Crimen en el country: las claves del juicio que serán determinantes para la sentencia de Figueroa

A horas de la sentencia, el juicio por el crimen de Mercedes Kvedaras entra en su tramo decisivo. Entre pruebas forenses, pericias psicológicas y versiones contrapuestas, el tribunal deberá definir si José Figueroa actuó con intención homicida o bajo un estado de emoción violenta.

Crimen en el country: las claves del juicio que serán determinantes para la sentencia de Figueroa

A las 8 de la mañana de hoy, el reloj de la Sala de Grandes Juicios de Salta marcará el inicio del acto final en uno de los procesos penales más estremecedores de los últimos años. Tras semanas de testimonios desgarradores y tecnicismos forenses, llega el turno de los alegatos, la instancia donde las partes deben transformar las pruebas en una verdad jurídica ante el tribunal integrado por Cecilia Flores Toranzos, Eduardo Sángari y Leonardo Feans

La expectativa es máxima: la fiscalía de la UFEM y la querella se preparan para pedir la pena máxima contra José Eduardo “Jota” Figueroa, sosteniendo que el crimen de Mercedes Kvedaras fue el desenlace calculado de un ciclo de violencia de género. 

En la vereda opuesta, la defensa quemará sus últimos cartuchos para intentar convencer a los jueces de que no hubo un plan criminal, sino un estallido emocional incontrolable, una "fractura psíquica" que, según su tesis, debería atenuar la responsabilidad del acusado. 

El ambiente en los pasillos judiciales es de una tensión eléctrica: se espera una jornada de discursos encendidos donde se dirimirá si Figueroa recibe la prisión perpetua o si la justicia da cabida a la controvertida teoría del accidente y la emoción violenta.

La autopsia: el cuerpo como testigo irrefutable

La evidencia científica se erigió como la pieza de cargo más contundente de la fiscalía. Los informes defendidos por el médico forence Daniel Chirife y la patóloga Claudia Portelli revelaron que Mercedes no murió de forma instantánea ni accidental. El diagnóstico fue inapelable: asfixia mecánica mixta, producto de una combinación de estrangulamiento manual y sofocación por obstrucción de boca y nariz.

Chirife fue categórico al describir el horror de los minutos finales: el tiempo de agonía de Mercedes osciló entre los 3 y 5 minutos. Por su parte, Portelli confirmó hallazgos internos que desarticulan cualquier teoría de una caída fortuita: la fractura bilateral del hueso hioides y el signo de Amusat (desgarro en la túnica íntima de la carótida). Estas lesiones evidencian una presión simétrica y violenta ejercida desde el frente, compatible con lo que en medicina forense se denomina "posición de jinete", donde el agresor se monta sobre la víctima para anular su resistencia. Mercedes no se entregó; presentaba más de 40 lesiones y estigmas ungueales (arañazos) en sus brazos, calificados por Chirife como "lesiones de lucha", prueba de que intentó defenderse desesperadamente hasta el último aliento.

Reconstrucción de los hechos Reconstrucción de los hechos

La retractación: el polémico giro de un perito

Uno de los momentos de mayor tensión y controversia en el debate fue la declaración del perito de la defensa, el médico, Daniel Dip. Aunque originalmente había firmado el informe de autopsia que confirmaba la estrangulación, ante el tribunal protagonizó un giro inesperado al retractarse. Dip introdujo la hipótesis del "efecto latigazo" o desnucamiento, sosteniendo que Mercedes pudo sufrir una "muerte súbita neurológica" al caer y golpear su frente contra el borde de la bañera mientras Figueroa la sujetaba.

Sin embargo, Chirife desestimó esta teoría de plano. Explicó que para que se produzca un desnucamiento de esa magnitud, debería existir una luxación de las vértebras cervicales, y la columna de Mercedes estaba intacta. En esta misma línea, la defensa intentó apuntalar su postura con el licenciado Enrique Prueger, quien cuestionó la labor del CIF y aseguró que las marcas de los dedos deberían ser visibles en la piel si hubiera habido estrangulamiento. No obstante, el testimonio de Prueger perdió fuerza cuando la fiscalía reveló que no estaba matriculado en Salta, lo que constituía ejercicio ilegal de la profesión.

Pericias psicológicas: ¿conciencia o estallido emocional?

El debate sobre la salud mental de Figueroa dividió a los especialistas en dos bandos irreconciliables. Los peritos oficiales (Moyano, Vacaflores y Duche) describieron al acusado como una personalidad neurótica con marcados rasgos narcisistas y obsesivos. Concluyeron que tenía plena capacidad para comprender la criminalidad de sus actos y señalaron una preocupante "anestesia emocional" al relatar el crimen, además de una tendencia a la mendacidad selectiva para ocultar información comprometedora.

En contraposición, los peritos de la defensa (Navarro, Flores y López) introdujeron la tesis de una "fractura psíquica" y un "estado crepuscular de conciencia". Osvaldo Navarro comparó la psiquis de Figueroa con un "dique con grietas" que colapsó ante un "huracán emocional". Según esta postura, Figueroa actuó de forma "animal e impulsiva" tras una frase de Mercedes que funcionó como disparador: "En algún lado la tengo que pasar bien". Navarro describió al acusado como un hombre "estoico" —al punto de orinarse encima durante una entrevista para no interrumpir— cuya estructura colapsó provocando una invasión masiva del área emocional sin frenos inhibitorios.

Cronología de la tragedia

Gracias al rastreo de GPS y cámaras de seguridad, la fiscalía pudo reconstruir con precisión quirúrgica las horas finales de aquel 4 de agosto de 2023. A las 07:20 AM, Figueroa le pidió a un vecino, Santiago Cornejo, que llevara a su hijo al colegio alegando que él "no podía"; el testigo lo notó angustiado y nervioso. La ventana temporal del ataque en el baño de la casa de Guachipas 11 se situó entre las 08:00 y las 08:44 AM.

A las 08:32 AM, las cámaras captaron el vehículo de Mercedes saliendo de la vivienda, conducido por Figueroa con el cuerpo de su esposa ya sin vida. Poco después, a las 08:49 AM, el acusado comenzó a enviar audios de despedida. A su madre le dijo: "Mamá perdón, fui un cobarde. Me perdí". A las 08:52 AM, le envió un mensaje a su suegra: "María, perdón, no aguantaba más... ya ni siquiera como padre funcionaba". Finalmente, a las 11:30 AM, familiares y médicos hallaron el auto en un baldío. Mercedes estaba en el asiento trasero, fría; Figueroa estaba adelante, con cortes autoinfligidos en el cuello.

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El baño como escena primaria

La reconstrucción del hecho realizada el 8 de abril fue el intento de Figueroa por validar su teoría del accidente. Relató que, en medio de una discusión por una supuesta infidelidad, ella le dijo la frase del "disparador", él la agarró para "zamarrearla", forcejearon y cayeron juntos en la bañera, tras lo cual ella no se movió más.

Sin embargo, la perito de Criminalística, Paola Geipel, desmintió esta versión con tres hallazgos clave. Primero, un aro de Mercedes hallado debajo de una ventana en el antebaño, cuyo par estaba en el auto, lo que sitúa la lucha en el piso y no en la bañera. Segundo, se hallaron improntas de manos y de una frente en la ventana a baja altura, compatibles con alguien siendo atacado contra el suelo. Tercero, la marca en la espalda de Mercedes era una lesión lineal compatible con las aristas filosas de un escalón del mueble del antebaño, no con las formas redondeadas de la bañera.

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Autopsia digital

La fiscalía y la querella presentaron una "autopsia digital" basada en los mensajes recuperados del celular de Figueroa. Los textos revelaron una escalada de violencia simbólica previa al crimen. El 13 de julio, Mercedes lo confrontó: "Sos un narcisista toda la vida... hiciste violencia psicológica conmigo ". El 29 de julio, tras descubrir que él la perseguía en auto, ella escribió: "Estás muy loco, Dios, qué miedo... es una locura".

Ese mismo día, Figueroa le sentenció: "Estás muerta para mí", y en un audio posterior admitió: "Siento que te quiero matar y después nada". Incluso el día previo al crimen, el 3 de agosto, Figueroa envió un audio a un amigo confesando ataques de ansiedad y recriminando a Mercedes sus salidas con ironía: "Metele no más que acá Gabi y Jotita se ocupan".

El factor místico

Uno de los momentos más inusuales del juicio fue la declaración de Agustina García Fernández, amiga de Mercedes y "médium". Relató que, en una sesión previa, sintió una energía tan oscura en Figueroa que le preguntó: "¿Usted quiere matar a una mujer?", a lo que él se rió justificándose en una estafa económica. Incluso lo visitó en la cárcel para “llevarle un mensaje de Mercedes” en el que le pedía que diga la verdad por sus hijos.

Pero quizás lo más desgarrador fue el hallazgo de un sticker en la funda del celular de Mercedes por parte de la perito Geipel. Allí, la víctima había escrito sus metas para su "nueva vida" fuera del control de su marido: "Tener un amor grande y compañero... que mis hijos sean felices y unidos... recibirme pronto".

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El testimonio de Mendoza

Otro de los relatos más impactantes del juicio fue el de Héctor Agustín Mendoza, un administrador agropecuario de 38 años que mantuvo una relación sentimental con Mercedes desde abril de 2023. Su testimonio fue fundamental para reconstruir el clima de terror que se vivía en la intimidad de El Tipal. Mendoza reveló ante el tribunal que Mercedes le había confesado que Figueroa ya la había ahorcado en ocasiones anteriores y que le tenía un "pánico absoluto".

El testigo relató con crudeza que el 3 de agosto, el día previo al crime, encontró a Mercedes en su casa "quebrada y temblando", aterrorizada porque se sentía perseguida por su esposo. En un pasaje cargado de emoción, Mendoza expresó un profundo sentimiento de culpa, manifestando que fue él quien la instó a regresar a su hogar esa última noche para intentar "tranquilizar" a Figueroa, sin imaginar que esa decisión marcaría el desenlace fatal. Asimismo, admitió haber borrado sus conversaciones de WhatsApp con la víctima debido al inmenso dolor y a la responsabilidad que sentía por no haber dimensionado la gravedad de la situación que ella atravesaba.

Tensión en la Sala

El debate no estuvo exento de una rispidez técnica y personal extrema. El 23 de abril, la jornada más crítica, el defensor Juan Casabella Dávalos interrumpió el interrogatorio a una testigo alegando que la fiscal Sodero Calvet realizaba "alegatos" en lugar de preguntas objetivas. La fiscal replicó acusando a la defensa de ser "insistente, reiterativa y repetitiva".

La discusión escaló a una queja formal por el comportamiento de Casabella, a quien la fiscalía denunció por "gesticular con el cuerpo" y "elevar el tono de voz" de forma ofensiva. La querella y la asesoría también advirtieron "momentos de enojo" y ataques directos. La jueza Cecilia Flores Toranzos tuvo que intervenir para restablecer el orden, validando el malestar de la fiscalía e instando a ambas partes a mantener un marco de "sumo y absoluto respeto" ante la gravedad de lo que se está juzgando.

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El final del silencio y el peso de la culpa

El cierre de la etapa testimonial en la Sala de Grandes Juicios no fue un trámite más. El aire, cargado de una tensión eléctrica acumulada durante semanas de debate, alcanzó su punto de mayor densidad pasadas las 13:00 horas, cuando el tribunal dio por concluida la recepción de los últimos nueve testimonios citados por la defensa. En ese instante, Juan Casabella Dávalos confirmó lo que era una posibilidad latente: José Figueroa rompería el silencio. Bajo la estricta condición de no responder preguntas de las partes, el imputado se levantó y caminó hacia el estrado.

Visiblemente afectado y con la voz entrecortada, Figueroa no ofreció una declaración fáctica sobre lo ocurrido aquel 4 de agosto, sino que optó por un pedido de disculpas que buscó —en sus palabras— aliviar el dolor de los sobrevivientes. "Les fallé, les prometí que nunca les iba a fallar como papá, pero les fallé", expresó dirigiéndose a sus hijos, a quienes aseguró extrañar y tener en su corazón "para siempre". En su alocución, el imputado evitó entrar en los detalles del crimen —remitiéndose a lo manifestado siete días después del hecho— y centró su discurso en una letanía de lamentos y agradecimientos inesperados. Agradeció a Francisco, hermano de Mercedes, y a su pareja, por asumir la tutela de sus tres hijos: "Es una responsabilidad que asumieron con mucho amor", reconoció.

Sin embargo, el momento de mayor impacto fue cuando se dirigió directamente a la familia Kvedaras, con quienes compartió quince años de vida. "Me trataron como mi familia. A María, a Sergio, a Manu, a Fran, a Poli y a Manolo, que fue el abuelo que nunca tuve", sostuvo, intentando rescatar los "años lindos" de una historia que, según él, hoy se ve oscurecida por la tragedia. Figueroa calificó a Mercedes como una "muy buena madre" y una "buena mujer", y manifestó su desconcierto ante el desenlace fatal: "¿Por qué me pasó esto? No lo entiendo. Mer no se lo merecía".

Sobre el final de su intervención, Figueroa hizo referencia directa a los reclamos de justicia de su cuñada: "La escuché a Poli decir que yo tengo que pagar y quiero decirle que sí estoy pagando. Estoy en un lugar que nunca en mi vida me imaginé estar... Acá estoy haciéndome responsable". 

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Se anticipa hoy una jornada maratónica en la Sala de Grandes Juicios, donde el rigor técnico y la carga emocional se entrelazarán durante horas. Se estima que cada una de las partes —fiscalía, querella y defensa— hará uso de al menos dos horas para sus alegatos finales, seguidos de las correspondientes réplicas y dúplicas, en un último esfuerzo por persuadir al tribunal antes de que se dicte la sentencia definitiva. Mientras tanto, el pulso de la calle se hará sentir en las puertas del Palacio de Justicia: allí, amigas y allegados de Mercedes Kvedaras se concentrarán en una vigilia activa para exigir una condena ejemplar, transformando el dolor en un grito colectivo que reclama que el silencio de El Tipal no vuelva a repetirse jamás.

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