Martín Sivak presenta su último libro en Tucumán: “Si hay algo incómodo y difícil, merece ser escrito”

En una nueva visita a Tucumán presentará “La llorería”, su último libro, hoy a las 20.30 en Corrientes 532. Son tres historias que confluyen en un potente ejercicio de autoficción.

LOS DESAFÍOS DE LA ESCRITURA. “Hay una idea de que la autoficción permite decirlo todo, pero creo que hay límites”, destaca Martín Sivak. LOS DESAFÍOS DE LA ESCRITURA. “Hay una idea de que la autoficción permite decirlo todo, pero creo que hay límites”, destaca Martín Sivak.

Tanto le gusta Tucumán a Martín Sivak que lamenta no venir acompañado de sus hijos. “Me hubiera gustado mucho traerlos, pero perdían días de clases. Será la próxima”, promete. Lo aguarda un fin de semana estimulante, porque llega a la provincia con una doble misión: presentar su último libro -“La llorería”- y brindar un taller en Tafí del Valle, al que prefiere rotular como “seminario”.

Sivak recorre en “La llorería” el terreno de la autoficción, esa escritura del yo que había abordado hace unos años, cuando publicó “El salto de papá”. Con una trayectoria consolidada en obras periodísticas -biografías, crónicas, investigaciones-, este nuevo libro se interna en una dimensión más porosa, donde se entrelazan el duelo, la memoria y la amistad. El resultado es, según admite, un corrimiento deliberado hacia la incomodidad.

- ¿Qué tiene de particular este viaje a Tucumán? Son muy distintas las actividades programadas...

- Algo que quisiera resaltar de esta experiencia lo encarna Natalia Viola con los clubes de lectura y es la posibilidad que nos brinda a quienes escribimos de tener una relación de mucha más cercanía con los lectores. Son espacios realmente masivos, novedosos, que transforman la experiencia de la escritura y también de la lectura. En el caso de la escritura porque uno lo hace sin saber a quién le está escribiendo, y cuando se encuentra con personas que ya leyeron el libro la conversación es mucho más interesante. Y entiendo que quien se anota en un club de lectura, se interesa por un libro y asiste a un evento encuentra una manera de acercarse al libro y al autor de otra forma.

- “La llorería” cuenta con un antecesor potente, como “El salto de papá”. ¿Qué los diferencia?

- Cuando publiqué “El salto de papá” no tenía un proyecto de libro, era la primera vez que me pasaba, y estaba bastante tranquilo con eso. Fue un libro que tuvo una cantidad de lectores muchísimo mayor de lo que se esperaba. Incluso hay una película en proceso. Yo pensaba que era un libro más bien para mis amigos.

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Ese lugar nuevo -el de hablar de su propia vida, nada menos que del suicidio de su padre- no fue sencillo de habitar. “Varias veces lloré en público”, recuerda, y esa exposición, lejos de volverse habitual con el tiempo, siguió siendo una zona de fricción. Sin embargo, no hubo inmediatamente un libro posterior. Más bien, un vacío.

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- ¿Cómo siguió la historia?

- Un año y medio después de “El salto de papá” empecé un diario privado, sin la idea de publicarlo. Eran anotaciones obsesivas de alguien que está roto y que me ayudaban a organizar la desesperación. Empezó como un documento privado, pero al cabo de un mes o dos, cuando empezó a hacerse reiterativo, me acordé de un viaje que hice con Sean Langan en 2002 y 2003, el mejor trabajo periodístico de mi vida. Ahí había un libro pendiente, incluso me lo habían rechazado. Entonces comencé a escribir sobre ese viaje y sobre la amistad con él. Y cuando parecían dos historias distintas, apareció el tema de mi madre. Durante aquel viaje con Langan murió mi mamá, que tenía cáncer. No pensé que iba a escribir sobre ella, pero a partir de ese proceso de escribir y reescribir las tres historias se fueron amalgamando y consiguieron unirse en “La llorería”.

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El cruce entre esas capas -el diario del duelo, el viaje, la memoria materna- introduce una inflexión en su obra, como fue la entrada en la autoficción. No como programa previo, sino como consecuencia de lecturas y de una necesidad expresiva.

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- Para mí, que venía de la no ficción, esto tiene algo experimental. De ahí que me aventuré en la autoficción, un género que había leído compulsivamente sin saber que iba a terminar escribiendo un libro así.

- ¿Cómo se gestiona esa exposición en alguien formado en la distancia del periodismo? ¿Qué implica correrse del lugar del observador hacia una escritura atravesada por la vulnerabilidad?

- Para mí fue dificilísimo. Es muy incómodo. Y aún ahora no es el lugar más cómodo. Pero yo creo en la incomodidad. Creo que si hay algo incómodo y difícil, merece ser escrito, merece ser hablado a pesar de la incomodidad. Nadie me obligó a publicar este libro ni a decir que soy sensible o que lloro.

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Lejos de una ruptura total, Sivak insiste en la continuidad. El periodista no desaparece, convive con esta nueva voz.

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- No es que estoy escindido. Sigo siendo el mismo periodista; hago entrevistas, escribo como siempre. No cambió mi relación con el trabajo. Simplemente abrí una ventana nueva que pensé que nunca se iba a abrir.

- ¿Qué hay en vos de esos personajes tan presentes en “La llorería”, como tu madre y Langan?

- En el caso de mi mamá diría tres cosas. La primera es su pulsión de vida. Cuando le detectaron un cáncer de pulmón le dijeron que tenía tres meses de vida. Y aun así, en esas condiciones adversas, su relación con el tratamiento era la de alguien que quería curarse, salvarse, hacer cosas pendientes. Lo mismo después del suicidio de su marido. Hay algo ahí de intentar reponerse en la adversidad que es uno de los legados más hermosos que me dejó. Me reconozco en esa pulsión de vida. Después hay un sentimiento de bronca, a veces justificada, a veces no. Yo la administro de otra manera, pero me siento cerca de eso. Y por último, la centralidad de los hijos. Mi mamá era una madre muy presente. Yo intento parecerme a ella como padre.

- ¿Y en cuanto a Langan? ¿Qué queda de aquella travesía atravesada por contextos políticos convulsionados y por experiencias límite compartidas?

- Hubo una cercanía muy inmediata. Lo que más nos acercó fue que él viajaba a Londres para el nacimiento de su hijo y yo volvía a Buenos Aires sin saber que iba a morir mi mamá. Después seguimos viajando: él con la alegría de su hijo recién nacido y yo con la tristeza de la muerte de mi mamá. Nos acompañamos en un modo muy particular. Aprendí mucho de él, sobre todo cómo acercarse a la gente. Tenía una capacidad notable de empatía, aun sin hablar español. Eso fue una educación profesional y sentimental. La verdad es que cuando escribí no lo veía como un libro sobre la amistad, pero muchos lectores lo leen así, y me parece bien.

- Durante la experiencia en Tafí del Valle van a pedirte claves que ayuden a “destrabar” a quienes pretenden escribir sobre estas cuestiones. ¿Qué pensás proponer?

- Es la primera vez que hago algo así, con ese nivel de intensidad. La premisa es hablar sobre lo incómodo como disparador: cómo escribir sobre lo incómodo. También entender que no todo se puede decir de cualquier manera. Hay una idea de que la autoficción permite decirlo todo, pero creo que hay límites. La catarsis puede ser un impulso inicial, pero después hay que trabajar el texto para que trascienda la experiencia personal. Es una línea muy fina. Me interesa más escuchar qué están haciendo los participantes. Yo puedo explicar cómo hice mis libros, pero sin pretensión de que sea un método. Estoy dando en Buenos Aires un curso que se llama “Contar la vida”, que explora distintas maneras de narrar una vida, y me encanta eso. Es la idea: abrir ese abanico y trabajar a partir de ahí.

La agenda: una experiencia de la crónica del yo,  durante dos jornadas en Tafí del Valle

Martín Sivak vuelve a la provincia de la mano de la alianza que conformaron la productora Cero Teoría y Antara Network. Ambas organizaciones se unieron en 2025 para generar en Tucumán y en el Norte actividades de excelencia, que multipliquen los beneficios del acceso a bienes culturales. El programa incluye el taller central “A llorar a la llorería” (mañana y el sábado), que reunirá a alrededor de 30 personas en Tafí del Valle, en la Estancia Las Tacanas, para compartir una experiencia de la autobiografía con Sivak (las plazas para este encuentro están agotadas). En el ámbito de esta misma iniciativa, hoy a las 20.30 el autor presentará su libro “La llorería” en una conversación con la periodista y librera Natalia Viola (Libro de Oro, Corrientes 532). Se trata de una actividad de acceso libre. Más información en el perfil de Instagram @ceroteoriaf.

Perfil: el protagonista

Martín Sivak (Buenos Aires, 1975) es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Historia de América Latina por la Universidad de Nueva York. Trabaja como periodista -pasó por distintos medios-, docente universitario y editor. Como autor publicó “El asesinato de Juan José Torres”, “El dictador elegido: biografía no autorizada de Hugo Banzer Suárez”, “El Doctor: biografía no autorizada de Mariano Grondona”, “Santa Cruz: una tesis”, “Jefazo. Retrato íntimo de Evo Morales” (traducido al inglés, chino, francés e italiano), “Clarín. Una historia”, “Clarín. La era Magnetto”, “El salto de papá”, “Vértigos de lo inesperado” y “La llorería”.

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