
El cáncer de ovario es en la actualidad uno de los mayores desafíos dentro de la salud femenina en Argentina. Con más de 2.000 casos nuevos por año y una alta tasa de diagnóstico tardío, los especialistas advierten que se trata de una enfermedad difícil de detectar a tiempo, en gran parte por la falta de síntomas claros en sus primeras etapas.
En ese marco, profesionales del sistema de salud provincial insistieron en la necesidad de reforzar la concientización. La médica Italia Vega, referente del Programa de Prevención del Cáncer de Cuello Uterino, explicó que esta patología “continúa representando un reto a la hora de arribar a un diagnóstico precoz”, justamente porque los signos suelen ser inespecíficos o aparecen cuando la enfermedad ya está avanzada.
“En el 70% de los casos el diagnóstico se realiza en estadios avanzados”, señaló la especialista. Este dato coincide con lo que marcan distintos estudios a nivel nacional, que ubican al cáncer de ovario entre los tumores ginecológicos con mayor mortalidad relativa, pese a no ser el más frecuente. En Argentina, se posiciona alrededor del sexto lugar en incidencia entre los cánceres en mujeres.
A nivel mundial, se estiman más de 300.000 nuevos casos de cáncer de ovario por año y cerca de 200.000 muertes, lo que lo convierte en uno de los tumores ginecológicos más letales. Esta carga global refuerza la preocupación de los especialistas por mejorar las estrategias de detección y seguimiento.
Una de las principales dificultades es que los síntomas pueden confundirse con trastornos digestivos o molestias habituales. Dolor abdominal, hinchazón persistente, sensación de saciedad rápida o cambios en el ritmo intestinal suelen ser señales que pasan desapercibidas o no generan una consulta inmediata.
En ese sentido, Vega remarcó que no se deben minimizar estas manifestaciones, especialmente cuando se sostienen en el tiempo. “Son síntomas comunes, pero pueden ser una señal de alerta”, advirtió, al tiempo que recomendó acudir al médico ante cualquier duda para una evaluación oportuna.
A diferencia de lo que ocurre con otros tipos de cáncer, no existe un método de detección precoz específico y efectivo para el cáncer de ovario en la población general. Por eso, los controles ginecológicos periódicos cobran un rol central. La realización de ecografías y el seguimiento clínico permiten identificar posibles alteraciones, sobre todo en pacientes con factores de riesgo.
La edad
Entre esos factores, la especialista mencionó la edad, ya que la enfermedad se presenta con mayor frecuencia en mujeres después de los 50 años, aunque no de manera excluyente. También influyen los antecedentes familiares de cáncer de mama, colon o recto, así como la presencia de mutaciones genéticas como BRCA1 y BRCA2.
Otros elementos a tener en cuenta son no haber tenido embarazos o haberlos tenido a edades más avanzadas, debido al mayor número de ciclos ovulatorios a lo largo de la vida. En algunos casos, el marcador tumoral CA125 puede utilizarse como herramienta complementaria, aunque su elevación no es exclusiva de esta enfermedad.
Ya que el pronóstico depende en gran medida del momento del diagnóstico, los especialistas coinciden en un punto clave. Escuchar al cuerpo, sostener los controles y consultar ante síntomas persistentes puede marcar la diferencia en una enfermedad que, muchas veces, avanza en silencio.









