DATOS CONTUNDENTES. Las desigualdades se profundizan sobre todo en la adolescencia y en el Conurbano Bonaerense. ARCHIVO

Resumen para apurados
- Según la UCA, el 53,6% de los niños en Argentina viven en la pobreza y el 10,7% en la indigencia en 2025, evidenciando una crisis estructural persistente en todo el país.
- El informe del Observatorio de la Deuda Social detalla carencias en salud, vivienda y educación, con un 61,2% de menores sin obra social y graves déficits en el Conurbano Bonaerense.
- La pobreza no material, reflejada en falta de estímulos y vínculos, limita el desarrollo futuro. Se requiere afianzar la seguridad alimentaria ante una fragmentación social creciente.
Un 53,6% de Niños, Niñas y Adolescentes (NNyA) residen en hogares pobres por ingresos, mientras que un 10,7% están en situación de indigencia en la Argentina, de acuerdo con la Encuesta de la Deuda Social efectuada por la Universidad Católica Argentina (UCA). Aunque ambos indicadores mejoran respecto de 2024, permanecen en niveles altos en perspectiva histórica, señala el reporte del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA. La cobertura de transferencias monetarias como la Asignación Universal por Hijo (AUH) alcanza al 42,5%. Las desigualdades se profundizan sobre todo en la adolescencia y en el Conurbano Bonaerense.
Las condiciones de crianza reflejan privaciones que exceden lo material. El 30,5% de los NNyA no comparte lectura con adultos, el 19,6% no festeja su cumpleaños y el 26,9% comparte cama o colchón. A esto se suman déficits en el acceso a actividades formativas: el 55% no realiza actividad física extraescolar y más del 80% no participa en actividades culturales, indica el reporte al que accedió LA GACETA. Estas carencias afectan especialmente a los sectores más vulnerables y limitan las oportunidades de desarrollo. La pobreza no es solo falta de ingresos: es también falta de experiencias, de vínculos y de estímulos clave en la vida cotidiana. Las condiciones habitacionales muestran avances de largo plazo, pero continúan marcadas por déficits estructurales. En 2025, el 18,1% de los NNyA vive en viviendas precarias y el 20,9% en condiciones de hacinamiento. El acceso a servicios básicos continúa siendo una deuda importante: el 42% reside en hogares sin saneamiento adecuado. Estas carencias se concentran en los sectores más vulnerables y en el Conurbano Bonaerense, evidenciando profundas desigualdades territoriales en las condiciones de vida, señala el informe.
Uno de los grandes problemas, que se profundizó por la caída del poder adquisitivo del salario, es la cobertura sanitaria. El 61,2% de los NNyA en 2025, carece de cobertura de salud a través de obra social, mutual o prepaga, dependiendo exclusivamente del sistema público, lo que constituye el valor más alto de la serie, expresa el diagnóstico académico. Aunque se observa una mejora en la consulta médica (15,7% no asistió en el último año), persisten desigualdades significativas, especialmente entre adolescentes. La atención odontológica continúa siendo la más postergada: el 34,6% no realizó controles en el último año, reflejando barreras persistentes en el acceso a la salud bucal. Las brechas territoriales y socioeconómicas no solo persisten, sino que se profundizan, reflejando una creciente fragmentación del acceso a la salud. El 19,8% de los NNyA dejó de asistir al médico, al odontólogo o a ambos por problemas económicos durante 2025, según el reporte de sus adultos de referencia. Esta cifra afecta al 11,3% de los menores de 5 años y alcanza al 27,5% en la adolescencia. La atención odontológica es la más postergada, lo que evidencia una deuda histórica de las políticas sanitarias con la salud bucal, a pesar de su impacto en la nutrición, la autoestima y la calidad de vida.
La UCA focaliza en la necesidad de afianzar la seguridad alimentaria. En 2025, el 28,8% de los NNyA experimentó inseguridad alimentaria, con un 13,2% en su forma más severa. Si bien estos valores muestran una mejora respecto de 2024, no logran retornar a los niveles previos a la crisis y se mantienen por encima de la década de 2010. La problemática afecta principalmente a hogares pobres, de nivel socioeconómico bajo y residentes en el Conurbano Bonaerense. En este contexto, la asistencia alimentaria alcanza niveles récord (64,8). Este aumento no solo refleja la ampliación de la cobertura, sino también la incorporación de sectores que antes no recurrían a estos programas.
Otro flagelo que marca el deterioro de las condiciones socioeconómicas en la sociedad argentina es la educación. En 2025, el 24,4% de los niños/as de 3 a 5 años no asiste al nivel inicial, mientras que el 7,8% en primaria y el 23,6% en secundaria presenta déficits en su trayectoria educativa (por no asistencia o sobreedad). Si bien se observan mejoras en algunos indicadores, junto a un aumento de la matrícula estatal, las brechas socioeconómicas siguen siendo profundas: los adolescentes de sectores bajos tienen hasta cinco veces más probabilidades de presentar rezago escolar. La expansión de la escolarización convive con un sistema crecientemente segmentado, donde la gestión estatal concentra a los sectores más vulnerables. A su vez, la oferta educativa resulta limitada: el 82,6% no accede a jornada extendida, el 57,0% no recibe enseñanza de computación y el 39,7% no tiene clases de idiomas. Estas carencias, más frecuentes en el sector estatal, profundizan las desigualdades en los aprendizajes, acota el observatorio dirigido por el sociólogo Agustín Salvia.
Respecto de las relaciones interpersonales, la UCA observa que el 27,3% de los NNyA tiene pocos amigos o dificultades para hacerlos. La incidencia es mayor entre las mujeres y se duplica en el estrato más bajo respecto del más alto. La falta de amigos no es un dato menor: quienes enfrentan estas dificultades tienen casi el doble de probabilidades de no aprender mucho en la escuela. El aislamiento social opera como una barrera en un espacio que debería ser de encuentro y transmisión de conocimientos.









