Resumen para apurados
- La detención de siete policías federales en Santiago del Estero confirmó que contrabandistas usan rutas alternativas para evadir los controles del Operativo Lapacho.
- Los tours de compras desde Orán desvían su recorrido por la ruta provincial 4 de Santiago del Estero para eludir el puesto de 7 de Abril mediante el pago de presuntas coimas.
- El caso expone la persistencia del contrabando y la corrupción estructural en el NOA, lo que dificultará la prevención en un corredor clave también para el narcotráfico.
La detención de los siete policías federales dejó al descubierto varias situaciones que se viven a diario en las rutas del NOA. Una de ellas es la confirmación de una sospecha que desde hace tiempo manejaban los investigadores: los contrabandistas eligen los caminos del este de la región para transportar mercadería ingresada ilegalmente al país. Los bagayeros, en tanto, aseguran que las irregularidades en los controles son una práctica extendida y pronostican que el escenario difícilmente cambie.
Según surge de esta investigación -al igual que de otras realizadas en los últimos años-, los tours de compras parten principalmente de Orán y tienen como destino Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, entre otras provincias. De acuerdo con fuentes judiciales, desde esa ciudad salteña salen diariamente entre 50 y 60 excursiones comerciales hacia distintos puntos del país. Sin embargo, sólo una parte de ellas es sometida a controles exhaustivos.
Hace casi tres años, cuando se implementó el Operativo Lapacho, la Policía de Tucumán reforzó los controles en los puestos limítrofes de Colalao del Valle (ruta 40), Cabo Vallejo (ruta 9), Laguna de Robles (ruta 305) y 7 de Abril (ruta 34). Durante los dos primeros años del plan se registraron cifras récord de secuestros de mercadería de contrabando.
“Los bagayeros fueron modificando los recorridos para evitar los controles. Los informes de inteligencia nos advertían que muchos tours de compras elegían rutas santiagueñas para eludir el puesto de 7 de Abril”, explicó el comisario Fabio Ferreyra.
El funcionario recordó que el operativo nació con el objetivo de combatir el narcotráfico, pero con el tiempo también permitió detectar maniobras vinculadas con el contrabando y la evasión fiscal.
Las autoridades, sin embargo, se enfrentaron con otro inconveniente: la falta de espacio para almacenar los secuestros. Fuentes del Ministerio de Seguridad señalaron que esa situación obligó a priorizar determinados procedimientos. “Hoy se apunta principalmente a los grandes cargamentos, es decir, a quienes trasladan volúmenes importantes de mercadería”, explicó una fuente de esa cartera.
Según los investigadores, muchos micros utilizan la ruta provincial 4 de Santiago del Estero para evitar el control ubicado en 7 de Abril. Recorren unos 13 kilómetros por ese camino y luego vuelven a incorporarse a la ruta nacional 34 a la altura de Rapelli, la localidad donde fueron detenidos los policías federales.
Los especialistas consultados coinciden en que la causa podría tener un fuerte impacto en las tareas de prevención. Sostienen que ese corredor no sólo es utilizado por contrabandistas, sino que también resulta estratégico para organizaciones dedicadas al tráfico de drogas.
Quejas
Los bagayeros consultados por LA GACETA coincidieron en afirmar que las detenciones no les provocaron sorpresa.
“Desde hace años existen arreglos en distintos controles. Y cuando no los hay, siempre aparece alguna forma de esquivarlos”, sostuvo Mario Reartes, que alquila su utilitario para realizar viajes al norte del país.
Juliana Heredia, que comercializa ropa deportiva a través de redes sociales, aseguró que viaja regularmente a Bolivia para abastecerse de mercadería. “Voy al menos una vez por mes. Los coordinadores suelen pedir una suma de dinero para entregarla como propina en los controles. Es algo que, según escucho entre los pasajeros, viene ocurriendo desde hace varios años”, señaló.
Gustavo Herrera, otro comerciante consultado, fue aún más categórico. “El problema es que esto difícilmente se termine. Todas las semanas hago viajes para traer ropa y calzado. Muchas prendas que luego se venden en comercios del centro aparecen como si hubieran llegado desde Buenos Aires, cuando en realidad provienen de talleres bolivianos”, afirmó.









