Recuerdos fotográficos: las viviendas vinculadas con el Obispo Colombres
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
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Es conocido que la casa del Obispo José Eusebio Colombres en el parque 9 de Julio –donde hoy está el Museo de la Industria azucarera- fue salvada de la demolición a comienzos del Siglo XX gracias al gobernador Ernesto Padilla. Es que a fines de la primera década comenzaron las expropiaciones para integrar las 400 hectáreas reservadas para el parque 9 de Julio. En octubre de 1909 el diario “El Orden” advertía que entre los edificios próximos a demoler estaba la casona, que, por cierto, estaba derruida (foto 1). Padilla rescató mediante ley de 1913 el edificio y el 1 de julio de 1916 lo inauguró, ya restaurado, para el centenario de la Independencia (foto 3).
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El obispo Colombres, que había sido congresal en 1816 –representante de Catamarca, donde era presbítero- fue el precursor desde 1821 de la industria azucarera en esa zona baja, llena de fincas y canales, entre la ciudad y el río Salí. Más adelante Colombres fue ministro del gobernador Bernabé Piedrabuena y gobernador interino. En 1841 formó parte de la Liga del Norte contra Rosas y debió exiliarse en Bolivia durante cuatro años. En ese tiempo la casona y su predio en El Bajo fueron embargados.
En 1857, mientras ocupaba el Vicariato de la diócesis de Salta fue propuesto a la Santa Sede para Obispo titular de la ciudad por el gobierno de Urquiza. El Papa Pío IX lo nombró Obispo de Salta el 23 de diciembre de 1858, pero no recibió la consagración pues falleció 11 de febrero de 1859, antes de que llegue la Bula Papal.
En sus últimos tiempos estuvo alojado en la casa de 24 de Septiembre 565, de su cuñada, Tadea Alurralde viuda de Santiago Colombres, quien junto sus hijas, Tadea y Restituta, lo cuidaron, cuenta Juan. B. García Posse, director de la Casa Padilla.
En 2019 el director del Museo Folklórico, Carlos Piñero, contó a LA GACETA que esa casa (foto 2), adquirida después por el Gobierno, se salvó de la demolición porque se pensaba que allí había residido el Obispo. Dijo que el primer propietario de ese terreno fue Felipe Martínez de Iriarte. En la segunda mitad del siglo XVIII lo compró Antonio Alurralde, que construyó una casa doble, típica de esa época. Luego, por herencia fue dividida: la mitad este (actual bar El Molino) la heredó Josefa y la mitad oeste (Museo), Tadea. En 1920, “cuando se demolió el cabildo para construir allí la actual Casa de Gobierno se pensó en hacer en esta vivienda un garaje. Pero muchos se opusieron... Por suerte, mucha gente defendió este inmueble pensando que el obispo había vivido acá”.
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En sus últimos días, añade García Posse, el Obispo se trasladó a otra casa, ubicada en la hoy calle San Martín al 300. Era de su propiedad. Allí “falleció después de recibir todos los sacramentos”. Era la casa ubicada en el número 345/6, donde estaría ubicado entre 1900 y 1920 el Colegio Sagrado Corazón, “exactamente donde hoy funciona un supermercado”. Los restos del Obispo se encuentran en la Catedral.








