Cartas de lectores: Camino del Perú

TRÁNSITO A TODA HORA. El Camino del Perú está constantemente saturado por la circulación vehicular en esa zona que conecta con la avenida Perón.
TRÁNSITO A TODA HORA. El Camino del Perú está constantemente saturado por la circulación vehicular en esa zona que conecta con la avenida Perón.
Por Redacción LA GACETA 09 Septiembre 2026

El reciente editorial de LA GACETA sobre los desafíos del Camino del Perú merece ser ratificado y acompañado. Describe una realidad que los vecinos conocen desde hace años y que se agrava con el paso del tiempo: una vía concebida para otro volumen de circulación se ha convertido en un corredor congestionado, peligroso y cada vez más difícil de atravesar. Ya no estamos ante un problema desconocido, sino frente a una advertencia que todavía no ha recibido una respuesta proporcional a su gravedad. El Camino del Perú integra la ruta provincial 315. Sin embargo, en el sector comprendido entre la avenida Belgrano y la antigua curva de los Vega confluyen también las competencias de las municipalidades de San Miguel de Tucumán y Yerba Buena. Esa realidad se vuelve especialmente visible en el cruce de las calles Italia y Frías Silva y a la altura de la Escuela Justiniano Frías. Pero una frontera administrativa jamás puede convertirse en una tierra de nadie. Durante prolongados períodos del día -principalmente en los horarios de ingreso y salida escolar, al mediodía y después de las 18- cruzar desde cualquiera de ambos sectores resulta prácticamente imposible. El caudal vehicular ha superado largamente la capacidad de la avenida y los semáforos instalados en Italia y Frías Silva resultan insuficientes o inadecuados para ordenar semejante circulación. A ello se suma una conducta que vemos repetirse diariamente: automóviles y, de manera especial, motocicletas que aceleran ante la luz amarilla y atraviesan cuando la señal ya está en rojo. Sin un control permanente, coordinado y visible, el semáforo termina reducido a una recomendación que muchos deciden ignorar. La situación es todavía más preocupante en las inmediaciones de la Escuela Justiniano Frías. Allí cruzan niños, docentes, familias y vecinos mientras circulan camiones, colectivos, automóviles, motocicletas, bicicletas y peatones por un mismo espacio. Para un niño, un adulto mayor o una persona con discapacidad, atravesar una avenida no debería convertirse en una prueba de velocidad, destreza o valentía. Debe reconocerse el esfuerzo de los inspectores que trabajan en algunos de estos puntos. Sin embargo, su presencia y sus recursos resultan insuficientes frente a la magnitud del tránsito. No alcanza con controles aislados: se necesita una política común y sostenida. La Provincia y las municipalidades capitalina y de Yerba Buena deben acordar de inmediato un plan interjurisdiccional que contemple la revisión técnica y sincronización de los semáforos, fases seguras para peatones, presencia permanente de inspectores en los horarios críticos, control efectivo de motocicletas y velocidades, señalización, iluminación y protección especial en los accesos escolares. La futura conexión con la calle Fanzolato puede contribuir a descomprimir el tránsito, como sostiene acertadamente LA GACETA. Pero una obra proyectada para mañana no puede sustituir las medidas de prevención que deben adoptarse hoy.

Jorge Bernabé Lobo Aragón

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