No descartan la participación de otras personas en el crimen de Érika Antonella Álvarez

El fiscal Pedro Gallo espera el resultado de pericias que pueden llevar a identificar a otros implicados en el caso que movilizó a los tucumanos.

EN LA ESCENA. Peritos del ECIF buscaron evidencias en lugar donde fue encontrado el cuerpo de Érika Álvarez. EN LA ESCENA. Peritos del ECIF buscaron evidencias en lugar donde fue encontrado el cuerpo de Érika Álvarez.

La investigación del femicidio de Érika Antonella Álvarez tiene una certeza: Felipe “El Militar” Sosa es el principal sospechoso, pero no el único. Si bien es cierto que Justina Gordillo, Nicolás Navarro Flores y Jorge Orlando Díaz fueron procesados por encubrimiento, no se descarta que haya más involucrados en el crimen de la joven de 25 años. “La pesquisa avanza, pero no se cerró aún”, sostuvo una fuente judicial.

Érika salió de su casa para dirigirse a la vivienda de Sosa, ubicada en Yerba Buena. Dos días después, su cuerpo fue encontrado en el interior de una bolsa de consorcio que había sido arrojada en un descampado de Manantial Sur. La autopsia reveló que fue asesinada a golpes.

El primer detenido fue, justamente, “El Militar”. Lo atraparon en Buenos Aires, cuando supuestamente estaba pensando en fugarse al exterior. A partir de ese momento comenzaron a surgir numerosos indicios de lo que podría haber ocurrido. Al parecer, Sosa organizaba fiestas en las que se consumía droga que él vendía y donde se practicaba sexo grupal. De esos encuentros habrían participado personas con presuntos vínculos con el poder político y económico de Tucumán.

“El Militar” fue acusado en un primer momento de homicidio simple, pero con el transcurso de la investigación se encontraron evidencias para agravar la imputación en su contra. Se le endilgó el agravante de femicidio, que contempla una pena de prisión perpetua.

Pruebas y algo más

El fiscal Pedro Gallo tiene dos pruebas categóricas para sostener su teoría del caso. Confirmó que Érika tomó un Uber que la llevó a la casa del sospechoso. La otra, aún más contundente, es que los restos biológicos encontrados bajo las uñas de la joven pertenecían al “Militar”, según la comparación genética realizada. Los especialistas consideran que la víctima no sólo estuvo con el imputado, sino que además habría intentado defenderse cuando recibió la mortal golpiza.

INVESTIGADOR. El fiscal Pedro Gallo no cerró aún la investigación. INVESTIGADOR. El fiscal Pedro Gallo no cerró aún la investigación.

El representante del Ministerio espera los resultados de dos pericias que pueden ser determinantes. Una de ellas son los análisis de los teléfonos celulares que le secuestraron a Sosa. Según confiaron fuentes judiciales, sólo a uno de ellos se le pudieron extraer los datos para su análisis.

El otro, un iPhone, está en proceso porque el acusado no habría aportado los datos para desbloquearlo. “No estamos preocupados porque sabemos que el peritado es el que usaba frecuentemente”, sostuvo un investigador.

La otra es una pericia genética que fue solicitada días atrás y que se mantenía en reserva. Se confirmó que en la bolsa donde se ocultó el cuerpo de Érika se encontraron restos de saliva. Ahora serán comparados con los perfiles de todos los procesados en la causa para determinar si coinciden con alguno de ellos.

La duda

En las últimas audiencias que se realizaron en el caso, Gallo insiste en que podrían haber participado otras personas. No pierde las esperanzas de que surjan datos sobre quienes estuvieron en la escena del crimen. “Todo se está analizando detenidamente”, sostuvo una fuente cercana a la investigación.

Hay un dato preciso que despierta el interés de los pesquisas. En la noche en que se registró el femicidio, Sosa llegó a su casa en una moto acompañado por una mujer. Las hermanas de Érika dijeron que era ella, pero esa versión quedó desmentida.

Sí confirmaron que la víctima arribó a la vivienda del “Militar” varias horas después, a bordo de un Uber que había tomado en su domicilio. ¿Quién es esa persona? Es una pregunta que no tiene respuesta por el momento.

Los testimonios de dos de los tres procesados tampoco aportaron claridad. Gordillo y Navarro Flores sólo brindaron detalles de lo que sucedió después de que se cometiera el crimen.

Otro expediente

Por otra parte, Gallo sigue sumando evidencias en la otra línea que se abrió con el femicidio, que es la vinculada con el tráfico y la comercialización de drogas.

Los familiares de la víctima confirmaron en más de una oportunidad que Érika les contó que Sosa estaba involucrado en la venta de éxtasis en fiestas electrónicas y que, en las veces que estuvo en su casa, observó bolsas con pastillas. Gordillo, que era su pareja cuando ocurrió el crimen, dijo que sabía que había estado involucrado en esa actividad. Navarro Flores relató que él le compraba cocaína al “Militar” y que, antes de que huyera de la provincia, le entregó una piedra de esa sustancia y una caja donde ocultaba drogas sintéticas.

Carlos Garmendia, representante legal de la familia Álvarez, hizo una presentación oficial en la Justicia Federal para que se investigaran los vínculos narcos del principal acusado. Vale la pena recordar que el fiscal Agustín Chit investiga a Sosa porque años atrás encontraron en su casa una plantación de marihuana. No se descarta que, con los elementos surgidos en la causa, se amplíe la acusación.

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