¿Quiénes ganarán la guerra? ¿Y quiénes con la guerra?

MENSAJE. Ben Gurión lee el Acta de Independencia de Israel, el 14 de mayo de 1938, en Tel Aviv. MENSAJE. Ben Gurión lee el Acta de Independencia de Israel, el 14 de mayo de 1938, en Tel Aviv.
Hace 4 Hs

Carlos Duguech

Analista internacional

Dos preguntas que suman, al tiempo de evaluar desde cualquier atalaya mundial, y generará dos respuestas. Una, inficionada de una muy tóxica densidad informativa. Esa en la que perviven prácticas de un periodismo de disfraz con miras a objetivos distintos de los que la prensa libre genera, cuando puede. Como el martillo, herramienta universal de mano para multiplicar su fuerza. O como la Inteligencia Artificial, esa formidable herramienta del genio humano generadora de tantas funciones y posibilidades como la honestidad o perversión del que la utiliza decide.

Volvamos a esa requisitoria sobre los resultados de la guerra. Esta vez “guerra” (entre comillas) citada como Israel-Gaza porque la brutal diferencia de resultados en bajas mortales así lo evidencia: en cifras reconocidas tanto por el gobierno de Gaza como por el de Israel más de ¡71.000 gazatíes contra 2.039 israelíes! Concluir que la “guerra” -insistimos en el entrecomillado- fue ganada por Israel no nos distrae de los entusiasmados ganadores. Uno de ellos, el “complejo militar-industrial” de los Estados Unidos, que tanto preocupaba a Eisenhower y al referenciarlo en su discurso de despedida del 17-01-61de su mandato presidencial 1953-1961).

El “Sipri”

Surge información calificada del Sipri (por sus siglas en inglés) el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo volcada en su Anuario 2025. Una frase preocupante, desde un organismo que profundiza científicamente en sus análisis: “Está emergiendo una nueva y peligrosas carrera armamentista nuclear en un momento en que los regímenes de control de armas están gravemente debilitados”. Y agrega en un subtítulo del denso informe 2025: “Los arsenales nucleares mundiales se amplían y modernizan”. Esto contradice lo que originariamente prevé el TNP (Tratado de No Proliferación Nuclear) en vigor desde 1970. Esto es, la desaparición de esos arsenales, pero “sin plazos”, lo que es una especie de aberración de los compromisos internacionales y del requisito tan referido de la “buena fe en los tratados”. Sin embargo, y como una bandera de ilusión, ondea el Tratado de la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN) de 2017, en vigencia desde el 22.01.2021 y vinculante. Claro que las potencias nucleares intentaron frenarlo. Lo boicotearon, incluso. Un dato extraño: Argentina ni lo firmó.

Quiénes “ganan”

Lo dice nada menos que el Sipri: “El complejo militar industrial de Estados Unidos ha incrementado su producción y ganancias consolidado su liderazgo mundial”. Y no se queda en esa apreciación general. Da las razones de ello: “Este aumento se debe a la alta demanda global, el rearme europeo y a los conflictos en Ucrania y Oriente Medio”. Fácil deducir: el aprovisionamiento de armamento y municiones a los que en Ucrania se enfrentan con Rusia; y a los generosos aportes armamentísticos y herramientas a Israel en su gestión militar en Gaza. Además de estos aportes provenientes del complejo militar estadounidense, los nutridos fondos del tesoro de los Estados Unidos.

Señala el informe del Sipri que las empresas de armamento registraron un incremento de casi el 4% en ingresos: 334.000 millones de dólares a la vez que señala que Estados Unidos concentra el 40% del gasto militar mundial. Ese logro es el resultado de la ampliación de las líneas de producción de las empresas originada por la demanda de sistemas de defensa, como los misiles Patrio que culminó en contratos significativos. Finalmente señala el Sipri que los Estados Unidos lideran las exportaciones de armas que creció casi un 30% entre 2021-2025, siendo Europa un “cliente clave”. A ello sumado el caudal generoso de dólares para el financiamiento por el tesoro de los Estados Unidos que generan dividendos financieros. Está casi todo dicho. La segunda parte del título de esta columna no puede menos que menos que identificar el ADN de los ganadores de todas las guerras contemporáneas. Los que muy lejos de los frentes de batalla sólo condensan sus intereses en la altísima tasa de retorno de la inversión. Y aquí no es ocioso señalar que le gestión de negocio tan rentable la hace el estado. Ese que alimenta el complejo militar-industrial identificado por Eisenhower.

Claro que casi todas las guerras no irrumpen en la vida de las naciones y del mundo por espontánea generación. La preceden las antesalas diseñadas, con punto y coma, de las “hipótesis de conflicto”. Preparan los almácigos de una siembra funesta. Y con el auxilio de la IA casi, casi, que le dicen al oído de los líderes del mundo, “que se viene la guerra, prepárate”. Es el inicio del marketing de los que siempre ganan con las guerras.

Israel-ONU

Proclamado el Estado de Israel el 14/05/48, el nuevo estado procura en una nota desde París el 29/11/48 ser aceptado como estado parte a cuyos efectos suscribe el Ministro de Relaciones Exteriores: “el estado de Israel acepta incondicionalmente las obligaciones de la Carta de las Naciones Unidas y se compromete a honrarla desde el día en que se convierta en miembro de las Naciones Unidas”.

Esta solicitud no fue aceptada por el Consejo de Seguridad. En una segunda presentación en similares términos el 11/05/49 por Resolución 273 Israel es aceptado como miembro pleno. Ahora bien, citar esto sólo a efectos de marcar la postura histórica de Israel que ha sido de cuestionamiento o de ignorar las resoluciones de ONU, tanto las del Consejo de Seguridad (vinculantes) como las de Asamblea General.

Bajo la conducción de sus políticas por Netanyahu, Israel es otro. Y muy distinto del que como primeros ministros fue bajo la conducción de Rabin, Péres, Eldad, Olmert y otros. Israel no tiene constitución escrita. Sí una Declaración de Independencia que tiene una particularidad: menciona siete veces (número bíblico) a Naciones Unidas. En un párrafo expresa: “Por consiguiente, nosotros los miembros del Consejo Nacional, en representación de la comunidad judía de palestina y el movimiento sionista mundial, estamos reunidos aquí en sesión solemne en el día de la terminación del Mandato Británico sobre Palestina y en virtud del derecho natural e histórico del pueblo judío y de la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, proclamamos el establecimiento del Estado judío en Palestina, que llevará el nombre de Israel.”

¿Honrará Netanyahu y los miembros de su gobierno la “Declaración” solemne del 14/05/48 leída emotivamente por David Ben Gurión en el Museo de Tel Aviv dese día? ¿O propondrá su reforma para adecuarla a estos tiempos de guerra que daña profundamente a la población israelí, entre otros efectos? Obvio que no podría. Es sólo una especulación figurativa cercana a los efluvios que brotan de la mente de un incontenible generador de violencias. Las sufre su pueblo, también.

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