Recuerdos fotográficos: El Obispo Colombres, único congresal de 1816 fotografiado
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
El obispo José Eusebio Colombres es el único de los congresales de 1816 cuyo rostro ha sido conocido con certeza. En su tiempo no había fotos y la gente era retratada en pinturas. El daguerrotipo, antecesor de la fotografía, apareció en 1839 en Europa y se supone que en la década de 1850 llegó a Tucumán.
En la nota “El único congresal fotografiado” (16/07/2016) Carlos Páez de la Torre (h) relata que entre 1817 y 1850 fueron falleciendo los protagonistas del Congreso y que a fines del decenio 1850-60 sólo quedaba vivo el presbítero Colombres, quien fallecería el 11/02/1859, a los 81 años.
Hacer un daguerrotipo era una operación compleja, llevaba mucho tiempo; sólo se conservaba un ejemplar, y la imagen estaba invertida, como de un espejo. Se sabe que en 1859, en Salta, tomaba daguerrotipos el francés Alfredo Cosson, quien poco después se instaló en Tucumán con Amadeo Jacques.
De los miembros del Congreso sólo se cuenta con retratos ejecutados después de sus muertes, que muestran facciones muchas veces “inventadas” por los pintores o los dibujantes, dice el historiador. Sus imágenes están en cuadros colgados en las paredes de la Casa Histórica. Los rasgos auténticos de Colombres, en cambio, quedaron estampados en el daguerrotipo (primera imagen). Se presume que fue tomado en Tucumán, ya que por su edad Colombres no habría viajado para que lo retratasen a Buenos Aires, ciudad que nunca conoció.
Páez de la Torre considera que fue entre 1852 y 1858. “En el daguerrotipo -de 13 por 9,9 centímetros- del Museo Histórico Nacional (que lo fecha como tomado entre 1853 y 1859), el congresal de 1816 aparece ya muy anciano. Tiene rostro demacrado, la ancha boca hundida por falta de dentadura y una respetable nariz. Toda la vivacidad se mantiene en los ojos claros y alertas que miran a la cámara. Sobre la sotana lleva una capa, cuyos cordones con borlas aferra con una mano, mientras la otra sostiene el bastón”.
Añade que “el exacto aspecto de Colombres se aprecia en otra foto (segunda imagen), que alguien tomó posteriormente al daguerrotipo y la imprimió corrigiendo la inversión de aquél”.
Dice que hay tres retratos al óleo de Colombres, por lo menos. “En el que cuelga en el Salón de la Jura, obra de Augusto Ballerini, el parecido se perjudica con la mandíbula demasiado larga y la boca rejuvenecida. Existe un óleo, muy posterior, de Ángel Dato, que lo representa de cuerpo entero, sentado en una silla junto al balcón de su quinta de El Bajo: a nuestro juicio, carece de valor iconográfico por la falta absoluta de parecido” . Y “la más conocida –y justamente afamada- pintura, fue obra del artista tucumano Ignacio Baz. Sin duda el obispo no posó para ese excelente óleo, ejecutado poco después de su muerte... se trata de una cabal copia del daguerrotipo” (tercera imagen). “En síntesis –concluye Páez de la Torre- el verdadero aspecto del doctor José Eusebio Colombres solo consta en la borrosa reproducción (foto) del daguerrotipo, que acertadamente enmendó la inversión de la figura”.







