"Salud por Tafí", el brindis de una ceremonia inaugural que abrazó las raíces de las Intervillas
El Club Tafí del Valle detuvo el reloj para honrar su historia. Entre el desfile de caballos y el encendido de la llama, Gonzalo Marcos Paz conmovió a todos con su discurso y se recordó a Cristina Aráoz de Mirande.
CON EL ALMA. Gonzalo Marcos Paz dedicó unas palabras a su amado Tafí y conmovió a todas las familias presentes.. SANTIAGO GIMÉNEZ / LA GACETA
Si la mañana fue de lucha contra el barro y la tarde de competencia feroz, el mediodía del sábado se reservó para el alma. Porque en las Intervillas, antes que los puntos, están las raíces. Cerca de las 13, el Club Tafí del Valle detuvo el reloj para vivir el momento más emotivo de esta edición: la tradicional ceremonia de inauguración, un ritual que este año tuvo sabor a homenaje, a legado y a un profundo amor por el valle.
El acto comenzó en la calle Túpac Amaru, donde el sonido de los cascos sobre el asfalto anunció lo que venía. Una decena de caballos, montados con orgullo por jóvenes y adultos, iniciaron el tradicional desfile portando las banderas de las villas y, por supuesto, el fuego sagrado.
TRADICIÓN. El esperado desfile de caballos recorre la calle Túpac Amaru rumbo al club. SANTIAGO GIMÉNEZ / LA GACETA
Con la épica de la Marcha de San Lorenzo sonando de fondo, la columna ingresó al club bajo una lluvia de aplausos. Allí, la antorcha con la llama olímpica -ese símbolo que une a las generaciones- pasó de mano en mano hasta llegar al escenario frente a la cantina, encendiendo no solo el pebetero, sino la emoción de todos los presentes.
FUEGO SAGRADO. Eduardo Mirande, en memoria de su madre, encendió la llama olímpica en el momento más emotivo de la tarde. SANTIAGO GIMÉNEZ / LA GACETA
Unidad y fe
El primer silencio respetuoso llegó con la bendición del cura, quien recordó que, al final del día, esto se trata de valores. "Que el juego limpio, la superación y la fraternidad sean los valores que guíen este evento; que este encuentro sea una oportunidad para crecer en unidad y en la fe", expresó, marcando el tono espiritual de la jornada.
Luego, Miguel Alfredo Terán (h), presidente del club, tomó la palabra con la humildad de quien sabe que preside una historia colectiva. "Es un honor presidir la organización de estas olimpíadas, pero uno solo no podría hacerlo", reconoció, destacando el trabajo invisible de la comisión y, muy especialmente, de Valentina Bujazha y Cristina "Kika" Ávila Terán, las que, en sus palabras, "se pusieron esta olimpíada al hombro".
El sueño de los pioneros
Pero el corazón del acto tenía nombre y apellido: Gonzalo Marcos Paz, el hombre que da nombre a esta edición. El homenaje fue un viaje en el tiempo, a épocas donde el club era apenas un sueño entre cerros y pastizales.
"En aquellos tiempos, un grupo de jóvenes completaban sus días entre tertulias, fiestas y deporte. Su pasión juvenil y espíritu creativo los llevó a buscar la forma de construir este club que hoy tenemos. Uno de esos jóvenes fue Gonzalo Paz", rezaba el discurso que se leyó ante un público conmovido. Se recordó su "carácter inquieto" y su "constancia incansable", piezas fundamentales para levantar las paredes que hoy cobijan a nietos y bisnietos.
Y entonces, habló él. Con el presente en las manos y la voz quebrada por la emoción, Gonzalo Paz regaló las palabras más sentidas de la tarde. "Todos los concurrentes simbolizan para mí Tafí", dijo, mirando a las familias reunidas. "El Tafí que alguna vez me convocó para venir a quedarme y el Tafí que estamos viviendo, que seguirá en el futuro de nuestros hijos y nuestros nietos"
Su cierre fue un brindis al aire que resonó en todo el valle: "Le doy gracias a todos y salud por Tafí".
Antes de que la pelota volviera a rodar, hubo tiempo para un último y respetuoso homenaje a la memoria de Cristina Aráoz de Mirande. Sus hijos, Eduardo Mirande, Cristina Mirande y Teresa Mirande, le dedicaron palabras sentidas que cerraron el círculo de la vida: recordar a los que ya no están, celebrando en el lugar que amaron.
Así, entre lágrimas, abrazos y el fuego olímpico ardiendo, se dio por concluido el acto. Porque en las Intervillas se compite para ganar, pero se vuelve cada año para no olvidar.








