Ecoansiedad y solastalgia: cómo el clima puede afectar la salud mental de los tucumanos

El psicólogo ambiental José Miguel Costas explicó cómo las lluvias persistentes, el temor a las inundaciones y la falta de sol pueden alterar las rutinas y generar ansiedad.

Resumen para apurados

  • El psicólogo José Miguel Costas advirtió en Tucumán que las lluvias persistentes y el temor a inundaciones provocan cuadros de ansiedad y afectan la salud mental comunitaria.
  • Fenómenos como la ecoansiedad surgen ante traumas por inundaciones previas y falta de sol, lo que altera las rutinas diarias y acentúa la vulnerabilidad de las comunidades.
  • Especialistas señalan que mitigar este impacto exige obras de infraestructura y políticas públicas que aborden las consecuencias del cambio climático en la salud mental.
Resumen generado con IA

La lluvia persistente, los días sin sol y el temor a nuevas inundaciones pueden modificar el estado de ánimo y generar ansiedad. Así lo explicó a LA GACETA José Miguel Costas, psicólogo especialista en psicología ambiental, quien advirtió que el cambio climático y las condiciones del entorno también repercuten en la salud mental. Y en Tucumán, donde las inundaciones forman parte de las preocupaciones recurrentes de algunas poblaciones, estos efectos adquieren una dimensión particular.

“Hay factores medioambientales que pueden desencadenar eventos que generen alguna cuestión mental, alguna cuestión vinculada a la ansiedad”, sostuvo el especialista durante una entrevista en LG Play. En ese sentido, señaló que la psicología ambiental estudia la interacción entre el medioambiente y el comportamiento humano, con especial atención a sus consecuencias sobre el bienestar psicológico. 

Las jornadas consecutivas de lluvia no afectan a todas las personas de la misma manera. Sin embargo, cuando las condiciones climáticas se prolongan, pueden alterar las rutinas y sumar situaciones de estrés. Quienes practican deportes al aire libre, deben trasladar a sus hijos a la escuela o dependen de sus vehículos para trabajar se ven obligados a reorganizar sus actividades y a contemplar posibles riesgos.

“Ya eso modifica la cotidianidad de la vida, de la estructura de la vida de las personas”, explicó Costas. La preocupación puede aumentar cuando existe la posibilidad de anegamientos o inundaciones, especialmente en zonas donde estos fenómenos ya provocaron daños.

El psicólogo aclaró que el clima no determina por sí solo el estado de ánimo ni implica que todas las personas desarrollen un problema de salud mental. Se trata, más bien, de un factor que puede sumarse a otras circunstancias personales y sociales, como una predisposición a la ansiedad o la existencia de dificultades previas.

Ecoansiedad y solastalgia, dos conceptos para entender el malestar ambiental

Entre los términos que comenzó a estudiar la psicología ambiental se encuentran la ecoansiedad y la solastalgia. Aunque están vinculados con la relación entre las personas y su entorno, permiten describir distintas formas de malestar.

La ecoansiedad se relaciona con la preocupación y la ansiedad que pueden desencadenar los problemas ambientales. No implica necesariamente que exista un trastorno psicológico, sino que determinadas situaciones vinculadas con el ambiente pueden convertirse en una fuente de angustia.

La solastalgia, en tanto, refiere al malestar que provoca la transformación del entorno, especialmente frente a los efectos del cambio climático. Puede aparecer tanto ante la incertidumbre sobre lo que sucederá como frente a experiencias concretas que modifican la vida cotidiana.

“Ya esperan de otra manera el momento de la lluvia, ya esperan de otra manera el momento en el que se nubla”, describió Costas al explicar cómo cambia la percepción de las condiciones climáticas después de atravesar situaciones adversas.

El miedo a las inundaciones y la expectativa de que vuelva a llover

En Tucumán, el especialista y su equipo, junto con la doctora Graciela Tonello, realizaron un trabajo preliminar con personas del interior de la provincia, incluidos grupos de docentes. En esas experiencias identificaron cómo las inundaciones repercuten en las emociones y en la percepción de los fenómenos climáticos.

El temor no surge únicamente de la posibilidad de que ocurra una nueva inundación. También está relacionado con la experiencia de haber atravesado episodios anteriores y con la incertidumbre sobre cuándo volverán a repetirse.

A partir de los primeros datos relevados, Costas señaló que observaron cierta ansiedad y una expectativa negativa cuando comienzan estas situaciones climáticas. No obstante, aclaró que se trata de resultados preliminares y que el impacto depende de las experiencias y las condiciones de cada persona.

El problema también tiene una dimensión social y económica. La lluvia puede impedir que alguien salga a trabajar, afectar sus ingresos o limitar sus desplazamientos. En esos casos, la vulnerabilidad social suma dificultades y reduce las posibilidades de adaptación.

“Es un problema multidimensional, donde intervienen otros actores de la sociedad y otras responsabilidades”, remarcó.

CUBIERTO. Desde hace días que el cielo permanece mayormente nublado en la provincia. CUBIERTO. Desde hace días que el cielo permanece mayormente nublado en la provincia. ARCHIVO LA GACETA / FOTO DE OSVALDO RIPOLL

Por qué la falta de sol también puede afectar el ánimo

La influencia del clima sobre el bienestar no se limita a las lluvias. Costas explicó que existe evidencia sobre la relación entre la iluminación solar y los ritmos biológicos, así como sobre determinados cambios estacionales asociados con síntomas depresivos.

El especialista mencionó el trastorno afectivo estacional, vinculado con la aparición de síntomas depresivos en períodos del año en los que disminuye la exposición a la luz solar. Según explicó, los cambios en la iluminación ambiental pueden acompañarse de modificaciones neurofisiológicas, aunque esto no significa que todas las personas expuestas a días nublados desarrollen síntomas depresivos.

La predisposición individual también es importante. La falta de sol puede actuar como un factor adicional en personas que ya atraviesan dificultades emocionales, pero no constituye por sí misma una causa directa de depresión.

En el extremo opuesto, el calor intenso también puede modificar el comportamiento. En Tucumán, Costas señaló que las altas temperaturas influyen en las rutinas y ayudan a explicar ciertos hábitos, como una mayor actividad nocturna durante el verano y las cenas a horarios más tardíos.

Además, mencionó investigaciones que encontraron asociaciones entre las temperaturas elevadas y las conductas agresivas, aunque advirtió que estos fenómenos requieren considerar también factores personales, sociales y culturales.

Qué se puede hacer para afrontar la ansiedad climática

Frente a estas situaciones, Costas destacó la importancia de desarrollar estrategias saludables de afrontamiento. La planificación de las actividades, la meditación y otras herramientas trabajadas desde la psicología cognitiva pueden ayudar a manejar la ansiedad y a reducir la incertidumbre.

“Planificar los actos y las acciones a partir de que ya se sabe que esto puede ocurrir suele disminuir también el nivel de ansiedad”, explicó.

Sin embargo, advirtió que la capacidad individual de adaptación tiene límites. Cuando las condiciones ambientales son excesivas o se prolongan demasiado, pueden generar estrés, por lo que no alcanza con pedirles a las personas que se acostumbren a vivir bajo esas circunstancias.

En ese punto, consideró fundamentales las obras públicas, la infraestructura y las medidas destinadas a reducir los riesgos ambientales. La prevención de inundaciones, el saneamiento y la mejora de las condiciones urbanas también forman parte de una respuesta que puede contribuir al bienestar psicológico.

Costas señaló, además, que en Tucumán hay otras condiciones del entorno que generan preocupación, como la presencia de basurales y de aguas cloacales en las calles. Son problemas que muchas veces se naturalizan, pero que también pueden afectar la salud y la percepción que las personas tienen del lugar donde viven.

Por eso, sostuvo que el abordaje debe involucrar a distintas disciplinas y sectores, desde la psicología y la ingeniería hasta las universidades, las organizaciones sociales y los responsables de las políticas públicas.

“El cambio climático es algo que ya está presente”, afirmó. Y concluyó que sus efectos no deben analizarse únicamente desde las transformaciones físicas del ambiente o las consecuencias económicas, sino también desde su impacto en la salud mental y en la vida cotidiana.

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