
César Chelala
Columnista invitado
El 24 de febrero de 2022, Rusia lanzó una invasión a gran escala de Ucrania, considerada por muchos como el mayor conflicto en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. La invasión —llamada por el presidente ruso Vladimir Putin una “operación militar especial”— tenía como objetivo apoyar a las repúblicas separatistas de Donetsk y Luhansk, respaldadas por Rusia, y cuestionar la legitimidad de Ucrania como Estado.
Según las declaraciones iniciales de Putin, la operación tomaría solo un par de semanas. Más de cuatro años después, la invasión no ha logrado subyugar al gobierno ucraniano, y la victoria sigue siendo tan esquiva como siempre. El costo material para ambos países, sin embargo, ha sido enorme.
Rusia también ha enfrentado una condena casi universal por sus acciones. La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución condenando la invasión y exigiendo la retirada total de las fuerzas rusas. La Corte Internacional de Justicia pidió a Rusia detener las operaciones militares, y el Consejo de Europa expulsó a Rusia de su membresía.
Mientras tanto, la Corte Penal Internacional (CPI) está investigando a Rusia por crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra, genocidio contra los ucranianos y el secuestro de niños ucranianos. En un desarrollo particularmente vergonzoso para una gran potencia, la CPI ha emitido órdenes de arresto contra Vladimir Putin y otros altos funcionarios rusos.
Las pérdidas materiales de Rusia han sido detalladas en un informe de 2026 del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) en Washington, D.C., coescrito por Seth G. Jones y Riley McCabe, titulado Russia’s Grinding War in Ukraine.
Según este informe, desde febrero de 2022 las fuerzas rusas han sufrido casi 1.2 millones de bajas, incluyendo muertos, heridos y desaparecidos. Se estima que el número de muertos asciende a 325,000. Ninguna otra potencia mundial ha sufrido niveles de bajas o muertes similares en ninguna guerra desde la Segunda Guerra Mundial.
Las muertes rusas en Ucrania son más de 17 veces mayores que las muertes soviéticas en Afganistán durante la invasión de ese país, y más de cinco veces mayores que todas las muertes rusas y soviéticas combinadas desde la Segunda Guerra Mundial. Para empeorar las cosas, las fuerzas rusas han ralentizado significativamente su avance, ganando menos del 1.5 por ciento del territorio ucraniano desde comienzos de 2024.
Aunque la guerra en Irán ha proporcionado a Rusia un inesperado impulso económico —debido en gran parte al aumento de los precios del petróleo— es probable que esta sea una situación temporal, con un impacto limitado a largo plazo en una economía ya sometida a una considerable presión.
La manufactura rusa ha disminuido, el poder adquisitivo de los consumidores ha caído, la inflación es alta y el país enfrenta una escasez de mano de obra. En 2025, el crecimiento económico se desaceleró al 0.6 por ciento, y Rusia está rezagada en tecnologías emergentes como la inteligencia artificial. No tiene ninguna empresa entre las 100 principales firmas tecnológicas del mundo según capitalización de mercado.
Aunque la economía rusa ha resistido mejor de lo que muchos esperaban tras las sanciones occidentales, muestra señales claras de estrés: la manufactura ha caído, la productividad a largo plazo parece sombría, la inversión extranjera es débil y el país es incapaz de endeudarse en los mercados internacionales.
Salvavidas
China se ha convertido en el salvavidas económico de Rusia. El comercio entre China y Rusia alcanzó casi 250 mil millones de dólares en 2024, frente a 190 mil millones en 2022, y China ha sido el principal socio comercial de Rusia desde 2014. Rusia exporta grandes cantidades de petróleo a China —crucial durante crisis como la invasión estadounidense e israelí de Irán y el control iraní del estrecho de Ormuz. El estrecho es vital para la energía global, ya que entre el 20 y el 30 por ciento del petróleo y gas natural licuado del mundo pasa por allí cada día.
China, por su parte, ha incrementado sus exportaciones a Rusia de artículos “de alta prioridad”, incluidos chips de computadora, máquinas herramienta, radares y sensores necesarios para sostener el esfuerzo bélico ruso. Estas exportaciones han ayudado a Rusia a triplicar su producción de misiles balísticos Iskander M, utilizados para atacar ciudades ucranianas.
Debido a que las exportaciones manufactureras y los bienes de alta tecnología de Rusia son limitados, el país tiene pocas posibilidades de reintegrarse al sistema global de comercio y finanzas. Aunque Rusia posee un gran arsenal nuclear, no califica como una gran potencia en términos económicos o de ciencia y tecnología.
Más allá de su débil economía, la segunda gran vulnerabilidad de Rusia es el enorme número de soldados muertos y mutilados durante la guerra. Además, un gran número de jóvenes profesionales y técnicos ha abandonado el país, reacios a participar en una guerra en la que no creen.
Aunque Rusia tiene muchos más soldados que Ucrania, los funcionarios rusos nunca esperaron el tipo de resistencia heroica que Ucrania ha mostrado. Los soldados rusos que se niegan a ir al frente enfrentan severos castigos por parte de sus comandantes.
Según Simon Ostrovsky, corresponsal especial del programa estadounidense PBS News, se han presentado casi 12,000 denuncias acusando a comandantes de corrupción y violencia contra sus propios soldados.
Ostrovsky informa que cientos de videos que circulan en redes sociales rusas revelan castigos brutales por parte de oficiales superiores que extorsionan a sus hombres. Quienes se niegan a entregar dinero son encerrados en jaulas, electrocutados o agredidos sexualmente. Los sobrevivientes deben pagar sumas enormes para ser declarados no aptos para el servicio, o son enviados a combatir sin importar su condición física.
Esto ocurre mientras los cementerios militares en Rusia se quedan sin espacio para enterrar a los muertos, y las autoridades ocultan la magnitud de las pérdidas eliminando los cementerios de los mapas. Algunos soldados afirman tener que entregar más del 80 por ciento de su salario simplemente para mantenerse con vida. Es un retrato desolador de una guerra que está corroyendo el alma de Rusia y que tendrá consecuencias durante muchos años.









