ESTUDIO. La cáscara de limón asoma como materia prima con alto potencial.
La Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) fue sede del lanzamiento de la IVª edición de “Tucumán Impacta”, un ciclo de encuentros orientado a visibilizar iniciativas con impacto ambiental, económico y social en la región. La actividad se desarrolló bajo modalidad de conversatorio y de recorrido en territorio, con cupos completos.
La apertura estuvo a cargo del director técnico de la Eeaoc, Hernán Salas López, quien presentó el trabajo institucional y destacó el rol de la entidad agrocientífica como generadora de conocimiento aplicado, articulando ciencia, producción e innovación para el desarrollo agroindustrial del NOA. “La misión es contribuir al desarrollo sostenible del sector agroindustrial mediante la investigación y la innovación tecnológica, la transferencia y los servicios especializados. Como visión, ser centro de referencia en el ámbito nacional e internacional de innovación tecnológica para la generación de actividades sostenibles de la industria”, dijo.
Silvana Guerrero, CEO y organizadora de Tucumán Impacta, explicó que el espacio busca mostrar acciones sociales y ambientales concretas, promoviendo la construcción colectiva entre instituciones, Organizaciones no Gubernamentales (ONG) y profesionales comprometidos con el desarrollo territorial. Además, presentó a las expositoras y coordinó el conversatorio. “Tucumán Impacta Inmersivo nace con cuatro objetivos claros: visibilizar experiencias reales de desarrollo en territorio, con proyectos que ya están transformando la matriz productiva y social de Tucumán; promover la articulación entre sectores, conectando investigadores, empresas, Estado y organizaciones civiles; impulsar una mirada integral del crecimiento, donde la innovación, la inclusión y la sostenibilidad sean parte de la misma agenda; y fortalecer vínculos institucionales y productivos, generando redes de colaboración que trasciendan el evento”, explicó.
En representación de la Eeaoc, Paula Diez, Beatriz Juárez y Ana Castagnaro, de la sección Química, abordaron el potencial de los subproductos agroindustriales. En este marco, se expusieron trabajos vinculados al aprovechamiento de la cáscara de limón y al desarrollo de nuevos productos derivados de la caña de azúcar, destacando el aporte de la biotecnología para la obtención de alimentos más saludables y la generación de valor agregado.
Catiana Zampini, investigadora del Instituto de Bioprospección y Fisiología Vegetal (Conicet-UNT), disertó sobre el “Aprovechamiento sostenible de recursos genéticos nativos (RGN) del NOA para promover el desarrollo socioeconómico de la región”, poniendo en valor la biodiversidad como recurso estratégico.
Por su parte, Enzo Raimondo, investigador de la planta piloto de Procesos Industriales Microbiológicos (Proimi), presentó avances en el uso de actinobacterias ambientales aplicadas a procesos de biorremediación, con impacto en la sostenibilidad ambiental.
También participó Virginia Ávila, secretaria de Relaciones Internacionales y Empresariales de Tucumán, junto a autoridades, representantes del Conicet, de la UNT, empresas de la provincia y de diferentes organizaciones.
Cáscara de limón
Las investigadoras Diez y Juárez expusieron los avances de un programa orientado a la revalorización de subproductos de la industria citrícola, con especial foco en la cáscara de limón.
El objetivo principal de la iniciativa es transformar derivados industriales en insumos de valor agregado, promoviendo nuevas aplicaciones tanto en la industria alimentaria como en el ámbito de la salud. En este sentido, la cáscara de limón se posiciona como una materia prima con alto potencial.
Según explicaron las especialistas, en Tucumán aproximadamente el 70% de la producción de limón se destina a la industria. De este proceso se obtiene, entre otros subproductos, la cáscara deshidratada, que no solo incluye la parte externa del fruto, sino también restos de pulpa, semillas y otros componentes. Actualmente, este material se exporta para su procesamiento en el exterior y en algunos casos, se utiliza como alimento para ganado.
Sin embargo, el equipo de investigación plantea la necesidad de avanzar en el desarrollo local de estos subproductos. “Si ya somos proveedores de materia prima, ¿por qué no generar nosotros mismos productos con mayor valor agregado?”, señalaron durante la exposición.
El proceso de transformación incluye etapas como el desamargado y la decoloración de la cáscara, fundamentales para su incorporación en productos alimenticios.
De esta manera, el proyecto busca impulsar la innovación y el desarrollo de productos con beneficios funcionales, alineados con las tendencias actuales de consumo saludable.
Alimentos saludables
Castagnaro, del Laboratorio de Investigaciones Microbiológicas de la Eeaoc, presentó avances en el desarrollo de nuevos productos derivados de la caña de azúcar, con foco en la innovación biotecnológica y la generación de alimentos más saludables.
La iniciativa surge como parte de una estrategia institucional orientada a diversificar la industria sucroalcoholera, tradicionalmente centrada en la producción de azúcar y bioetanol. El objetivo es avanzar hacia la obtención de productos con mayor valor agregado que respondan a la creciente demanda de alimentos funcionales.
En este contexto, la especialista expuso sobre los fructooligosacáridos (FOS), compuestos que se posicionan como alternativa prometedora dentro del campo de la nutrición. Se trata de carbohidratos de cadena corta. Más allá de su estructura química, lo más relevante de los FOS es su comportamiento en el organismo. Son considerados fibra soluble, con un sabor naturalmente dulce, pero con la particularidad de que no pueden ser digeridos ni absorbidos como la glucosa. Es decir, sirven de alimento para las bacterias beneficiosas de la microbiota intestinal, favoreciendo su crecimiento y contribuyendo al equilibrio del sistema digestivo.
Entre los principales beneficios asociados a su consumo, se destacan la mejora de la salud intestinal, la reducción de microorganismos patógenos y la posible prevención de enfermedades del tracto digestivo y metabólico, como la diabetes. Además, diversos estudios señalan que los FOS pueden actuar como moduladores del sistema inmunológico, mejorar la absorción de calcio, contribuir a la reducción del colesterol en sangre y colaborar en la regulación de la presión arterial.
Este enfoque se enmarca en un modelo de biorrefinería, que propone aprovechar integralmente la materia prima para generar múltiples productos de alto valor. En este sentido, la diversificación de la industria sucroalcoholera se presenta no solo como una oportunidad, sino como una necesidad para mejorar la competitividad del sector.







