De la polémica al éxtasis: Atlético Tucumán hizo justicia en los penales y está en semis
Con Independiente Rivadavia arriba tras un fallo discutido, el equipo de Falcioni no se rindió: Godoy se puso el equipo al hombro, Canelo lo igualó en el descuento e Ingolotti se lució tapando tres remates para poner al "Decano" entre los cuatro mejores.
Resumen para apurados
- Atlético Tucumán avanzó a semifinales de la Copa Argentina tras empatar 1-1 sobre la hora y vencer por penales a Independiente Rivadavia en Lomas de Zamora.
- Tras un polémico penal en contra, Alexis Canelo igualó en el descuento y el arquero Luis Ingolotti selló la clasificación al contener tres remates en la tanda decisiva.
- Con este triunfo, el Decano se ubica entre los cuatro mejores del torneo federal e intentará igualar o superar su histórica actuación de 2017, cuando llegó a la final.
El fútbol es así. En apenas unos días puede mostrarte su versión más cruel y también la más hermosa. Si contra River había terminado herido, en Lomas de Zamora Atlético Tucumán volvió a encontrarse con esa parte del deporte que enamora. La que llena el pecho y genera momentos inolvidables. Y parece que estaba escrito. Que tenía que ser así. Que tenía que volver a tener todo en contra. Que debía sufrir para que el festejo fuera histórico, la alegría inmensurable y el pasaje a las semifinales de la Copa Argentina un recuerdo que quedará grabado en la memoria.
Porque volvió a pasar. Sí, el “Decano” volvió a sufrir la falta de un criterio arbitral uniforme. Porque ya nadie entiende qué manos se cobran y cuáles no. Jorge Baliño tenía argumentos para sancionar el penal: la mano estaba extendida y la pelota iba en dirección al arco. Pero el futbolista estaba de espaldas y también podría haber interpretado otra cosa. Como había elegido no cobrar aquel codazo de Carlos Zambrano a Ignacio Maestro Puch en 2022, en La Bombonera. O como Andrés Gariano decidió no sancionar el planchazo de Mauro Arambarri sobre Alexis Canelo contra River. Esta vez Baliño fue al VAR, cobró penal y el criterio arbitral, que por momentos parece una moneda al aire, volvió a caer del otro lado de Atlético.
Pero también volvió a pasar otra cosa. Ante la adversidad, el equipo volvió a hacerse enorme. Dejó el enojo de lado y jugó con el corazón en la mano. Y esta vez fue muy superior a la “Lepra”, antes y después del 1-0. Jugó durante largos pasajes con el equipo instalado en campo contrario, creó ocasiones, remató desde afuera y buscó por diferentes caminos, mientras el conjunto mendocino apenas había logrado lastimar con aquel penal.
Por eso, de alguna manera, con el gol de Alexis Canelo se hizo justicia. Aunque antes que justicia fue desahogo: un grito desaforado del banco de suplentes que retumbó en el sur bonaerense. El tucumano, como contra River, volvió a entrar muy bien. Convirtió su primer gol con la camiseta del club del que se declaró hincha y fue decisivo para que el “Decano” tuviera su oportunidad en los penales.
La jugada nació de una de las grandes figuras de la noche: Lautaro Godoy. El juvenil proveniente de River volvió a mostrarse incansable en la entrega, pidiendo cada pelota a sus compañeros, gambeteando e intentando cuando el equipo parecía quedarse sin energías ni respuestas. Y tuvo su premio con esa asistencia, la segunda consecutiva después de la que le había brindado a Clever Ferreira el fin de semana.
Y, por supuesto, quien parece haberse consagrado esta tarde-noche en el estadio de Los Andes fue Luis Ingolotti. Qué lejos parecen haber quedado aquellos meses en los que el arquero recibía insultos desde las tribunas del Monumental cada vez que agarraba una pelota. Este Clausura cambió todo. Y en Buenos Aires se hizo gigante: atajó tres penales en una definición que quedará para siempre en la memoria del club.
Cuánto se necesitaba un triunfo así. O, al menos, cuánto se extrañaba. Después de haber comido tierra durante las últimas temporadas y de atravesar un primer semestre complicadísimo, el equipo necesitaba una victoria de este calibre. Una de esas capaces de transformarse en parte de la historia. Hoy la tiene. Y la hinchada, que viajó más de 1.000 kilómetros para alentarlo, también tuvo su recompensa.
Tras la última atajada de Ingolotti, el plantel no paró de saltar y festejar. Primero se acercó a las tribunas; después, en el vestuario, la fiesta continuó con todo: música al máximo, baile y aplausos. Ellos también se lo merecen. Después de las críticas, muchas de ellas justificadas en su momento, hoy el equipo puede darse el lujo de relajarse por un rato y celebrar.
Y Atlético, quién lo diría, está entre los cuatro mejores de la Copa Argentina. Pasito a pasito. La próxima vara será igualar lo conseguido en 2017, cuando llegó hasta la final y cayó frente a River. ¿Después? Quién sabe…










