La Capital de la desconfianza: por qué Chahla todavía no da el “sí”
La intendenta demora la definición sobre su futuro político mientras el oficialismo busca ordenar el camino hacia 2027. Los recelos internos, el factor alfarista y el avance libertario atraviesan una decisión clave para el peronismo tucumano.
Escuchar nota
Con el anuncio de la posible fecha de elecciones, el oficialismo provincial transita la estela sobre la que se está proyectando hacia el 2027. Con la fórmula Osvaldo Jaldo- Miguel Acevedo confirmada, las miradas se dirigieron hacia la tercera figura institucional de relevancia del peronismo: la intendenta capitalina Rossana Chahla.
El gobernador la respaldó públicamente. La intendenta afirmó que no había tomado la decisión aún. Este desfase es uno de los asuntos sobre los que discute la dirigencia por estos días.
Dirigentes capitalinos de todos los colores ya venían advirtiendo que la primera autoridad de la Ciudad no había manifestado públicamente la intención de volver a competir para permanecer cuatro años más en el puesto. Esta indefinición abrió la puerta a un sinnúmero de especulaciones que ocupan las mesas de café y los mensajes de Whatsapp de la política.
La figura de Chahla genera inquietud en los despachos del Ejecutivo provincial, porque no actúa según los libretos del justicialismo local. En efecto, hay un hecho canónico en la relación entre el poder municipal y la Casa de Gobierno que sigue sobrevolando sobre los protagonistas: el no de la intendenta a ser candidata a diputada en el 2025. Fue la única que mantuvo su postura, contraria a las testimoniales. En los antecedentes cercanos, entonces, hay un no.
En el tablero de San Miguel de Tucumán las grietas marcadas están relacionadas con la desconfianza por el “destrato” interno, el fantasma del alfarismo y la sombra de una ola libertaria. Estas tres dimensiones alimentan la incertidumbre de por qué todavía no hay un sí.
El trato y el alfarismo
Puertas adentro de la Municipalidad hay inquietud por la postura de la intendenta. Entienden que hay asuntos pendientes que no pudieron concretar y que podrían terminar sus planes si contaran con cuatro años más. Además, las cuentas están equilibradas y han podido emprender obras y programas pese al contexto. Parte de su equipo está seguro de que será candidata para concluir con los cambios en San Miguel de Tucumán y piensa que sólo se está tomando un tiempo antes del anuncio. Otro segmento, más preocupado, le ha escuchado decir que no está segura de querer seguir más allá del año que viene.
Los argumentos para las dudas que mencionan en sus alrededores son variables. Tendrían que ver con un pedido familiar- ella misma ha referido a esto en varias entrevistas-, con su carrera prominente en el ámbito de la salud o con las perspectivas neblinosas de la economía que viene.
El punto central en el que todos coinciden, sin embargo, es político: la relación con el justicialismo de la Casa de Gobierno. En la sede capitalina apuntan a dos aspectos. Por un lado, observan que otras gestiones, inclusive de la oposición, reciben mejor trato y recursos. Hasta en el jaldismo reconocen que en muchas ocasiones se “jugó fuerte” contra la referente, como en algunos conflictos del transporte público.
Tienen el recuento de los actos vinculados con obras y con políticas que la mandataria llevó adelante sin compañía de funcionarios provinciales. Consideran, además, que parte de las críticas que el gobernador hace a quienes emplean las redes sociales para hacer campaña o publicitar actos son para La Libertad Avanza (LLA), pero también están dirigidas solapadamente para la intendencia.
Y, por el otro, está el quid de la cuestión: la denuncia de la concejal alfarista Ana González contra miembros del gabinete de la ciudad.
El alfarismo, mediante el Partido por la Justicia Social, forma parte del oficialismo y, desde la incorporación, el ruido con Chahla fue permanente. Ambas líneas compitieron en 2023 y desde entonces confrontan. En Tribunales, cruzaron acusaciones gravísimas sobre el empleo del dinero público.
El lugar que la senadora Beatriz Ávila tiene en la gestión es de suma incomodidad. Inclusive, hay quienes fogonean la versión sobre una posible candidatura suya a la intendencia para molestar al chahlismo. Un arma de doble filo, porque esto no sólo irrita a los “municipales” sino también a otros miembros del PJ. También consideran que se da preponderancia a otros dirigentes capitalinos que podrían proyectarse para el cargo, como el ministro de Desarrollo Social y líder de Libres del Sur, Federico Masso.
Desde un comienzo, la intendenta supo que no contaba con la confianza de Jaldo. Principalmente, por las buenas relaciones que ella mantiene con el senador Juan Manzur y con el diputado Carlos Cisneros. Ambos no son precisamente amigos del tranqueño. El no “pertenecer” originalmente al jaldismo fue una factura que la jefa municipal pagó en varias oportunidades.
En la Casa de Gobierno consideran que ella, en realidad, no hizo demasiado para ganar la seguridad del conductor del PJ ni para integrar al justicialismo capitalino a su espacio. Son críticos con la intendenta y su manera de llevar adelante su trabajo y la política.
Al margen de los roces, la dirigencia nota un inusitado “fuego amigo” contra la intendenta y demasiados interesados en alimentar una ruptura Jaldo-Chahla.
La “amenaza” libertaria
En el Municipio reniegan porque el primer gobierno peronista después de años fue tratado “casi como opositor”. Sólo las vertientes que trabajan desde hace décadas en la jurisdicción saben lo difícil que es ganar en un territorio donde el antiperonismo es fuerte, sobre todo dentro de las cuatro avenidas. Por ello, los referentes están negociando para armar los acoples. Un punto de alarma es que la estrategia electoral de LLA de participar con una sola lista les afectará porque levantará el piso de votos necesarios para alcanzar bancas en la Legislatura y el Concejo. De hecho, es tal la expectativa de los seguidores de Milei que hay legisladores que negociaron lugares después del octavo y noveno puesto. Es decir, esperan copar la Cámara.
De acuerdo con los últimos resultados electorales (los del 2025), el alcance de LLA en San Miguel de Tucumán es para tener en cuenta. En el justicialismo consideran que es una amenaza real.
Los morados no tienen dudas de que ganaran la Municipalidad. Cuentan con un despliegue importante en los diversos circuitos y vienen trabajando en el territorio, aunque no siempre lo publiciten. Hay al menos dos posibles candidatos, que fueron medidos y que están en carrera. Por estrategia, el nombre se conocerá más adelante.
Por cierto, en el espacio que lidera Lisandro Catalán creen que ganarán no sólo Capital, sino también en Yerba Buena. En ese distrito el que tendría intenciones de postularse para competir por la Municipalidad es el diputado Federico Pelli, de acuerdo con altas fuentes de LLA. Se sumaría así al bandeño Gerardo Huesen, otro parlamentario nacional que buscaría gobernar una municipalidad.
En la política tucumana, las definiciones rara vez dependen de una sola variable. Pesan las encuestas, las estructuras, las alianzas y, sobre todo, los vínculos personales y la confianza. Jaldo necesita ordenar el tablero completo para llegar más fuerte al 2027. La intendenta necesita señales de que ese tablero también tiene un lugar propio. El “sí” de Chahla, entonces, no parece depender solamente de querer seguir cuatro años más.






