El lugar donde aterrizar o “bombardear” la droga es el último detalle logístico que deben resolver los narcos. La falta de controles termina favoreciendo el desarrollo de la actividad ilícita que realizan las organizaciones que se inclinaron por este sistema de transporte de cocaína.
Según el registro de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), en todo el NOA, sin contar los aeropuertos ni los helipuertos, hay 33 pistas declaradas, lo que representa menos del 10% del total del país.
Salta, por donde ingresa la mayor cantidad de cocaína secuestrada, cuenta con 15. Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca tienen cinco cada una y Jujuy, tres. De esa cantidad de aeródromos, siete son públicos, es decir, cualquier piloto puede aterrizar. Las otras 26 tienen propietarios y sólo con su autorización se las puede utilizar.
Aquí surge el primer dato llamativo. Ninguna de esas pistas es controlada por las autoridades. Es decir, una aeronave que parte de Salta con plan de vuelo declarado y sistema de seguimiento puede aterrizar en un aeródromo de otra provincia sin que exista un control sistemático sobre la carga transportada.
“Personal de la Policía de Seguridad Aeroportuaria sólo los revisará si se detecta alguna irregularidad, como que se detuvieron en algún lugar o si cambiaron el punto de aterrizaje sin explicar los motivos”, sostuvo una fuente de la ANAC.
“Es un tema complejo porque humanamente es imposible controlar todos los aeródromos del país. Sin dudas, es un sistema frágil. Para mandar encomiendas el despachante está obligado a firmar una declaración jurada en la que informa que no está enviando material ilegal, pero se incrementaron los envíos de droga a través de este sistema”, sostuvo Jorge Dib, secretario de Lucha contra el Narcotráfico.
Los expertos sostienen que este problema tiene dos posibles soluciones. La primera es realizar inteligencia criminal, es decir, seguir muy de cerca los movimientos que hay en los aeródromos. La otra, recurrir a un sistema de radarización para detectar los vuelos irregulares. La disminución de los presupuestos de las unidades de lucha contra el narcotráfico y las fallas en el sistema de detección de los vuelos narcos atentan contra todas las buenas intenciones.
Pistas clandestinas
¿Qué pasa con las pistas clandestinas? Ese es el nuevo dilema al que se enfrentan las autoridades. Los narcos pueden utilizar cualquier terreno sólido para aterrizar sus avionetas o elegir un campo alejado para “bombardear” la cocaína. En la reunión del Consejo de Seguridad Interior NOA se dejó en claro que no existe un registro de las zonas que podrían estar siendo utilizadas por los narcos. La Nación tampoco les informó a los gobernadores de la región sobre algún plan para abordar esta problemática.
“Se requiere una mayor implementación de radares, aunque estas avionetas vuelan bajo para no ser detectadas y se camuflan con la actividad aérea agrícola, simulando tareas de fumigación en pistas propias o caminos vecinales. Hay discusiones jurídicas sobre la intercepción de vuelos. Ellos cambian rápidamente su modalidad cuando una es descubierta, invirtiendo en tecnología”, sostuvo el fiscal federal de Salta, Ricardo Toranzos.
Un caso en el Chaco salteño, que involucró a dos jóvenes pilotos de nacionalidad boliviana, dejó al descubierto el funcionamiento de los sistemas de asistencia en tierra que poseen estas aeronaves y cómo un error en la sincronización puede desbaratar una operación millonaria. “Allí aprendimos que usan geolocalización y reciben avisos desde tierra. En ese caso, los chicos 'bombardearon' la droga antes de tiempo y recibieron la orden de bajar a custodiarla. Quedaron atascados y eso permitió descubrir el sistema”.









