En el último Informe Económico Mensual del IAE Business School, Santiago Bulat, profesor de Economía en esa institución, plantea un interrogante que, hasta no hace mucho tiempo, desvelaba a los argentinos: ¿Qué va a pasar con el dólar? En primera instancia responde que ese interrogante siempre es un clásico en la Argentina y este año no va a ser diferente.
Para responder a esta pregunta es importante señalar que la macro de Argentina está cambiando mucho y esto impacta de lleno en los negocios. Cuatro años seguidos con brecha cambiaria elevada (hoy sería un dólar de $ 3.500 aproximadamente) y una tasa de interés real muy negativa hacían actuar al consumidor y a los empresarios de formas muy distintas a la manera en la que lo hacen hoy, con tipo de cambio bajo y una tasa de interés real que fue bastante positiva, hoy levemente más baja, aunque aún alta para la toma de préstamos, detalla el economista. Sin embargo, empieza a desaparecer en las conversaciones la idea de que se viene una brusca devaluación que volverá a licuar todo.
A partir de esto surgen dos cuestiones clave, entiende Bulat.
• La primera: ¿es sostenible este tipo de cambio?
• La segunda: si fuera sostenible, ¿cuál es el impacto dependiendo del sector?
Pero para responderlas es importante analizar que está pasando afuera. El dólar a nivel internacional se encuentra más debilitado, sobre todo desde la asunción de Donald Trump, y esto repercutió en la apreciación de todas las monedas emergentes. Por ejemplo, el tipo de cambio en Brasil había alcanzado 6,3 reales en enero 2025 y ahora se encuentra en torno a 5 por dólar. Algo similar ocurrió en Chile, Colombia y otros. También en Argentina. Por otra parte, los flujos de inversión a América Latina siguen firmes y esto lleva a que, a diferencia de lo que se podría haber esperado en medio de tensiones geopolíticas, continúe la confianza en mercados emergentes o por lo menos no haya habido salidas bruscas, detalla el consultor. Esto se refleja en niveles de riesgo país más bajos en la región, en general. Argentina acompaña esa dinámica con riesgo país que también comprime. Por último, muchos productos primarios -trigo, maíz, soja, oro, petróleo, plata- aumentaron sus precios internacionales, ayudando a las economías exportadoras. Argentina exporta todos estos bienes.
A su vez, las importaciones siguen aún muy rezagadas: 10% por debajo en el primer cuatrimestre respecto de igual período del año pasado. Por el contrario, los flujos de exportaciones se incrementaron 21% en el mismo lapso, dada una cosecha récord. A esto se suman las colocaciones de deuda de compañías en el exterior, que en 2025 fueron por U$S 17.500 millones y este año ya superan los U$S 6.500 millones. Es decir, un gran flujo de entrada de divisas.
“Todo esto nos invita a pensar la primera respuesta a la pregunta de si el dólar en este valor (¿bajo?) tiene sentido a la luz de lo que ocurre con los flujos. No sabemos si hacia adelante las importaciones subirán por mayor actividad, qué ocurrirá cuando pase la cosecha, si caerán los precios internacionales o si subirá el riesgo país. Pero hoy el valor del tipo de cambio tiene sentido”, considera Bulat.
Queda responder a la segunda pregunta. Si a futuro el valor del tipo de cambio real se sostiene en valores similares a los actuales, ¿cuáles serán sus efectos sectoriales? “Es evidente que el escenario es distinto para el sector hotelero, que esperaba que llegaran turistas brasileños como lo hacían en 2022 o 2023, o para el sector de la construcción, que necesita insumos baratos. Algunos festejarán y otros no, y así podríamos ir sector por sector”, expresa el economista.
Los desafíos dentro de las compañías hoy son múltiples, con márgenes más chicos, aumentos de costos medidos en dólares, inflación aun latente, tipo de cambio real estable, tasas de interés elevadas y costos logísticos y tributarios altos. No hay respuestas unificadas y el rol dentro de cada compañía para mejorar la competitividad se vuelve crucial, sabiendo incluso que hay factores que no dependen de la propia empresa.
“La economía está pasando lentamente de la pregunta 1 a la pregunta 2, pero el partido es largo. Aunque la economía argentina está yendo a la estabilización, aún no lo concretó y los años electorales siempre dan batalla. Por ahora 2026 saltea la pregunta 1. Pero en 2027, no sabemos cuál primará”, finaliza Bulat.
Escenario: “Sintonía fina”
GMA Capital prevé que el equilibrio macro puede entrar en una dinámica de “sintonía fina”. Esto implicaría una tasa real levemente positiva, una mayor depreciación, pero con un tipo de cambio real todavía apreciado hacia fin de año, y una desaceleración de la inflación más gradual. “El tipo de cambio oficial convergería hacia la zona de los $ 1.670 en diciembre, consistente con una dinámica de depreciación mensual algo más acelerada en la segunda mitad del año. En paralelo, la inflación encontraría mayores dificultades para perforar la zona del 2% si el frente cambiario comienza a mostrar algo más de tensión”, acota.









