Iniciativa en Tucumán: proponen declarar al tapir monumento natural provincial

En la Reserva de Horco Molle trabajan con nueve ejemplares y proyectan liberar las primeras parejas antes de fin de año, en un plan que articula ciencia, legislación y cambio cultural.

CLAVE. El animal tiene un rol fundamental en las yungas, por lo que trabajan en estrategias para su protección. CLAVE. El animal tiene un rol fundamental en las yungas, por lo que trabajan en estrategias para su protección.
Hace 5 Hs

A diferencia de otros tiempos, hoy quienes llegan a la Reserva Experimental de Horco Molle no preguntan por “el chancho” ni por “el animal raro”. Preguntan, directamente, por el tapir. Lo nombran, lo buscan y lo reconocen. Ese cambio, que parece menor, es en realidad una de las señales más visibles de un proceso de reconstrucción del vínculo entre la sociedad tucumana y una especie clave para el ecosistema que durante décadas estuvo ausente.

Ayer, en el marco del Día Internacional del Tapir, el director de la reserva, Juan Pablo Juliá, repasó los avances de un proyecto que apunta no solo a conservar a este mamífero, sino a reintroducirlo en su hábitat natural.

“Hoy se busca generar conciencia sobre la protección de todas las especies de tapir. En el mundo hay cuatro, y en Argentina habita el tapir de tierras bajas o amazónico”, explicó.

Actualmente, la reserva alberga nueve ejemplares. De ese grupo, cuatro -organizados en dos parejas- ya están siendo evaluados para una futura liberación. “Esperamos poder hacerlo antes de fin de año o a comienzos del próximo”, señaló Juliá.

Más allá de la biología

El proyecto, sin embargo, no se limita al cuidado de los animales. Desde hace años se desarrolla como una estrategia multidisciplinaria que involucra a científicos, juristas, psicólogos, organismos públicos, empresas y organizaciones sociales.

“La recuperación del tapir no es solo un trabajo de biólogos. Incluye aspectos legales, éticos, culturales y sociales”, sostuvo Juliá. En ese sentido, remarcó el trabajo conjunto con la Universidad Nacional de Tucumán, especialmente con áreas como Psicología Social, para abordar la relación entre las comunidades humanas y los territorios donde se prevé la reintroducción.

La iniciativa también se articula con políticas públicas. Uno de los proyectos en análisis propone declarar al tapir como “monumento natural provincial”, el máximo nivel de protección legal que puede otorgar Tucumán.

“Eso ayudaría directamente a su preservación”, afirmó.

A su vez, ya se avanzó en la aprobación de corredores biológicos que buscan conectar distintas áreas protegidas -provinciales, nacionales y privadas- para ampliar el hábitat disponible. “No es solo para el tapir, sino para todas las especies de las yungas tucumanas”, agregó.

Una especie “arquitecta”

El valor del tapir no es solo simbólico. Desde el punto de vista biológico, cumple un rol clave. “Es una especie arquitecta del paisaje. Los ambientes donde hay tapires tienen la forma que tienen gracias a ellos”, explicó Juliá.

Su alimentación y comportamiento contribuyen a dispersar semillas, modificar la vegetación y generar condiciones que favorecen a otras especies. En otras palabras, su presencia impacta directamente en la estructura y la salud del ecosistema.

Pero también hay un componente cultural que se transformó con el tiempo. “Hace 20 años nadie sabía lo que era un tapir. Hoy la gente llega a la reserva y dice ‘quiero ver tapir’. Incluso hay empresas y organismos que lo usan como símbolo”, destacó.

Ese cambio de percepción no es menor. Para los especialistas, es una de las claves que puede garantizar el éxito de la reintroducción. “Hay una expectativa creciente en la sociedad tucumana de que el tapir vuelva a la naturaleza. Eso genera un clima social favorable”, indicó.

A futuro, incluso, podría abrirse una nueva veta turística. La posibilidad de observar tapires en libertad dentro de áreas protegidas aparece como un atractivo potencial, más allá de la experiencia actual en la reserva.

Proceso a largo plazo: reducción de cautiverio

Tucumán cuenta hoy con nueve tapires, y cinco permanecerán en programas de reproducción en cautiverio. Algunos serán intercambiados con otras instituciones para garantizar diversidad genética en la población. El objetivo final es lograr una población estable en vida silvestre, capaz de sostenerse por sí misma. Pero ese horizonte aún requiere tiempo. “Son procesos largos. Si logramos que haya nacimientos y que las muertes respondan a causas naturales, hablamos de al menos 10 años de trabajo”, advirtió Juan Pablo Juliá, director de la Reserva Horco Molle.

Así, si los plazos se cumplen, Tucumán podría volver a tener tapires en libertad antes de que termine el año o en los primeros meses del próximo.

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