¿Por qué nos gusta disfrazarnos? Halloween en Tucumán, máscaras y las ganas de ser otro
Los disfraces ganan espacio en los comercios tucumanos a medida que se acerca el 31 de octubre. Mientras los jóvenes se preparan para celebrar, una psicóloga explica qué nos lleva a ponernos en la piel de otro personaje.
Las brujas, las máscaras y los personajes de terror empiezan a ganar terreno en las calles tucumanas cada vez que se acerca Halloween. En los negocios de cotillón y disfraces, las consultas aumentan y los jóvenes preparan sus atuendos para las fiestas. Algunos buscan un personaje de moda; otros aprovechan la fecha para animarse a probar algo diferente. Pero ¿qué hay detrás de las ganas de convertirse en alguien más, aunque sea por unas horas?
En Tucumán, el clima de la fecha ya se hace notar en las vidrieras y hasta en las fachadas de algunas casas. Sobre la calle Junín, donde se concentra una gran cantidad de locales de cotillón y disfraces, los comerciantes reconocen que octubre se convirtió en una temporada de mayor movimiento. La celebración también convoca a públicos de distintas edades y suma nuevas formas de participar. Este año, tiene un atractivo extra para quienes planean salir a festejar: el 31 de octubre cae sábado.
Los disfraces que marcan tendencia
Ludmila Lozada, de un local de cotillón y disfraces, cuenta que este año las brujas, las capas y las referencias a Ghostface aparecen entre los pedidos más frecuentes. También salen las máscaras de conejo, algunas con brillos y otras con luces de neón, inspiradas en la película La Purga. Según relata, Halloween era antes una fecha tranquila, pero en los últimos años ganó protagonismo y hoy convoca a personas de todas las edades.
Para ella se trata de una moda traída de otro lado, y todavía tiene recorrido. El otro día vio casas decoradas en Barrio Sur, algo que nunca había visto.
La comerciante también encuentra una explicación en la posibilidad de compartir la experiencia con otros. “Es una forma también de salir y sentirte cómodo de cierta forma, ya que los que están disfrazados son varios. Entonces no te sentís como rara o extraña”, explica. "Puede ser por la sensación de formar parte de un grupo" sumó.
Desde Buttman, un sex shop de la zona que vende disfraces durante todo el año, Claudia Ale también nota un movimiento particular durante octubre. Aunque reconoce que el contexto económico afecta las ventas, asegura que las consultas por Halloween aumentan y que se acerca un público diferente al habitual del local.
Entre los productos más buscados se mencionan las medias de colores, las medias de red y las máscaras. También observa un cambio en la forma de armar los atuendos: “Antes se compraba mucho el traje completo y ahora se compran accesorios. Ellos también se dedican a armar el disfraz por completo”.
Ale relaciona el crecimiento de la celebración con una mayor incorporación de costumbres que llegan desde Estados Unidos. “Después de la pandemia aumentó notablemente el interés por Halloween y por las fiestas temáticas”, expresó.
Las elecciones, además, cambian según las modas. “El predilecto del año pasado era Harley Quinn”, comentó Claudia. Este año, los pedidos giran en torno a los personajes de terror que también menciona Ludmila.
Una fiesta con historia
Halloween tiene una historia que se remonta al antiguo festival celta de Samhain, una celebración que marcaba el final del verano y el comienzo de un nuevo ciclo. Durante esa noche, sus participantes utilizaban disfraces para ahuyentar a los espíritus. Con el paso de los siglos, la tradición llegó a Estados Unidos junto con la inmigración irlandesa y adquirió nuevas costumbres. La influencia del cine, la televisión y, más recientemente, las redes sociales terminó por convertirla en un fenómeno global, asociado con el entretenimiento, las fiestas y el consumo. En ese recorrido, los disfraces dejaron de estar ligados exclusivamente a los rituales y se transformaron en uno de los grandes protagonistas de cada 31 de octubre.
¿Por qué elegimos convertirnos en otro personaje?
Entre los jóvenes, disfrazarse aparece como una excusa para salir y divertirse. Bianca Barrionuevo, de 17 años, eligió un atuendo de vaquera, mientras que Kiara Dip optó por una “ninja sangrienta”. Mía Medina, por su parte, vinculó la costumbre con una moda que crece entre adolescentes: “Es una moda, es divertida, gusta. Es normal ver fiestas de disfraces en todos lados”, resumió.
Sin embargo, la psicóloga Antonella Diambra propone mirar un poco más allá de la celebración. Desde una perspectiva psicoanalítica, explica que las personas adoptan distintos personajes según los espacios sociales en los que se mueven. “Solemos tener máscaras y disfrazarnos en el día a día para poder circular por todos los ámbitos sociales en los que circulamos”, señala.
En ese sentido, el disfraz puede habilitar comportamientos que una persona no se permitiría en otras circunstancias. “Creo que el disfraz habilita a muchas cosas porque por ahí hace de pantalla. De poder despegarnos de eso que somos y de saber que el otro no nos puede juzgar o decir algo para poder hacer cosas desde ese personaje”, explica.
La elección del atuendo también tiene relación con los gustos y las identificaciones personales. Nadie elige cualquier personaje: muchas veces hay una película, una historia o una característica que despierta admiración. “Tiene mucho que ver con la identidad y con lo que uno elige respecto a sus intereses propios”, agrega Diambra.
La especialista también destaca el valor del juego, especialmente durante la infancia y la adolescencia. “El disfraz permite practicar roles e identidades”, explica. A través de esos personajes, los jóvenes pueden explorar otras formas de expresarse y relacionarse con los demás. “En ese juego se va formando la identidad”, resume.
Halloween ofrece una ocasión para poner todo eso en práctica de manera colectiva. Durante una noche, las calles, las fiestas y los encuentros habilitan un escenario en el que cada uno puede elegir qué personaje quiere representar. Algunos buscarán causar miedo; otros, hacer reír o simplemente compartir la celebración.







