Crearon una escuela de programación y quieren cambiar las vidas de 10.000 tucumanos

Crearon una escuela de programación y quieren cambiar las vidas de 10.000 tucumanos

El objetivo del proyecto es allanar el acceso a la industria que ofrece las mayores posibilidades de movilidad social. “Tenemos indicios de que eso ya comenzó a pasar”, dice Juárez Rivas, máximo ejecutivo de Rolling Code.

FUNDADORES. Pablo Frías y Walter Juárez Rivas crearon Rolling Code, que tiene ya 250 graduados y 900 estudiantes activos a partir de los 16 años. FUNDADORES. Pablo Frías y Walter Juárez Rivas crearon Rolling Code, que tiene ya 250 graduados y 900 estudiantes activos a partir de los 16 años. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ

En chiste y un poco en serio, ellos dicen que están ejecutando “la venganza de los nerds pobres”. Fundaron Rolling Code en 2019 para que otros tucumanos recorrieran el camino de progreso que habían experimentado de la mano de la programación. Walter Juárez Rivas, Pablo Frías, Juan Guzmán y Diego Flores están convencidos de que la receta funciona. Su objetivo es formar al menos 10.000 desarrolladores web en los próximos años y, como dice el lema de la compañía, “cambiarles el futuro” con salarios dignos, crecimiento intelectual y capacidad para modificar el entorno muy oscuro que hace que las nuevas generaciones se proyecten como inmigrantes.

“Se puede aprender a programar en cualquier lado, incluso gratuitamente en YouTube, pero la diferencia es que nosotros ofrecemos algo muy parecido a una experiencia de trabajo. Nuestro método de enseñanza acompaña en el proceso de aprender a trabajar en equipo con la presentación de proyectos en los plazos establecidos, el uso de metodologías ágiles, la preparación para tomar entrevistas laborales, etcétera. Queremos modificar para bien la vida de la gente. Nuestro lema, ‘cambiá tu futuro’, no es marketing sino algo que nosotros mismos hemos vivido y por eso, podemos transmitirlo”, cuenta Juárez Rivas, ingeniero en Sistemas y máximo ejecutivo de Rolling Code, empresa que brinda, por un lado, educación para programar y, por otro lado, servicios de programación.

¿Cómo se cambia el futuro? Según este emprendimiento, mediante el acceso a una educación que prepara para acceder a los trabajos más demandados. “Es algo que está al alcance, por ejemplo, de personas empleadas en ‘call centers’, que son repartidoras y taxistas: estos son algunos de los perfiles que estudian con nosotros, además de, por supuesto, alumnos que vienen de otras carreras y ocupaciones. Pero la realidad es que todos ellos tienen la chance de conseguir un puesto en la industria del software donde se les va a pagar más y, por eso, se reconvertirán. Nuestros alumnos están trabajando en Mercado Libre, Globant, Censys… y, además, empezaron a formar sus propias empresas. ¡Esto pasó en sólo cuatro años!”, exclama el cofundador, quien participa de la entrevista junto a su socio Frías.

Para Juárez Rivas el cambio de vida se ve en la posibilidad de alquilar o arreglar una vivienda; de adquirir un auto; de viajar… “Se trata de cosas que son normales para todos, pero aquí, en la situación en la que vivimos, se vuelven imposibles. A mí me encanta que los alumnos de Rolling puedan aspirar a ese sueño que tuvieron sus padres y abuelos de ascender socialmente. En promedio, esto se puede lograr en un año y medio o dos a partir del momento en el que se comienzan los estudios”, calcula.

Se nota que Juárez Rivas está enamorado de su profesión porque apunta que, con el tiempo, esta no sólo provee bienestar económico, sino también oportunidades interesantísimas de capacitación en esa tecnología que constantemente requiere de actualización. Al respecto, subraya: “es espectacular y súper gratificante, y lo vivimos aquí de manera permanente gracias a los 250 chicos que ya egresaron desde que arrancamos”.

Educación “en pozo”

Las oficinas de Rolling Code emulan el estilo disruptivo que impusieron gigantes como Facebook y Google: mesones largos con sillas tipo “gamer”, banquetas, espacios sociales, salas transparentes, juegos y ningún papel, salvo el servilletero y la lista de precios del quiosco cuyos productos se pueden pagar digitalmente. A la vista hay computadoras portátiles y “gadgets” como los óculos de última generación que Frías trajo de un viaje reciente para entrar en el Metaverso y la realidad aumentada (incorpora componentes digitales a la visión real).

Las clases se dictan ahí, en cursos híbridos, que transcurren de lunes a sábado desde la mañana hasta casi la medianoche. Empezaron con un espacio en una torre de la calle General Paz de San Miguel de Tucumán y ahora ocupan tres en diferentes pisos. Y su objetivo es sumar muchos metros cuadrados más en las ciudades de mayor importancia del Norte argentino.

Los cofundadores de Rolling Code tienen 35 años, salvo uno que es más joven, pero ellos no revelan la identidad. Si bien todos están curtidos en la programación, la historia más conocida es la de Juárez Rivas, creador de Tengo Free, una aplicación para acceder digitalmente a entradas y descuentos de discotecas y otros espectáculos. El experimento llegó a ser muy popular como sustituto de los volantes y tarjetas que solían entregar los equipos de promoción de los boliches, pero, según Juárez Rivas, apareció “demasiado temprano” y no pudo desarrollar un modelo de negocio adecuado. “Volcamos”, resume con una sonrisa.

Los fracasos son especialmente valiosos en el universo de la tecnología. “Después de Tengo Free empezamos a ser proveedores de aplicaciones para grandes empresas. Veníamos con esa dinámica cuando nos juntamos para lanzar Rolling Code con el fin de resolver dos problemas: la falta de programadores y las dificultades existentes para acceder a remuneraciones dignas”, apunta Juárez Rivas en la sala del piso 8. Y explica que las instalaciones que usan fueron costeadas con su propio esfuerzo porque no recibieron inversión externa: para conseguir el dinero que requería la escuela, salieron a prevender los cursos.

“Es algo equivalente a la operación inmobiliaria ‘en pozo’. Yo me siento orgulloso de eso porque logramos vender muchísimas matrículas anticipadas y, gracias a ello, pudimos alquilar y remodelar los espacios. Nos financiamos con ventas propias en parte porque estábamos confiados en que íbamos a conseguir los resultados. ¿Qué es lo que pasaba? Para 2019, este tipo de educación existía en todas partes, pero no en Tucumán. Nosotros queríamos ser los primeros”, acota.

Viaje a Cancún

Los cofundadores se conocieron en la Universidad Tecnológica Nacional-Facultad Regional Tucumán, pero sólo dos se graduaron de ingenieros en Sistemas: los otros dos abandonaron porque sentían que los profesores no les daban herramientas prácticas. Frías y Flores pusieron una empresa, y Guzmán y Juárez Rivas, otra. La fusión funcionó, aunque todo el tiempo deban luchar contra la inflación que desafía su decisión de mantener el precio de las cuotas lo más bajo posible (la mensualidad está en el orden de los $ 13.900).

“Yo soy de Las Talitas; Pablo, de El Manantial, y así. Por eso decimos que esta es la venganza de los nerds pobres. Nosotros éramos pobres y logramos reconfigurar nuestras vidas: entendemos muy bien cómo es eso”, reitera Juárez Rivas, quien bromea que su testimonio es tan apasionado que a veces se siente parte de un esquema de estafas piramidales.

 META. “Queremos modificar para bien la vida de la gente. Nuestro lema, ‘cambiá tu futuro’, no es marketing sino algo que nosotros mismos hemos vivido y que podemos transmitirlo”. META. “Queremos modificar para bien la vida de la gente. Nuestro lema, ‘cambiá tu futuro’, no es marketing sino algo que nosotros mismos hemos vivido y que podemos transmitirlo”. La Gaceta / fotos de Diego Aráoz

“Pero no, esto es posible, muchos de los chicos que comenzaron con nosotros en 2019 ahora pueden irse de vacaciones a Cancún. ¡Eso me da mucha satisfacción! Esta es la forma de mejorar Tucumán porque otros sectores de la economía quizá den empleo masivo, pero los salarios son migajas. Para mí eso no sirve: aquí se empieza con alrededor de $ 400.000 mensuales más beneficios. Nosotros conocemos casos de chicos que hacían delivery y ahora ganan U$S 2.000 por mes”, ejemplifica.

Rolling Code tiene 250 graduados y 900 estudiantes activos a partir de los 16 años (excepcionalmente, se inscribieron chicos de 14), y genera más de 100 trabajos en forma directa entre las tres líneas de negocio que lleva adelante: la escuela, el estudio de creación de software para terceros y un laboratorio. Los mentores fueron reclutados en las primeras promociones: son ex estudiantes de Rolling Code que ahora trabajan allí a tiempo parcial. Las clases están llenas y ya consiguieron que diferentes agencias del Estado financien más de 500 becas: este año pretenden sumar 3.000 inscriptos.

Muchos estudiantes universitarios terminan anotándose allí porque quieren garantizarse una salida laboral, incluso por consejo de los docentes. “Nosotros somos muy prácticos: nuestros profesores tienen experiencia en el campo real y ayudan a conformar el sentido de comunidad”, refieren Frías y Juárez Rivas, para quienes las oleadas de despidos que hubo últimamente en los grandes jugadores multinacionales de la industria se debe a la retracción de los proyectos de riesgo y no afecta el desarrollo de software.

En Rolling Code sueñan con modificar el destino de jóvenes que no ven futuro en Tucumán y en el país: a ellos les ofrecen exportar servicios para no tener que irse, o para irse y, cuando lo deseen, poder regresar a ser “Gardel”. “No nos interesa la academia en sí, sino mejorar la vida de la gente. A mí personalmente no me gusta la gente a la que no le gusta Tucumán. Queremos construir uno nuevo, quizá por lo que sufrimos en el pasado”, propone Juárez Rivas.

Los cofundadores de Rolling Code están persuadidos de que ese bienestar individual redundará, con el tiempo, en uno colectivo. Se trata de generar un ambiente emprendedor. Juárez Rivas opina: “yo estoy convencido de que la suma de estas transformaciones personales transformará la provincia. ¿Por qué? Porque si bien al comienzo los programadores trabajan para otros, incluso para organizaciones extranjeras, con el tiempo, y los conocimientos y experiencias adquiridos, es natural que empiecen a fundar sus propias ‘startups’, lo que será la forma de que ese capital vuelva. Tenemos indicios de que eso ya empezó a pasar. Es una rueda que traerá mucha abundancia a Tucumán”.

La receta de Rolling Code

1- Cambiar el futuro de los tucumanos a partir de la programación.

2- Educar para el desarrollo de software y brindar servicios a terceros.

3- Transmitir conocimientos prácticos y similares a una experiencia laboral.

4- Resolver el problema del acceso a salarios dignos.

5- Recuperar el sueño de la movilidad social.

El emprendimiento en la web: rollingcodeschool.com

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