¿Hacia dónde va Latinoamerica?
La llegada de Evo Morales a la presidencia de Bolivia acentúa lo que muchos consideran un paulatino proceso de izquierdización del Cono Sur. Sin embargo, no todos los especialistas comparten ese criterio. Para analizar el escenario, LA GACETA requirió la opinión de tres expertos.
24 Diciembre 2005 Seguir en 
El triunfo de Evo Morales en las elecciones de Bolivia acrecentó los comentarios relacionados con la tendencia hacia la izquierda, que están tomando varios gobiernos de Latinoamérica.
En ese escenario se podrían diferenciar tres sectores: primero, muchos analistas toman este escenario como un hecho incuestionable que traerá consigo consecuencias importantes; un segundo grupo afirma que esa supuesta izquierdización es más ruido que nueces; y se podría formar un tercer sector con aquellos que consideran que, por ahora, la izquierda renovada es como un fantasma que recorre la región.
Hay más coincidencias en torno del hecho de que en casi toda Latinoamérica las políticas resultantes del Consenso de Washington y dictadas por el FMI y el Banco Mundial fracasaron en reducir la pobreza, y en promover la justicia social y la equidad.
Aunque esas políticas trajeron más orden, entre otros aspectos positivos, según lo demuestran varios informes internacionales, las brechas sociales entre los grupos más ricos y los más pobres son cada día más grandes.
Es innegable que millones de latinoamericanos pugnan por conseguir trabajos que les permitan vivir con un nivel más digno.
El movimiento que está gestando un nuevo poder en Latinoamérica podría remontarse a los comienzos del gobierno de Hugo Chávez, en Venezuela, en febrero de 1999. Después de superar muchas dificultades, el controvertido presidente fue afirmando su teoría de exportar la "Revolución bolivariana" y acentuó sus críticas a EEUU.
En enero de 2003 asumió Lula en Brasil, un obrero metalúrgico con una autoformación ideológica de izquierda, que, poco a poco, fue moderando su discurso frente a EEUU.
En mayo de ese año, llegó Néstor Kirchner a la presidencia y gradualmente se fue constituyendo en un aliado de Chávez.Ahora llega Evo Morales en Bolivia.
De todas maneras, 2006 será un año de elecciones en Latinoamérica (Chile, Venezuela y Perú, entre otros) y la tendencia izquierdizante podrá consolidarse o no, en especial, con lo que ocurra en Brasil, donde hay dudas acerca de si Lula recibirá un segundo mandato.
Más allá de las especulaciones, analistas internacionales aseguran que en EEUU crece la inquietud por una posible desestabilización en Latinoamérica. Y la historia muestra que la preocupación del "gigante" no siempre fue un hecho positivo para sus "hermanos pobres" del continente.
Sobre las consecuencias que podrían derivar en el mediano y largo plazo de esa supuesta izquierdización del continente, una encuesta que la consultora OPSM (dirigida por Enrique Zuleta Puceiro) proporcionó ayer a LA GACETA marca que los argentinos también muestran distintas opiniones sobre el futuro político de Latinoamérica. Ante la pregunta: "¿Cree probable que los enfrentamientos entre una alianza de izquierda de algunos presidentes y EEUU puedan generar un retorno de la violencia en Latinoamérica"?, un 36.9% de los encuestados consideró "probable" tal hecho. Un 3.7% lo estimó "muy probable" y un 18.7%, "poco probable". El resto (un 40,7%) ve la perspectiva como "nada probable".
En ese escenario se podrían diferenciar tres sectores: primero, muchos analistas toman este escenario como un hecho incuestionable que traerá consigo consecuencias importantes; un segundo grupo afirma que esa supuesta izquierdización es más ruido que nueces; y se podría formar un tercer sector con aquellos que consideran que, por ahora, la izquierda renovada es como un fantasma que recorre la región.
Hay más coincidencias en torno del hecho de que en casi toda Latinoamérica las políticas resultantes del Consenso de Washington y dictadas por el FMI y el Banco Mundial fracasaron en reducir la pobreza, y en promover la justicia social y la equidad.
Aunque esas políticas trajeron más orden, entre otros aspectos positivos, según lo demuestran varios informes internacionales, las brechas sociales entre los grupos más ricos y los más pobres son cada día más grandes.
Es innegable que millones de latinoamericanos pugnan por conseguir trabajos que les permitan vivir con un nivel más digno.
El movimiento que está gestando un nuevo poder en Latinoamérica podría remontarse a los comienzos del gobierno de Hugo Chávez, en Venezuela, en febrero de 1999. Después de superar muchas dificultades, el controvertido presidente fue afirmando su teoría de exportar la "Revolución bolivariana" y acentuó sus críticas a EEUU.
En enero de 2003 asumió Lula en Brasil, un obrero metalúrgico con una autoformación ideológica de izquierda, que, poco a poco, fue moderando su discurso frente a EEUU.
En mayo de ese año, llegó Néstor Kirchner a la presidencia y gradualmente se fue constituyendo en un aliado de Chávez.Ahora llega Evo Morales en Bolivia.
De todas maneras, 2006 será un año de elecciones en Latinoamérica (Chile, Venezuela y Perú, entre otros) y la tendencia izquierdizante podrá consolidarse o no, en especial, con lo que ocurra en Brasil, donde hay dudas acerca de si Lula recibirá un segundo mandato.
Más allá de las especulaciones, analistas internacionales aseguran que en EEUU crece la inquietud por una posible desestabilización en Latinoamérica. Y la historia muestra que la preocupación del "gigante" no siempre fue un hecho positivo para sus "hermanos pobres" del continente.
Sobre las consecuencias que podrían derivar en el mediano y largo plazo de esa supuesta izquierdización del continente, una encuesta que la consultora OPSM (dirigida por Enrique Zuleta Puceiro) proporcionó ayer a LA GACETA marca que los argentinos también muestran distintas opiniones sobre el futuro político de Latinoamérica. Ante la pregunta: "¿Cree probable que los enfrentamientos entre una alianza de izquierda de algunos presidentes y EEUU puedan generar un retorno de la violencia en Latinoamérica"?, un 36.9% de los encuestados consideró "probable" tal hecho. Un 3.7% lo estimó "muy probable" y un 18.7%, "poco probable". El resto (un 40,7%) ve la perspectiva como "nada probable".







