Tres de cada 10 estudiantes de 15 años trabajan en la Argentina: la otra cara del derrumbe en las pruebas PISA

Casi el 28% de los estudiantes declaró que realiza alguna tarea por dinero e idéntico porcentaje falta a la escuela de manera recurrente.

PRUEBAS PISA. El relevamiento se hizo durante el año pasado con más de 11.000 alumnos en 412 escuelas del país.
PRUEBAS PISA. El relevamiento se hizo durante el año pasado con más de 11.000 alumnos en 412 escuelas del país. ARCHIVO
Indalecio Francisco Sanchez
Por Indalecio Francisco Sanchez 09 Septiembre 2026

Resumen para apurados

  • Casi el 28% de los alumnos argentinos de 15 años trabaja por dinero y falta a clases, según revelaron las pruebas PISA en el marco del retroceso escolar nacional.
  • El relevamiento abarcó a 11.000 estudiantes de 412 escuelas del país y expuso una correlación directa entre la necesidad laboral temprana y el ausentismo recurrente.
  • Esta vulnerabilidad socioeconómica anticipa mayores dificultades para revertir la caída histórica en los rendimientos pedagógicos y contener la deserción escolar.
Resumen generado con IA

Escuchar nota

Tu navegador no soporta HTML5 audio

Los resultados de la última edición de las pruebas PISA volvieron a encender las alarmas sobre el colapso del aprendizaje, pero el dato más lacerante no está en los ejercicios de geometría ni en la comprensión de textos. Está en la vida diaria de los adolescentes: casi el 28% de los chicos argentinos de 15 años trabaja por una remuneración y una proporción idéntica falta a la escuela de manera recurrente.

El dato surge de una investigación del área Social-Laboral del Ieral de la Fundación Mediterránea, elaborada por las especialistas Laura Caullo y Guadalupe Galindez. El informe corre el velo de la discusión técnica de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para mirar el contexto real con el que un chico de cuarto o quinto año se sienta frente al pupitre: el 27,6% de los evaluados declaró haber realizado tareas laborales pagas durante las dos semanas previas al examen. En los hogares del cuartil socioeconómico más vulnerable, la cifra trepa al 33,9%. En criollo: uno de cada tres adolescentes de los sectores más castigados ya tiene la cabeza puesta en salir a ganarse el día antes que en terminar el colegio.

El rendimiento académico es apenas la consecuencia lógica de ese punto de partida. En la serie histórica, Argentina registró en Matemática el desempeño más bajo de los últimos 20 años (367 puntos), cayendo en simultáneo en Lectura y en Ciencias. Hoy, tres de cada cuatro estudiantes secundarios (el 75,8%) no alcanzan el umbral mínimo y básico de razonamiento matemático. En 2006, esa proporción era del 64%. En 15 años no hubo meseta ni contención: la caída fue constante y profunda, dejando al país a casi 18 puntos de distancia de vecinos como Uruguay o Chile.

Las autoras advierten que el ausentismo actúa como un combustible silencioso del atraso. El 27,8% de los estudiantes reconoció haber faltado a clases al menos una vez en los 15 días previos a la prueba. Si bien en los sectores vulnerables la inasistencia toca el 33,8%, no se trata de una conducta exclusiva de la pobreza: en el sector de mayores ingresos, casi uno de cada cinco (19,2%) también pega el faltazo. La diferencia en las notas entre quienes van a clase todos los días y los que acumulan faltas llega a ser de más de 40 puntos.

Estar formalmente matriculado en la escuela dejó de ser garantía de escolarización real. Entre el trabajo temprano como mecanismo de supervivencia familiar, la repitencia que arrastra a casi el 18% de los chicos y las faltas reiteradas, las trayectorias escolares quedan rotas mucho antes de llegar a la universidad o al mercado formal.

El estudio de Caullo y Galindez acierta en un punto central: este descalabro excede el debate pedagógico. Los adolescentes que hoy no logran despejar una ecuación elemental o que deben salir a changuear son la fuerza laboral sobre la que el país pretende proyectar su productividad para las próximas cuatro décadas. Se puede ordenar la macroeconomía, domar la inflación o discutir incentivos impositivos, pero ningún proyecto de desarrollo sobrevive si tres de cada cuatro chicos llegan a los 15 años sin herramientas cognitivas básicas.

Comentarios