Los ruidos de la interna: Adorni se inmola como mascarón de proa y Luis Caputo se desmarca

Por Hugo E. Grimaldi para LA GACETA.

CAPUTO Y ADORNI CAPUTO Y ADORNI
Hace 2 Hs

Resumen para apurados

  • El gobierno de Javier Milei atraviesa una fuerte interna en Buenos Aires, donde Manuel Adorni actúa como escudo mediático para proteger la gestión y desviar el foco de la crisis.
  • Luis Caputo se diferencia del relato oficial admitiendo problemas técnicos ante inversores, mientras Adorni enfrenta cuestionamientos patrimoniales y una Mesa Política fracturada.
  • La falta de coordinación política amenaza la credibilidad económica. Inversores externos advierten que las internas podrían frenar reformas estructurales y la salida del cepo.
Resumen generado con IA

Si bien el Jefe de Gabinete se llevó las luces de la semana por su bastante aceitada y más que razonable presentación en el Congreso en la que quedó mejor parado por su apego al libreto que el propio Javier Milei con sus desbordes, hay un problema que el gobierno nacional mantiene a cielo abierto y es su interna, para algunos la madre de todos los desaciertos. La lupa de los inversores externos se ha posado allí y como esa tensión repercute severamente sobre la economía, Manuel Adorni se ha convertido en una tapadera útil para distraer la atención.

Algunos hechos concurrentes permiten hilar fino sobre el verdadero problema de fondo y entender por qué el Presidente hizo su show en el Congreso y por qué Adorni es hoy el soldado perfecto para inmolarse por la causa. Su figura funciona como mascarón de proa de un barco que navega con dificultades más graves: las del controvertido rearmado judicial en primer término, pero también políticas y, sobre todo, de gestión. Su exposición diaria, alimentada por sus datos patrimoniales, hoy opera como un dispositivo de absorción que concentra la atención y desvía el foco de los temas estructurales.

La hipótesis que ha ganado espacio entre los analistas es que no se trata solamente de un exvocero, sino de un chivo expiatorio que, al encarnar el ruido comunicacional, permite al Gobierno mantener en segundo plano las tensiones internas, otros casos judiciales que rozan al Presidente y a su entorno y disimular cierta parálisis en la toma de decisiones. Así, el caso Adorni no tapa un escándalo con otro, sino que su sola presencia esconde todo lo demás, incluido los tropiezos económicos que se encargan de marcar desde el exterior y también expresan muchos economistas y parte de la prensa.

Manuel Adorni. FOTO X @DiputadosAR Manuel Adorni. FOTO X @DiputadosAR

En un foro empresario, que Milei cerró un día después en esta misma semana, el ministro de Economía, Luis Caputo reconoció a su estilo que los “econochantas” y el periodismo “ensobrado” tienen razón: que la inflación no cede, que el crecimiento no aparece y que el consumo está en caída. Fue un discurso técnico dirigido a inversores, porque los mercados exigen señales, que admitió las mismas críticas que el propio Presidente suele descalificar con sus insultos. Esta paradoja -el “mejor ministro de la historia” diciendo lo mismo que las “ratas inmundas”- abre un abanico de interpretaciones que le suman estrés al relato político y al diagnóstico económico.

Una primera hipótesis es la falta de coordinación comunicacional: el Gobierno no logra unificar su relato porque Caputo habla en clave realista para ganar credibilidad ante empresarios y organismos, mientras Milei niega o confronta para sostener la mística y fidelizar a su base. El resultado es un ruido político constante y una confusión social creciente, ya que lo que se admite de modo pragmático en el ámbito técnico se rechaza en el discurso público de la Casa Rosada.

Otra posibilidad es que se trate de una división deliberada de funciones, ya que el Presidente encarna el “policía malo”, con confrontación y épica, mientras Caputo asume el rol de “policía bueno”, con realismo técnico y lenguaje de mercado. El problema es que esa divergencia no parece coordinada y termina siendo una contradicción que debilita la credibilidad conjunta. También cabe la lectura de una diferencia genuina de roles, ya que el ministro tiene que admitir los problemas para que los mercados –que suelen detectar las inconsistencias antes que los funcionarios- crean en el Programa, mientras que el Presidente necesita enemigos para sostener su liderazgo.

Está claro que lo que para uno es diagnóstico, para el otro es amenaza y en ese tironeo, el ministro parece resguardarse: al reconocer públicamente las dificultades quizás se esté protegiendo frente a sus pares y ante la comunidad empresarial, dejando constancia de que no niega la realidad, pero que tiene un plan para enfrentarla. Si esta hipótesis se confirma, su último discurso no sólo expone los resultados reales de la política económica, sino también la tensión de un gobierno que está limado más por las internas que por circunstancias externas, ya que la guerra –salvo en los combustibles- apenas se notó en la Argentina. Las excusas que remiten a elecciones de medio año atrás suenan cada vez menos sólidas y lo que queda en evidencia es que hoy el ruido político erosiona más que los números.

Es probable que Caputo se sienta desgastado por tener que "atar con alambre" lo financiero, mientras el entorno del Presidente prioriza la batalla cultural o las internas partidarias. Al admitir los problemas económicos, el ministro de alguna manera traslada la presión a los demás en el Gobierno, porque si la economía no arranca, no es solo por su gestión, sino por el contexto político que lo rodea. Es casi lógico pensar que, si se siente cuestionado afuera por culpa de los ruidos internos, él se blinde diciendo la verdad, antes de que la realidad lo pase por encima.

CAPUTO Y ADORNI CAPUTO Y ADORNI

Esta hipótesis conecta con la factura concreta que le pasaron en Washington inversores y banqueros, en una charla organizada por JP Morgan el 15 de abril donde no sólo le pidieron números, sino también gobernabilidad. En la informalidad de varias otras reuniones le hicieron saber de su preocupación por las internas, especialmente por la actividad de la "Mesa Política" atravesada por la puja entre Karina Milei y Santiago Caputo. La síntesis es que el mercado teme que todo el ruido termine frenando las reformas o, peor aún, la salida definitiva del cepo, paso que Domingo Cavallo, en su blog, acaba de definir como “indispensable”.

En este contexto político y económico, el rol de pantalla del Jefe de Gabinete se combina con su paso por la Cámara de Diputados, donde se mostró dispuesto a absorber el desgaste político. Al mismo tiempo, los hechos concretos que se ventilan en torno a sus propiedades y gastos parecen darle cierto respaldo jurídico: las viviendas fueron adquiridas con créditos hipotecarios y los desembolsos más relevantes en dólares y en efectivo se hicieron antes de llegar a la función pública.

En todo caso, si hubo transgresiones fiscales fueron previas, pero si aceptó que un contratado por la TV Pública le pagara un viaje familiar a Punta del Este, además de ser una grave falla ética, eso sí va a tener consecuencias judiciales. Hace pocos días un funcionario del ministerio de Economía que no había declarado propiedades en Miami fue echado sin contemplaciones por Luis Caputo, casi una forma más de marcar distancia. Todo este panorama refuerza la idea de que su exposición de Adorni responde más a la necesidad de absorber las críticas que a la solidez de las pruebas en su contra.

INVESTIGACIÓN JUDICIAL. Con apoyo presidencial, Manuel Adorni desestimó las denuncias y denunció espionaje contra su familia. INVESTIGACIÓN JUDICIAL. Con apoyo presidencial, Manuel Adorni desestimó las denuncias y denunció espionaje contra su familia.

En la única entrevista que concedió, Adorni se defendió con un tono desafiante, aseguró que la causa “no va a prosperar”, que las explicaciones deben darse en la Justicia y que lo que hubo fue una “carnicería mediática” plagada de mentiras. Justificó sus viajes como asuntos personales y familiares, negó propiedades y sociedades y repitió que todo está documentado y que será probado en sede judicial. Fue un diálogo donde no hubo preguntas incómodas sobre las omisiones en sus declaraciones juradas ni sobre los contratos que autorizó, lo que lo dejó otra vez demasiado expuesto. Retrocedió varios casilleros porque más que una defensa sólida, ese reportaje fue la evidencia de que sólo acepta escenarios controlados para dar su versión.

El lunes, lo espera una prueba mayor, ya que se reabrirá la Sala de Periodistas de la Casa Rosada –una buena noticia en medio de tanta opacidad- y allí debería enfrentar una conferencia de prensa con preguntas abiertas. La última vez le fue muy mal y si se anima, ese será el momento de contrastar sus justificaciones con mayor rigor y de comprobar si su rol resiste fuera de los guiones.

Más allá de las defensas personales, lo que ha quedado expuesto es que los males del Gobierno no provienen de la crítica externa ni de las “mentiras sistemáticas”, sino de las propias internas, su parálisis y su incapacidad para unificar relato y gestión. Por lo que se nota, hoy el mayor ruido no lo generan los demás, sino el propio poder que, mientras siga atrapado en sus contradicciones políticas, no habrá relato ni economía que lo proteja de un mayor descrédito ni de la desconfianza de los inversores.

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