Todo cambia para que todo siga igual

PUNTO DE VISTA por Luis Moniz Bandeira, analista político internacional brasileño, radicado en Alemania - ex catedrático. Exclusivo para LA GACETA.

16 Octubre 2005
No habrá cambios significativos en Alemania, sobre todo en este caso, en que hay una gran coalición. Las reformas económicas van a continuar, pero respetando el consenso social que hasta hoy han marcado las políticas de los dos grandes partidos: Socialdemócrata (SPD y la Unión Cristiano Demócrata (CDU). Angela Merkel será una canciller muy débil.
La SPD está ocupando los cargos clave en el gabinete. Hay un equilibro de fuerzas y, si Merkel quisiera hacer reformas liberales, muy difícilmente tendrá condiciones. Asume la función de jefa del gobierno bastante debilitada. Hay mucha resistencia hacia ella, no sólo en la SPD como en la CDU, sino especialmente en la Unión Cristiano Social (CSU), cuyo líder, Edmund Stoiber, será ministro de Economía y Tecnología.
El voto de los alemanes no fue hacia Merkel, sino que fue dirigido en apoyo de la CSU. Merkel tiene una imagen muy desgastada, inclusive porque hace poco fue a EEUU para solidarizarse con George W. Bush, en la guerra de Irak.
Ahora se harán reformas económicas en la misma línea de lo que se venía haciendo. No habrá grandes diferencias entre los políticos que la lideran. En Alemania todo cambia y todo queda igual.
Los diarios se hacen eco de las opiniones y en general hay más información que en los diarios de Latinoamérica. Se celebra que se haya llegado a un acuerdo a través de una gran coalición. El problema de Alemania es la gobernabilidad. Alemania no es la Argentina, donde existe ese radicalismo de ser kirchnerista o antikirchnerista, por ejemplo.
En un sistema parlamentario, la personalidad de los políticos poca importancia tiene, porque las determinaciones son indicadas por el partido.
Merkel será la canciller, simplemente porque estaba al frente de la SDU.
La política de Alemania no se puede comparar con la de los países latinoamericanos en los que está fuerte el presidencialismo. El presidente del gobierno de Alemania tiene la misma función que la reina de Inglaterra. El canciller tampoco puede hacer lo que quiere, sino, esencialmente, debe seguir el programa del partido.