El reciente editorial de LA GACETA sobre los desafíos del Camino del Perú merece ser ratificado y acompañado. Describe una realidad que los vecinos conocen desde hace años y que se agrava con el paso del tiempo: una vía concebida para otro volumen de circulación se ha convertido en un corredor congestionado, peligroso y cada vez más difícil de atravesar. Ya no estamos ante un problema desconocido, sino frente a una advertencia que todavía no ha recibido una respuesta proporcional a su gravedad. El Camino del Perú integra la ruta provincial 315. Sin embargo, en el sector comprendido entre la avenida Belgrano y la antigua curva de los Vega confluyen también las competencias de las municipalidades de San Miguel de Tucumán y Yerba Buena. Esa realidad se vuelve especialmente visible en el cruce de las calles Italia y Frías Silva y a la altura de la Escuela Justiniano Frías. Pero una frontera administrativa jamás puede convertirse en una tierra de nadie. Durante prolongados períodos del día -principalmente en los horarios de ingreso y salida escolar, al mediodía y después de las 18- cruzar desde cualquiera de ambos sectores resulta prácticamente imposible. El caudal vehicular ha superado largamente la capacidad de la avenida y los semáforos instalados en Italia y Frías Silva resultan insuficientes o inadecuados para ordenar semejante circulación. A ello se suma una conducta que vemos repetirse diariamente: automóviles y, de manera especial, motocicletas que aceleran ante la luz amarilla y atraviesan cuando la señal ya está en rojo. Sin un control permanente, coordinado y visible, el semáforo termina reducido a una recomendación que muchos deciden ignorar. La situación es todavía más preocupante en las inmediaciones de la Escuela Justiniano Frías. Allí cruzan niños, docentes, familias y vecinos mientras circulan camiones, colectivos, automóviles, motocicletas, bicicletas y peatones por un mismo espacio. Para un niño, un adulto mayor o una persona con discapacidad, atravesar una avenida no debería convertirse en una prueba de velocidad, destreza o valentía. Debe reconocerse el esfuerzo de los inspectores que trabajan en algunos de estos puntos. Sin embargo, su presencia y sus recursos resultan insuficientes frente a la magnitud del tránsito. No alcanza con controles aislados: se necesita una política común y sostenida. La Provincia y las municipalidades capitalina y de Yerba Buena deben acordar de inmediato un plan interjurisdiccional que contemple la revisión técnica y sincronización de los semáforos, fases seguras para peatones, presencia permanente de inspectores en los horarios críticos, control efectivo de motocicletas y velocidades, señalización, iluminación y protección especial en los accesos escolares. La futura conexión con la calle Fanzolato puede contribuir a descomprimir el tránsito, como sostiene acertadamente LA GACETA. Pero una obra proyectada para mañana no puede sustituir las medidas de prevención que deben adoptarse hoy.
Jorge Bernabé Lobo Aragón
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