La palabra “suicidio” dejó de ser ajena para muchos niños y adolescentes argentinos. Lo que años atrás era una expresión excepcional, hoy aparece con mayor frecuencia frente al enojo, la frustración o la angustia. Especialistas en salud mental advierten que el fenómeno está atravesado por las transformaciones digitales, la exposición temprana a contenidos violentos y la creciente dificultad para gestionar el malestar emocional.
Según datos oficiales, el suicidio es actualmente la segunda causa de muerte entre personas de 10 a 19 años en Argentina. En los últimos 25 años, la mortalidad por esta causa entre adolescentes llegó a triplicarse. Solo en 2023, los menores de 20 años representaron el 11,6% de los suicidios registrados en el país.
No obstante, los especialistas señalan que la preocupación no pasa únicamente por los casos consumados, sino también por la creciente circulación de ideas vinculadas a la muerte entre chicos que no necesariamente desean morir, pero encuentran en esas expresiones una forma de manifestar sufrimiento. Entre abril de 2023 y octubre de 2025 se notificaron más de 22.000 casos relacionados con comportamientos suicidas, de los cuales el 94% correspondió a intentos que no terminaron en muerte.
Parte de la normalidad
En diálogo con revista Noticias, la psicopedagoga Candela Astudillo observa que frases relacionadas con “querer morir” o “matarse” aparecen cada vez con más frecuencia en edades tempranas. “Son expresiones que están socialmente más naturalizadas que antes. Ante situaciones de enojo, frustración o desgano empiezan a aparecer como parte de la normalidad”, explica.
La especialista vincula este fenómeno con la presencia constante de plataformas digitales en la vida cotidiana. Según sostiene, muchos niños acceden a contenidos que incluyen violencia, autolesiones, muerte o desafíos peligrosos, incorporando esos lenguajes como algo habitual.
El psicólogo Francisco Laure coincide en que el término suicidio aparece cada vez más temprano. “A veces usan palabras con mucha liviandad porque las escuchan en redes o consumos digitales, pero no necesariamente entienden en profundidad lo que implican”, señala.
El riesgo, advierte, es que el suicidio comience a instalarse como una respuesta posible frente a los problemas de la vida.








