Tan inquieto como prolífico en su producción literaria, Marcos Rosenzvaig vuelve a apostar por una ficción atravesada por preguntas incómodas sobre el amor, la creación, el deseo y la identidad. Son algunas de las aristas que se desprenden de “Qué difícil es decir te quiero”, novela que presentará mañana en el marco del Mayo de las Letras. La cita será a las 18 en el Centro Cultural Rougés (Laprida 31), escenario más que apropiado teniendo en cuenta que al frente, en la plaza Independencia, funcionará hasta el sábado la ferial regional del libro.
Para Rosenzvaig la ocasión tiene un valor simbólico especial, ya que por primera vez trabajó con editores de su provincia natal, en este caso el sello independiente La Papa. “Me pareció una editorial muy interesante y yo quería tener una novela publicada en Tucumán”, destacó, al tiempo que ponderó la distribución nacional asegurada para el libro, todo un desafío para La Papa .
Pero más allá del acontecimiento editorial, “Qué difícil es decir te quiero” aparece como una de las propuestas más singulares de la reciente producción de Rosenzvaig. Los géneros se contaminan deliberadamente a lo largo de la historia: una obra de teatro dentro de una novela, una novela dentro de otra novela y personajes que parecen desplazarse constantemente entre la ficción y la representación.
Se trata de un juego de espejos que parte del hecho teatral. Un escritor observa desde la platea cómo su propia historia amorosa se convierte en representación escénica. A partir de allí, la narración se multiplica en voces, recuerdos, tensiones y desplazamientos donde ya no resulta sencillo determinar qué pertenece a la vida, qué al teatro y qué a la imaginación.
Rosenzvaig vuelve, además, sobre algunas obsesiones temáticas que atraviesan buena parte de su producción, como son las relaciones humanas, las pasiones extremas y los vínculos amorosos atravesados por el deseo y por la fragilidad.
“Acá es el amor de una chica muy joven, que tiene todo. Es brillante, inteligente, universitaria, y al mismo tiempo completamente destruida -describió-. Y con el deseo de ser exitosa, el deseo de ser famosa, se encuentra con un escritor que también quiere lo mismo”. Así, la novela pone en tensión el vínculo entre literatura y reconocimiento público. Rosenzvaig reflexiona sobre cómo muchas veces el mundo literario se confunde con la lógica del espectáculo, aunque ambos recorran caminos diferentes. “A veces, en pequeñas ocasiones, se juntan y tenemos un best-seller que realmente es fantástico y literariamente muy bueno, pero por lo general todo lo ajeno a la literatura corre por otro camino”, enfatiza.
En profundidad
La historia de “Qué difícil es decir te quiero” acredita un largo recorrido personal. “Es una obra de teatro que escribí hace 20 años -reveló Rosenzvaig-. La tomé, escribí una novela y se publicó, pero no quedé conforme. Entonces tomé esa novela y la reescribí, dándole características completamente distintas”. Entre esas transformaciones aparece un personaje decisivo, un actor que termina apropiándose de la historia y de la propia identidad del escritor.
La estructura narrativa avanza entonces sobre distintos planos simultáneos: lo que ocurre en el escenario, la vida íntima de los actores antes de entrar en escena, las reacciones del público y los recuerdos del escritor que revive su historia amorosa mientras observa la representación.
“Está todo cruzado -resumió Rosenzvaig-. Aparecen la comicidad y esa cosa casi grotesca de personajes del submundo, medio arltianos, semimafiosos o mafiosos de pacotilla”. Esa referencia a Roberto Arlt no es casual, porque el universo de Rosenzvaig incorpora personajes marginales, delirantes y contradictorios que se mueven en una atmósfera donde conviven el lirismo, el humor y cierta violencia emocional. De allí que uno de los elementos más impactantes de la novela es la decisión de la protagonista, Lorena, de convertir su propio cuerpo en soporte literario. Junto al escritor, diseña la idea de tatuarse el texto completo en la piel.
La imagen de la mujer convertida en libro constituye uno de los núcleos simbólicos más potentes de la obra. En una reseña publicada por Caras y Caretas, Eugenio López Arriazu señala que Lorena encarna literalmente la novela y que ya no queda piel sin escribir. Una mujer-libro. La reseña interpreta además que Rosenzvaig construye una ficción donde múltiples discursos se superponen para impedir cualquier lectura definitiva. “La segunda gran estrategia es multiplicar los discursos. Imbricarlos como cajas chinas para que hablen unos contra otros”, escribe López Arriazu.
Sin embargo, debajo de esa compleja arquitectura narrativa persiste una pregunta sencilla y brutal. Se trata de cómo decir “te quiero” en un tiempo donde las palabras parecen desgastadas. En el universo de Rosenzvaig, donde todos parecen actuar incluso fuera del escenario, el amor aparece como aquello que desarma cualquier representación perfecta.
La presentación de mañana en el Rougés permitirá volver sobre esas preguntas y acercarse a una obra que apuesta por incomodar, emocionar y desafiar las formas convencionales de narrar. Una novela donde el teatro invade la literatura, la piel se convierte en escritura y el amor deja de ser una certeza para transformarse en una búsqueda llena de contradicciones.










