¿Se puede hablar de un viraje hacia la izquierda en Latinoamérica? En términos simbólicos, sí. Ahora, si se analizan las políticas llevadas a cabo por los diferentes gobiernos de la región, esta afirmación pierde solidez. Los gobiernos de centroizquierda de Kirchner, de Lula y de Tabaré Vázquez construyen su imagen en fuertes críticas al modelo neoliberal capitalista, pero se caracterizan por insistir en la ortodoxia económica, cuidándose mucho de mantener la mejor relación posible con la Casa Blanca.
Mostrando mucha versatilidad, Kirchner sostiene con la administración Bush posiciones confrontativas en público, mientras envía a su vicecanciller a sondear el ambiente en Washington para realizar un viaje en febrero; Lula acuerda una agenda común con el presidente de EEUU después del fracaso de la Cumbre de Mar del Plata y Tabaré Vázquez se prepara para firmar un acuerdo de protección a las inversiones norteamericanas en Uruguay.
Existen, sí, ingredientes románticos en lo discursivo, pero esta situación no debe impedirnos distinguir los fuegos artificiales de la realidad. En Chile, la probable asunción de Michelle Bachelet ratificará la continuación de un modelo que tiene una fuerte relación comercial y de respeto mutuo con EEUU.
Diferente es el caso de Hugo Chávez, quien, gracias a la independencia que le otorgan sus reservas petrolíferas, puede despotricar contra EEUU y hacer de mecenas de líderes como Kirchner o Morales.
De cara a un 2006 de recambios en Latinoamérica, en el cual Brasil, Venezuela, Perú, Ecuador, Colombia y México elegirán nuevas autoridades, el principal reto de las administraciones no es tanto su relación con EEUU sino el de garantizar su gobernabilidad. El tubo de ensayo será Bolivia, donde el primer presidente indígena deberá emitir señales que tranquilicen a propios y a terceros.
En tanto, Washington tendrá que comenzar a prestarles mayor atención a estos países, es decir afinar su estrategia, su discurso y su acción, en una región que hasta el momento no ocupó espacio importante en la agenda política de Bush, pero que, sin embargo, amenaza con convertirse en una piedra en el zapato en su lucha contra el narcotráfico y el terrorismo.
24 Diciembre 2005 Seguir en 








