DESBOCADO. Los exabruptos de Trump alarman incluso a sus aliados.

ANNABA, Argelia.- La relación diplomática entre la Casa Blanca y el Vaticano atraviesa su momento más crítico tras el ataque directo del presidente Donald Trump al papa León XIV. El conflicto, que ha escalado a la esfera de lo público, marca un punto de ruptura entre el mandatario y Robert Prevost. La disputa, según el análisis publicado por la cadena británica BBC, se centra en tres ejes que revelan visiones contrapuestas sobre el poder y la moral global.
Geopolítica y “omnipotencia”
El detonante principal ha sido la gestión de la crisis en Irán. Tras las amenazas de Trump de “borrar la civilización iraní”, León XIV calificó tales advertencias como “inaceptables” y denunció una “ilusión de omnipotencia” en los liderazgos actuales. La respuesta del presidente no se hizo esperar: a través de su red social Truth Social, Trump tildó al papa de “débil frente al crimen” y cuestionó su capacidad para entender los desafíos de seguridad nacional.
DISTANCIA. León XIV respondió que no entrará en un debate político.
El distanciamiento también se extiende a otros focos de conflicto. El papa fue explícito en su condena al “castigo colectivo” en Gaza y defendió la soberanía de Venezuela tras la intervención estadounidense que terminó con la detención de Nicolás Maduro. Para el Vaticano, estas acciones representan desafíos morales y legales a la conducta de Washington e Israel.
La crisis migratoria
Mientras Trump avanza con su agenda de deportaciones masivas y redadas, León XIV recordó a los fieles la “obligación moral” de la compasión, criticó el trato “irrespetuoso” hacia los extranjeros y cuestionó si la severidad migratoria del gobierno es compatible con las enseñanzas “pro-vida” que la Iglesia defiende. Las declaraciones generaron incomodidad en la Casa Blanca y entre los sectores católicos conservadores de Estados Unidos.
Religión frente a política
En un giro personalista, Trump sugirió que el ascenso de Prevost al papado fue una consecuencia indirecta de su propio éxito político: “Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano”, afirmó el mandatario. Además, lo acusó de extralimitarse en sus funciones al criticar a un presidente elegido por una “victoria aplastante”. León XIV, en cambio, opta por la firmeza pastoral. Al inicio de su gira por África, el pontífice declinó entrar en un debate personal: aseguró que “no es un político”, pero advirtió que no tiene “ningún miedo del gobierno de Trump” y que continuará defendiendo el multilateralismo y la paz por encima de cualquier consideración partidaria. Con una población católica que representa el 20% del electorado y que fue clave en la victoria republicana de 2024, el enfrentamiento plantea un escenario incierto para la cohesión del voto religioso en el futuro inmediato de Estados Unidos.
Por la senda de Agustín
Ayer, en Annaba, la antigua ciudad romana de Hipona, León visitó los vestigios de la historia de la ciudad y un centro para ancianos, a cargo de monjas católicas. Bajo la lluvia, el papa recorrió el sitio arqueológico romano y plantó un olivo, mientras un coro entonaba cantos en latín, en amazig y en árabe, sobre la paz y la fraternidad.
La ciudad fue el hogar del santo Agustín, cuyas “Confesiones” son una obra fundamental en la tradición cristiana. Por la tarde, León celebró misa en la Basílica de San Agustín en presencia de clérigos de toda África. En su homilía pronunciada en francés, el papa instó a los cristianos de Argelia a “dar testimonio del Evangelio, mediante gestos sencillos, relaciones auténticas y un diálogo vivido día a día”. El papa partirá el miércoles de Argelia para continuar la gira en Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial.









