Pareceres III: la otra guerra entre Trump e Irán

Por Fabián Silva Molina, especialista en Ciencias Políticas.

Pareceres III: la otra guerra entre Trump e Irán
Hace 2 Hs

Mientras las cámaras siguen los movimientos militares y las cancillerías miden cada palabra, entre Donald Trump e Irán se está librando otra guerra, menos visible pero no menos decisiva. No ocurre en el frente, sino en las pantallas. No se pelea con misiles, sino con marcos de interpretación, videos, memes, cartas abiertas y mensajes pensados para colonizar el sentido común. Es, en términos simples, una guerra semántica. (AP News)

Trump sigue jugando su papel más conocido: el del conductor que monopoliza la escena, administra el suspenso y convierte cada intervención en un episodio de alto voltaje emocional. Reuters informó que llegó a hablar de “some pretty good news” sobre Irán sin dar mayores precisiones, una forma de construir clima antes que información cerrada. No es un detalle menor. En política contemporánea, muchas veces el poder no reside en explicar, sino en instalar expectativa, ocupar la agenda y obligar a todos los demás a reaccionar. (Reuters)

Pero del otro lado ya no aparece solamente la respuesta diplomática tradicional. Associated Press mostró que Irán viene ensayando una estrategia bastante más sofisticada de lo que suele suponerse en Occidente: memes generados con IA, piezas en inglés, referencias a la cultura popular estadounidense y mensajes pensados para circular por X, Telegram, Instagram y YouTube. La novedad no está solo en el contenido, sino en el destinatario. Irán no le habla únicamente a su población ni a sus aliados. Le habla, cada vez más, al público occidental, y en particular al estadounidense. (AP News)

Esa operación se vio con claridad en el mensaje del presidente iraní dirigido directamente a los ciudadanos de Estados Unidos, donde planteó que no existía enemistad con el pueblo norteamericano. La jugada es fina. Busca separar a la sociedad del gobierno, a los ciudadanos de la estrategia militar, e incluso a los votantes moderados del núcleo más duro del trumpismo. Es una forma de fisurar el bloque adversario desde adentro, algo que en comunicación política vale casi tanto como una victoria táctica. (AP News)

La Casa Blanca, por supuesto, no es ajena a esta lógica. AP también reportó que el entorno de Trump apeló a videos, memes e imágenes generadas con inteligencia artificial para vender la ofensiva sobre Irán. Es decir: ambos bandos entendieron que la disputa no pasa solamente por quién tiene razón, sino por quién logra imponer el relato más eficaz, más viral y más emocionalmente pregnante. La diferencia es que Trump trabaja mejor hacia adentro, reforzando identidad, autoridad y sentido de mando, mientras que la comunicación iraní parece apuntar más a erosionar legitimidad, sembrar dudas y abrir grietas en el consenso occidental. (AP News)

La pregunta de fondo es qué efecto puede tener esto sobre la opinión pública. Los datos disponibles sugieren que el margen para una épica bélica sostenida en Estados Unidos es limitado. Los sondeos de Reuters/Ipsos mostraron que el apoyo a los ataques era bajo desde el inicio, que una mayoría consideraba a Trump demasiado dispuesto a usar la fuerza y que dos tercios de los consultados querían un final rápido del involucramiento estadounidense, aun cuando no se hubieran alcanzado todos los objetivos. También apareció un rechazo muy alto al envío de tropas terrestres y una fuerte preocupación por el impacto económico del conflicto. (Reuters)

Eso permite una primera conclusión. El relato de Trump puede funcionar con eficacia sobre su base más fiel, sobre todo cuando combina seguridad, excepcionalismo nacional y religiosidad política. Reuters registró justamente cómo sectores evangélicos reforzaron esa lectura del conflicto en clave moral y providencial. Pero fuera de ese núcleo el rendimiento parece más frágil. Cuando la guerra deja de ser percibida como acto de fuerza legítima y empieza a sentirse como una aventura costosa, incierta y potencialmente inflacionaria, la adhesión se achica. (Reuters)

Ahí es donde la estrategia iraní puede encontrar su oportunidad. No porque vaya a convertir en masa al electorado trumpista, algo improbable, sino porque puede amplificar el malestar de sectores antiintervencionistas, jóvenes habituados al lenguaje memético y públicos internacionales ya escépticos frente a la narrativa occidental. Su objetivo más realista no es convencer plenamente, sino introducir ruido, complejidad y sospecha. En estas guerras discursivas, a veces alcanza con lograr que el otro ya no aparezca como el narrador natural del conflicto. (AP News)

Lo más interesante, entonces, no es solamente que Irán comunique mejor de lo que muchos imaginan. Lo verdaderamente importante es que ya no acepta ser contado exclusivamente por otros. Está tratando de convertirse, también, en productor de sentido para audiencias globales. Y eso cambia bastante el escenario. Porque cuando una potencia como Estados Unidos deja de tener el monopolio narrativo sobre una guerra, la batalla ya no se libra solo en el campo militar o diplomático. Se libra, cada vez más, en el terreno movedizo de la percepción pública. (AP News)

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