Existen dos ingredientes que los organismos internacionales identificaron en la estructura de la sociedad boliviana. Uno es la exclusión, sobre todo, de los sectores indígenas a la economía del país y el otro es la brecha entre los ricos y los pobres. Esta situación resalta en la región occidental del país, que es la parte andina.
Frente a este escenario, los movimientos sociales, encabezados por los sindicatos de trabajadores, las juntas vecinales, y los grupos indígenas organizados, comenzaron a tener más protagonismo, y demandan mayor atención del Estado. En esta región la economía estaba basada fundamentalmente en la minería y el comercio. Como estas actividades decayeron, una gran cantidad de personas se desplazó en masa hacia la parte oriental de Bolivia en busca de mejores días.
La región del oriente tiene una cultura propia de las zonas tropicales, diferente a la zona andina. Ahí se instaló el empresariado más dinámico, centrando su producción en la agroindustria, y generando fuentes de trabajo. El 25% de la población de Bolivia se encuentra en el departamento de Santa Cruz, que es el que aporta con el 35% al Producto Bruto Interno del país.
Estas dos visiones, que no son regionales, se manifestaron en posiciones políticas.
Por un lado, está el Movimiento al Socialismo (MAS), liderado por el dirigente cocalero Evo Morales, cuyo bandera proselitista es la nacionalización de los hidrocarburos, elemento que genera temor en los inversionistas extranjeros.
En el otro extremo se encuentra el ex presidente Jorge Quiroga Ramirez, que con su agrupación Podemos, tiene como objetivo trabajar para colocar mejor a Bolivia en el escenario global, aprovechando las potencialidades de su recursos estratégico (gas). Su meta es atraer más inversión externa. Según las encuestas, la diferencia entre ambos es de 2% a 3%, acaparando en conjunto el 60% de la intención de voto del país, con lo cual se genera un empate técnico. El tercero en las preferencias del electorado es el empresario Samuel Doria Medina, quien tiene el control de la industria del cemento en el país. Para muchos analistas, Doria definirá quién es presidente de Bolivia, pues como no hay segunda vuelta, cualquiera de los primeros se puede aliar con otro y ganar por votación en el Congreso.
A dos semanas de las elecciones la guerra sucia se incrementó. El MAS rechazó toda propuesta de debate con Podemos. Esta última fuerza política trata de llevar a un debate nacional a Morales y pide a través de todos los medios que el pueblo elija entre la Bolivia del bloqueo de caminos, representada por el MAS, y la del crecimiento y desarrollo, representada por Podemos.
El bloqueo es una estrategia muy utilizada por los dirigentes cocaleros y un arma permanente del MAS para movilizar a los campesinos y gente humilde con el objetivo de alcanzar sus objetivos políticos.
Un alto dirigente del MAS y dirigente campesino (Román Loayza) dijo que si el MAS no gana las elecciones, tomaría el poder a la fuerza con el apoyo de militares y policías que estaban a favor de este partido político. Esto generó malestar en la sociedad en general, que pone todos sus esfuerzos para mantener la democracia, y las declaraciones eran un misil en contra de ese trabajo sacrificado de toda la institucionalidad boliviana que defiende la democracia.
El empresariado forma parte de esa institucionalidad y está preocupado por la situación. Lo que se pretende es que exista gobernabilidad en el país, pues ese es el único escenario en el cual se puede desarrollar la economía.
Obviamente, en forma individual, los empresarios se encuentran más alineados con las propuestas de Quiroga y Doria, pues son quienes pretenden generar un ambiente en el cual se respete a la inversión extranjera, se dé seguridad jurídica y se proyecten las exportaciones de los productos nacionales.
El apoyo al MAS proviene de los grupos campesinos, indígenas y cocaleros y un grupo de intelectuales de clase media.
05 Diciembre 2005 Seguir en 
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