16 Octubre 2005 Seguir en 
La victoria de Merkel es muy frágil, convertida así en símil de fracaso. Los cristianodemócratas (CDU) ganaron las elecciones con muy escasa ventaja sobre los socialdemócratas (SPD), pese a una situación inicial de campaña que auguraba una terminante derrota para el SPD. Los alemanes no confían en Merkel; estaban hartos de un SPD, cuyo proyecto de reformas sociales causaba división hasta en las propias filas, y de un canciller demasiado seguro de sí mismo, pero la única alternativa, la presidenta democristiana, no dejó de levantar sospechas. Si bien las metas de Gerhard Schröder durante la campaña no siempre fueron claras, el canciller las presentaba con tanta energía y poder de convicción que dejó a Merkel a la sombra. Merkel carece del carisma que rodea a Schröder; asimismo, carece de sus relaciones personales con "pesos pesados" como son Putin, Chirac o Zapatero. Tal ausencia de personalidad no radica en su sexo -como bien demuestra el ejemplo de Margaret Thatcher, a quien le sobraba personalidad- , sino que es una cuestión de carácter personal. A la mayoría de los alemanes, Merkel se nos antoja como una mujer fría y distante, que intenta solucionar los problemas políticos y sociales con una mente racional, correspondiente a su formación de doctora en física. Le falta "chispa" y, si llegó a su actual posición, fue gracias a su perseverancia y ambición, no por su tacto con el pueblo.
A horas del acuerdo entre SPD y CDU/CSU que cimentaba la cancillería de Merkel, ya surgían los primeros intentos de mermar el poder de la futura primera dama, tanto de los "rojos" (SPD) como de los "negros" (CDU/CSU).
El futuro de la coalición dependerá en gran medida de Merkel: quizás, su mente fría le ayude a hacer valer su posición en el "matrimonio por conveniencia" que compondrá su gobierno; quizás aún tenga capacidades secretas, como buena mujer, que saldrán a luz cuando desvista su nuevo papel. Pero, sobre todo, dependerá de la voluntad de los aliados de la canciller. Merkel no tendrá ni la base para desemplear sus funciones. No encarna nuestro ideal político pero, de momento, es nuestra única opción. Hay que darle una oportunidad.
A horas del acuerdo entre SPD y CDU/CSU que cimentaba la cancillería de Merkel, ya surgían los primeros intentos de mermar el poder de la futura primera dama, tanto de los "rojos" (SPD) como de los "negros" (CDU/CSU).
El futuro de la coalición dependerá en gran medida de Merkel: quizás, su mente fría le ayude a hacer valer su posición en el "matrimonio por conveniencia" que compondrá su gobierno; quizás aún tenga capacidades secretas, como buena mujer, que saldrán a luz cuando desvista su nuevo papel. Pero, sobre todo, dependerá de la voluntad de los aliados de la canciller. Merkel no tendrá ni la base para desemplear sus funciones. No encarna nuestro ideal político pero, de momento, es nuestra única opción. Hay que darle una oportunidad.








