Cada kilómetro recorrido valió la pena para los hinchas de Atlético

Lomas de Zamora cambió de color durante algunas horas por la presencia de los hinchas "decanos". Hubo viajes de más de 17 horas, permisos laborales y sacrificios económicos.

APOYANDO AL EQUIPO. Los hinchas de Atlético se hicieron sentir durante todo el partido disputado en la cancha de Los Andes. Al final, los simpatizantes “decanos” festejaron el gran triunfo conseguido por penales frente a Independiente Rivadavia.
APOYANDO AL EQUIPO. Los hinchas de Atlético se hicieron sentir durante todo el partido disputado en la cancha de Los Andes. Al final, los simpatizantes “decanos” festejaron el gran triunfo conseguido por penales frente a Independiente Rivadavia.
Por Diego Caminos 16 Septiembre 2026

Resumen para apurados

  • Miles de hinchas de Atlético Tucumán coparon Lomas de Zamora para alentar a su club, que venció por penales a Independiente Rivadavia y clasificó en la Copa Argentina.
  • Los simpatizantes afrontaron travesías de más de 17 horas de ruta, gastos económicos y permisos laborales, antes de festejar un ajustado triunfo en la cancha de Los Andes.
  • El pase a semifinales premió el sacrificio federal de la hinchada decana y consolida la ilusión deportiva del club tucumano en el certamen nacional.
Resumen generado con IA

Lomas de Zamora, por algunas horas, cambió de color. Cerca de las 15, el rojo y blanco que identifica al barrio de Los Andes empezó a mezclarse con camisetas, banderas y trapos celestes y blancos. A pocos metros del estadio Eduardo Gallardón, sobre la misma calle de ingreso, la Policía cortó el tránsito y la convirtió en una especie de punto de encuentro improvisado para los hinchas de Atlético. Allí fueron desembarcando los 11 colectivos que llegaron desde Tucumán y los dos que partieron desde Capital Federal, en un movimiento considerable para un día laborable y después de viajes que, en algunos casos, superaron las 17 horas.

Bajarse del colectivo fue apenas el final de una parte del recorrido. Después llegaron los asados improvisados sobre la vereda, los sánguches, los vasos compartidos y el descanso como se podía después de tantas horas de ruta. Con el correr de la tarde, la cuadra empezó a quedar chica. Cada nuevo micro sumaba camisetas y canciones hasta que, cerca de las 17.30, la llegada de la barra terminó de completar una postal que parecía trasladada directamente desde Tucumán: la calle quedó prácticamente colmada.

Detrás de esa multitud había, sin embargo, cientos de pequeñas historias de esfuerzo. Permisos pedidos en el trabajo, días descontados, plata juntada como se pudo, discusiones familiares y todo tipo de malabares para poder estar. Enzo Ferreira, que llegó acompañado por sus hermanos y amigos, lo resumió con sencillez. “Hay un esfuerzo importante. Está el dinero, dejar el trabajo, perder dos días laborales y organizar todo. Pero por Atlético se hace”, afirmó. A pocos metros, Luca Sánchez coincidía con esa idea. “Hay sacrificio. Está el trabajo, pedir permiso, acomodar los horarios. Pero si lo hacés es por amor al club”, sostuvo.

Y quizás ahí esté parte de la explicación de algo que, para ellos mismos, resulta difícil poner en palabras. Facundo Garay, recién bajado después de un viaje interminable, lo admitió entre risas. “No tiene mucha explicación. Entre todos los locos que estamos acá tampoco la encontramos”, reconoció. Después intentó definirlo mejor. “Lo más lindo es la ruta, compartir con amigos, el pasillo, la conservadora, la bebida y seguir sumando kilómetros”, aseguró.

Para algunos, incluso los problemas del camino forman parte de la aventura. Luis Reinaldo Viñez llegó después de que la camioneta en la que viajaba sufriera un desperfecto mecánico. Lejos de mostrarse preocupado por cómo regresaría, hablaba con una serenidad llamativa y con la cabeza puesta únicamente en lo que pasaría dentro de la cancha. Mientras observaba cómo su vehículo no dejaba de perder aceite, relativizó el problema. “Si la camioneta tiene que quedarse acá, veremos cómo volvemos. Algo vamos a hacer”, comentó. En ese momento, el regreso podía esperar: primero estaba Atlético.

La previa también dejó otra imagen particular. Entre tantos tucumanos que habían cruzado buena parte del país aparecieron Germán Leiva y Javier Lastra, dos hinchas del “Decano” radicados desde hace años en Buenos Aires. Para ellos no hubo 17 horas de ruta, aunque la distancia también les impone sus propias dificultades. Incluso cuando Atlético juega por Copa Argentina relativamente cerca, conseguir una entrada puede convertirse en un problema para quienes viven lejos de Tucumán. “Siempre es complicado. Aunque seas socio, la distancia genera problemas para conseguir entradas. Es un tema que se repite bastante”, contaron.

Ver nuevamente esas camisetas, encontrarse con conocidos y mezclarse durante unas horas con quienes llegaban desde Tucumán fue, de alguna manera, volver a sentirse cerca de casa. Pero su presencia también sirvió para mostrar algo más: Atlético no termina en los límites de la provincia. “Hay mucha gente de Atlético fuera de Tucumán. Desde Capital Federal salieron dos micros para venir hasta acá. Y no pasa solamente con Atlético: a los equipos del interior muchas veces se los subestima, pero vas a cualquier lado y siempre encontrás gente acompañando a su club”, defendieron.

Con el paso de las horas, el territorio a conquistar fue otro. Primero, las tribunas. Atlético llevó una cantidad considerable de hinchas a más de 1.000 kilómetros de distancia, aunque el escenario, por su capacidad y ubicación, terminó jugando en contra de ambas parcialidades. Aun así, los “decanos” se hicieron sentir: se adueñaron de la acústica del estadio y sostuvieron el aliento hasta el cierre del partido.

 Después llegó lo más importante. El equipo conquistó el campo de juego. Jugó mejor, supo sobreponerse a la adversidad y terminó regalándoles a esos hinchas un triunfo histórico, de esos que justifican cualquier sacrificio. Porque sí, seguramente más de uno recibirá algún reto en el trabajo durante la semana, otro tendrá que recuperar horas y alguno seguirá buscando cómo volver a Tucumán. Pero después de una noche así, todos dirán lo mismo: valió la pena cada kilómetro, cada peso y cada segundo.

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