PRESENTE Y FUTURO. Messi es el emblema de la selección argentina; "Nico" Paz, uno de los futbolistas que aspiran a continuar su legado.
Resumen para apurados
- Lionel Scaloni presentó la prelista de 55 jugadores para el Mundial 2026, combinando a los campeones de Qatar con jóvenes talentos para iniciar la renovación de la Selección.
- La nómina mantiene a Messi y la base titular, pero suma a juveniles como Mastantuono y Paz, reflejando una formación cada vez más globalizada y acelerada en clubes europeos de élite.
- El plan busca evitar la complacencia tras el título y construir un puente hacia el futuro, garantizando competitividad y el entorno ideal para el último mundial de Lionel Messi.
Las listas mundialistas siempre funcionan como una fotografía. Congelan un momento futbolístico, muestran estados de forma, premian rendimientos y también dejan heridas abiertas. Pero la prelista de 55 jugadores que presentó Lionel Scaloni rumbo al Mundial 2026 también parece contar algo mucho más profundo. Se trata de la confirmación de que la selección argentina ya empezó a cambiar de piel, incluso mientras sigue abrazada a los héroes de Qatar 2022.
Porque sí; ahí sigue Lionel Messi. Sigue estando el capitán que cambió para siempre la historia del fútbol argentino y que, a punto de cumplir 39 años, se prepara para un último baile en el que ya no tendrá nada que demostrarle a nadie. También continúan otros nombres que levantaron la Copa del Mundo en Lusail: Emiliano Martínez, Cristian Romero, Rodrigo De Paul, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández, Julián Álvarez o Lautaro Martínez. La columna vertebral todavía está ahí; pero alrededor de esa estructura empezó a crecer otra cosa.
La lista de Scaloni tiene olor a recambio, aunque todavía no lo parezca. Porque entre esos 55 nombres aparecen futbolistas que no pertenecen a la generación de Qatar, sino a la que probablemente domine el ciclo que viene.
Ahí están Franco Mastantuono, Claudio Echeverri, Nicolás Paz, Alejandro Garnacho, Santiago Castro, Gianluca Prestianni o Mateo Pellegrino. Algunos ni siquiera terminaron de consolidarse en Primera y ya aparecen orbitando una Copa del Mundo, y eso quizás sea lo más interesante de esta lista.
La nómina no parece pensada solamente para defender el título en Estados Unidos, México y Canadá; da la sensación de haber sido diseñada para construir el puente hacia el futuro.
Scaloni entendió antes que nadie algo que suele destruir a las selecciones campeonas: quedarse quietas, de brazos cruzados, creyendo que el título también funciona como un escudo que las hace imbatible.
Argentina no podía vivir eternamente de Qatar y tampoco podía transformarse en un museo emocional que repitiera nombres solamente por nostalgia. Por eso la renovación empezó mucho antes de que se hablara de ella.
La Selección comienza a cocinarse lejos de Argentina
La presencia de juveniles que juegan o jugarán en gigantes europeos también expone otra realidad. La Selección campeona del mundo ya casi no se construye en el fútbol argentino. Por el contrario, se exporta cada vez más rápido. Mastantuono ya pertenece a Real Madrid, Echeverri crece en Europa, Garnacho se formó afuera y “Nico” Paz explotó lejos de los “gigantes” tradicionales de Italia. La “Scaloneta” del futuro tendrá cada vez menos tiempo de maduración local y más formación global.
Y en el medio de todo vuelve a aparecer Messi, aunque ahora desde un lugar distinto. Ya no como el futbolista obligado a cargar con todo, sino como el símbolo alrededor del cual gira una generación que entendió cómo sostenerlo. La Selección ya no parece jugar para salvar a Messi, hoy más bien parece ser diametralmente lo contrario. Ahora esta Selección parece organizada para darle el contexto ideal a su última función.
Tal vez por eso esta prelista tiene algo inevitablemente emocional. Porque mientras aparecen apellidos nuevos que empujan desde atrás, también empieza a sentirse el final de una era que, aunque a muchos les cueste aceptarlo, será irrepetible. Porque esta generación de futbolistas quedará en el recuerdo como la que le puso punto final a todas las maldiciones y convirtió a Argentina, por tercera vez en su historia, en campeona del mundo.







