ESTILO PRESIDENCIAL. Según Sivak, las tensiones entre Javier Milei y algunos medios no condicionan la información.

Martín Sivak relativiza los diagnósticos apocalípticos sobre la actualidad del periodismo argentino y propone mirar el escenario con más matices. “Las historias sobre el fin del periodismo no son nuevas”, afirma. “Nunca escuchamos el fin de los abogados”, ironiza.
Sivak destaca que el contexto cambió de manera profunda en los últimos años, sobre todo por el impacto de las transformaciones tecnológicas. La irrupción de la inteligencia artificial, el peso creciente de las redes sociales y la aparición de influencers configuran un ecosistema más complejo, donde el periodismo tiene que convivir con actores que, muchas veces, consideran que pueden reemplazar el oficio. “Todas esas son zonas de disputa”, señala.
Ese proceso, advierte, se da en paralelo a una precarización extendida de la profesión. “Casi todos los periodistas que yo conozco tenemos muchos trabajos”, sostiene, en contraste con sus inicios, hace tres décadas, cuando predominaban trayectorias laborales más estables. A su juicio, el avance de herramientas tecnológicas no siempre contribuye a jerarquizar la tarea. “En ocasiones atenta contra la relevancia que tienen los periodistas en la creación de contenidos”, apunta.
Estilo presidencial
Sin embargo, Sivak rechaza la idea de que el periodismo esté en retirada o que atraviese una situación límite en términos institucionales. En el caso argentino, subraya que se trata de una democracia plena, incluso en un contexto de tensiones entre el Gobierno y los medios. “Hay un estilo presidencial”, concede, en referencia a Javier Milei, pero al mismo tiempo destaca que existen coberturas sólidas y rigurosas sobre la gestión.
Como ejemplo, menciona el trabajo de los principales diarios nacionales. “La Nación está en un gran momento”, afirma, y resalta la calidad de su cobertura del Gobierno. “Milei se molesta con los periodistas de La Nación y los periodistas de La Nación siguen haciendo su trabajo”, agrega, como muestra de una dinámica de conflicto que, lejos de anular al periodismo, evidencia su vigencia.
“No veo que esté en juego ni la libertad de expresión ni la integridad de los periodistas”, sostiene. Para dimensionar el escenario, Sivak propone una comparación regional: “veamos los índices de los periodistas muertos en México. Ahí sí vamos a ver el periodismo en riesgo”.
Lejos de un diagnóstico terminal, el periodista interpreta que, si el Gobierno reacciona frente a ciertas informaciones, eso confirma que el periodismo sigue cumpliendo una de sus funciones esenciales: informar.









