La Inteligencia Artificial (IA) dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una herramienta concreta dentro de los hospitales y consultorios. En Tucumán, médicos especialistas ya comenzaron a utilizar dispositivos inteligentes capaces de monitorear pacientes en tiempo real, detectar alteraciones clínicas y anticipar posibles complicaciones.
Uno de los impulsores de esta innovación es el traumatólogo tucumano Pablo Rotella, quien trabaja para incorporar tecnologías médicas que hoy ya funcionan en centros de salud de distintas partes del planeta. “El mundo avanza a pasos agigantados y hay que aprender a sacarle provecho a la IA”, remarca.
Uno de los dispositivos que comenzaron a usarse hace poco tiene la forma de una pequeña “mariposa” que, adherida al pecho, puede medir en tiempo real la presión arterial, la frecuencia cardíaca, la saturación de oxígeno y otros parámetros vitales mientras el paciente descansa en su casa después de una cirugía. Si alguno de esos valores se altera, una alarma se activa automáticamente y un médico puede intervenir antes de que aparezca una complicación mayor.
Rotella, junto al cardiólogo Martín González, lleva adelante un protocolo de monitoreo postoperatorio con el uso de esta IA, a través de la cual se busca revolucionar la forma en que se controlan los pacientes luego de una intervención quirúrgica.
“Yo no quiero cambiar la medicina con esto”, aclara Rotella. “Lo que quiero es que la gente sepa que existe y que en Tucumán también podemos tener tecnología de punta”, agrega.
El médico - que dirige el Instituto Rotella- contó que la incorporación de IA surgió a partir de su vínculo con González, cardiólogo radicado en Buenos Aires. Juntos comenzaron a explorar nuevas formas de aplicar tecnología médica avanzada al seguimiento de pacientes quirúrgicos. Según detalló, el sistema pertenece a la empresa Biobeat y funciona mediante fotopletismografía, una tecnología capaz de captar señales fisiológicas a través de ondas que atraviesan los tejidos.
“Es un aparato de grado médico. No es un reloj inteligente ni algo que cualquiera pueda usar solo. Esto tiene monitoreo médico permanente y un respaldo científico”, remarca el traumatólogo.
El dispositivo, del tamaño de un pequeño parche adhesivo, se conecta por bluetooth al teléfono celular del paciente. Desde allí, los datos viajan a un centro de monitoreo donde son analizados por doctores en tiempo real mediante inteligencia artificial.
Este sistema puede realizar miles de mediciones en apenas 24 horas de 14 parámetros; entre ellos, la frecuencia cardíaca, presión arterial, saturación de oxígeno, frecuencia respiratoria, la saturación de oxígeno en sangre, la temperatura corporal y otros indicadores fundamentales para detectar deterioros clínicos de manera precoz.
Aclaró que la inteligencia artificial no realiza diagnósticos definitivos, pero sí detecta alteraciones y activa alertas tempranas. Si la presión arterial sube o aparecen cambios llamativos, el equipo médico recibe una notificación inmediata.
“Por ejemplo, cuando empezó a irse la anestesia de un paciente, la presión comenzó a subir”, explica. “Entonces el cardiólogo llamó al paciente y le dijo qué debía hacer. Se anticipó el problema”, recalca.
Experiencia piloto
La experiencia piloto ya se realizó en Tucumán con un paciente operado de una fractura de clavícula. Tras la cirugía, el hombre regresó a su casa con el dispositivo colocado y permaneció monitoreado durante 24 horas. “Nos decía que se sentía tranquilo porque sabía que alguien lo estaba mirando todo el tiempo”, recuerda el médico. “Eso también es medicina”, apunta.
Rotella sostiene que el objetivo no es solamente mejorar el control clínico, sino también reducir el estrés emocional que generan las internaciones prolongadas.
“Muchas veces el paciente quiere estar en su casa, con su familia, descansando tranquilo. Y esto permite justamente eso: sentirse contenido sin necesidad de permanecer internado”, destaca. Y aclara que el sistema apunta especialmente a la llamada cirugía mayor ambulatoria, es decir, intervenciones en las que el paciente puede regresar a su hogar el mismo día.
“Una fractura de muñeca, por ejemplo. Te operás, hacés una recuperación corta y te vas a tu casa monitorizado”, explica. “Eso cambia muchísimo la experiencia del paciente”, añade.
Además, el médico cree que esta tecnología podría reducir costos y aliviar la saturación del sistema sanitario. “En otros países ya demostraron muchos beneficios. Si un paciente puede volver antes a su casa, liberás camas, reducís gastos y aumentás la capacidad de atención”, especifica.
Actualmente, el protocolo se encuentra en etapa experimental. En estos días se utilizará esta tecnología en pacientes operados en Catamarca y Mendoza.
Rotella reconoce que el precio de los dispositivos todavía puede resultar elevado para la realidad argentina. Aun así, insiste en que el desafío es pensar a largo plazo y lograr que estas herramientas puedan integrarse algún día al sistema público y privado de salud. “Hay que buscar soluciones que permitan optimizar recursos”, sostiene.
En medio del avance acelerado de la inteligencia artificial en medicina, Rotella imagina un futuro donde las cirugías, el monitoreo remoto y los algoritmos trabajen de manera integrada. “Esto no reemplaza al médico”, aclara. “La inteligencia artificial es una herramienta más. Lo importante sigue siendo que el paciente se sienta cuidado”, concluye.
¿Aliada o enemiga?
Desde diagnósticos más precisos hasta robots que asisten en cirugías, la IA promete revolucionar la forma en que cuidamos la salud. Pero como todo gran cambio, también existen dudas y temores. ¿Por qué muchos sectores ven a la IA como enemigo? “Por miedo y por desconocimiento, más que por la tecnología en sí. Hay un temor lógico a quedar reemplazados, pero ahí está el malentendido: la IA no reemplaza al médico, reemplaza al médico que no la usa por el que sí. El que la ve como enemigo en general nunca la usó bien. Cuando la incorporás como un copiloto -que te ordena la información, te alerta de lo que se te puede pasar y te libera tiempo para mirar al paciente a los ojos- el miedo se transforma en alivio. El verdadero riesgo no es la IA; es usarla mal, sin criterio clínico y sin control humano arriba”, explica el doctor Abel Novillo, director de la diplomatura en Medicina Asistida por Inteligencia Artificial, que se dicta en la Universidad San Pablo-T.
El profesional habló sobre lo más prometedor de la IA en el campo de la medicina. “Hay tres cosas que ya se ven. Primero, el diagnóstico asistido: imágenes, patología, detección temprana donde el ojo humano flaquea. Segundo, la medicina personalizada de verdad: cruzar la historia, los biomarcadores y la evidencia para decidir el tratamiento de ese paciente y no de un paciente promedio como hacemos hasta ahora. Y tercero, lo más subestimado: sacarnos la carga administrativa de encima. Si la IA me arma la evolución, el informe y la búsqueda bibliográfica, me devuelve lo más escaso que tenemos, que es tiempo para el paciente. Baja el burnout médico y eso ya esta demostrado”, especificó.
Realidad: usan la IA en asistencia, investigación, clínica y gestión
Novillo dejó en claro que la Inteligencia Artificial (IA) no es futurología y que en Tucumán ya se está usando en muchos espacios de salud. El medico contó que en el Sanatorio 9 de Julio, donde él se desempeña, vienen trabajando con flujos de IA para asistencia, investigación clínica y para gestión. “Además, estamos formando médicos en la diplomatura que dirijo en la Universidad San Pablo T. Tenemos 100 inscriptos de todo el país en la primer cohorte. Más de 50 son de Tucumán. Se les enseña a aplicar estas herramientas en el consultorio real, con datos anonimizados y criterio clínico. No solo divulgando IA, haciendo talleres con casos reales y de situaciones concretas”, precisó.



