa actitud negativa, a partir de 2004, y en especial durante este año, en Washington se asumió que algunas cosas están cambiando, y rápido, en la región, y no hacia donde desearía la administración republicana. La consolidación de Chávez en el poder; la reciente elección en Bolivia; la inestabilidad crónica en Ecuador; la permanencia de las FARC en Colombia como una fuerza armada con capacidad de complejizar el escenario nacional y regional; el aumento en la producción de cocaína en el ámbito regional; la pausada pero creciente influencia económica y política de China; la activación de sectores indigenistas; la revitalización de Cuba gracias a la relación económica, ideológica y política con Venezuela; el colapso de la seguridad ciudadana en Centroamérica con el fenómeno de las pandillas o maras; la existencia de políticas externas y económicas en la Argentina y en Brasil que parecen buscar recuperar márgenes de maniobra frente a la influencia internacional, a través de la gradual búsqueda de una mayor institucionalización del Mercosur. Dentro de este largo listado hay elementos muy diferenciados entre sí y que, vistos de manera pragmática por parte de Washington, no son negativos a sus intereses de largo plazo y a la estabilidad regional (consolidación del Mercosur).
En este contexto, dependerá de la capacidad de Washington para detectar los matices que se dan entre los diferentes procesos nacionales latinoamericanos y de tomar conciencia de que los liderazgos se basan en las conductas, en construir espacios de legitimidad y consensos. Deberá reconocer que liderar tiene sus costos (económicos, comerciales, etc.) y que requiere de resignar ganancias de corto plazo en nombre de la estabilidad y la seguridad en el mediano y largo plazo.