Llega con más dudas que certezas

PUNTO DE VISTA por Roberto Starke, analista político - profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad del CEMA. Exclusivo para LA GACETA.

16 Octubre 2005

Descubrir la personalidad de la mujer más influyente de su país no será el único interrogante que se harán los alemanes en los próximos años. Sin duda, la solución negociada por Angela Merkel muestra que, al margen de su perfil duro e intransigente -algunos especialistas la han asociado con la figura de Margaret Thatcher-, la emergente coalición de gobierno presenta más dudas que certezas.
Desde el reñido resultado electoral que obligó a los partidos más importantes a negociar (demócrata cristianos y socialdemócratas), la realidad política alemana mostró un punto de inflexión, donde la Unión Cristiano Demócrata de Merkel no salió bien parada de la disputa.
Quizás atraídos por el ego que implica liderar una Nación, los conservadores-democristianos entregaron los principales ministerios de gobierno (Ecología y Tecnología, Relaciones Exteriores, Finanzas y Economía) a cambio del primer lugar de un gobierno de coalición, que necesitará del consenso para llevar adelante reformas estructurales que sin duda generarán polémica.
Por este motivo será de suma relevancia para Alemania, y para su futuro dentro de la Unión Europea, cómo esta mujer de 51 años pueda hacer equilibrio entre las trabas que le pondrán sus ahora colegas de gabinete.
Mejorar la realidad de un Estado benefactor, donde el desempleo y la escasa natalidad obligan a pensar en cambios radicales, será una de las batallas que Merkel deberá enfrentar contra los socialdemócratas, que buscarán cambios leves y paulatinos. O la señora Merkel aprieta el acelerador y sorprende a propios y extraños por su liderazgo y decisión, o la convivencia con sus colegas socialdemócratas la postrará políticamente y deberá llamar a elecciones en un corto plazo, para desequilibrar este empate técnico que amenaza al nuevo gobierno.
Con apenas un escaño más en el parlamento y bajo la fuerte influencia que el canciller saliente Gerhard Schröder posee en Bruselas, el desafío crucial de Merkel y los conservadores será conducir a la primera economía de Europa hacia el lugar de protagonismo que supo ostentar, y sentar las bases para cambiar un modelo económico que parece agotado.