“No puedo evitar llorar cuando pienso que mi hija está lejos”

El desarraigo que se vive en cada aeropuerto y del que nadie habla

EN FAMILIA. Ignacio Caunedo aseguró que el apoyo de sus seres queridos es fundamental para afrontar nuevos destinos. EN FAMILIA. Ignacio Caunedo aseguró que el apoyo de sus seres queridos es fundamental para afrontar nuevos destinos.
09 Mayo 2022

Como si fuera tabú, el tema de las despedidas no se toca. Sin embargo, es una de las experiencias más duras que un vínculo tiene que sufrir. La ruptura de la cotidianeidad, de lo compartido, de naturalmente saberse acompañado de una persona, emerge a ambas partes en un proceso de duelo que sólo se cura con el tiempo. Mientras tanto, ¿cómo puede uno, tanto el que se queda como el que se va, afrontar este desarraigo?

“Va a depender mucho de los vínculos. Las despedidas no son fáciles, pero son procesos en los que se tiene que trabajar después de que ocurren”, explica la psicóloga María Marta Alarcón. Detalla que “uno necesita que sea real para después poder trabajarlo y entender que es por el bien del otro”.

Las despedidas no se vuelven mágicamente fáciles, analiza Alarcón, sino que involucran un proceso de aceptación que lleva a la persona a entender que habrá un reencuentro. “No se hace más fácil, pero sí más llevadera porque sabrás que va a haber un próximo encuentro que les permita despedirse de nuevo”, manifiesta.

Lo mágico de las redes

La licenciada confiesa que vive en carne propia el problema de la distancia. “Mi hermano está viviendo en España hace 10 años; el vínculo se mantuvo fuerte gracias a las redes sociales”, comparte, emocionada hasta las lágrimas por el recuerdo de esta separación.

Una situación similar caracteriza la historia de Milagro Ruiz, una joven de 23 años que a los 19 armó los bolsos y emprendió un viaje que actualmente sigue su rumbo. Siguió un programa de intercambio cultural que le permitió estudiar y trabajar en Estados Unidos. “Lo que comenzó como un viaje de sólo un año, terminó siendo cuatro. La realidad es que nunca dejás de extrañar, cuando ya conocés todo y te asentaste un poco -cuenta-, te dan esas ganas de mates y charlas. O simplemente dormir una siesta en tu cama”.

Para el viajero, “una parte fundamental es la gente que te rodea, porque son el eje y motor que necesitás. En mi caso, mi host family (por la familia que la recibió) me acogió desde el primer momento”, enfatiza Ruiz, que ahora vive en California.

Del otro lado, en Tucumán, la espera su mamá, Rossana Brito. “Sueño encontrarla en algún aeropuerto pronto, y abrazarla con todas mis fuerzas”, dice, con la voz entrecortada.

Mate por videollamada

Cuenta que Milagro es la más chica de sus tres hijos, y siempre fue la más mimada. “Hacíamos todo juntas. Gracias a Dios la distancia no rompió eso, seguimos siendo muy compañeras. Es lo que nos sostiene”, dice y explica que lo que mantuvo el vínculo con el correr de los años fueron sus videollamadas interminables. “A veces nos sentábamos a almorzar o a tomar mate juntas, como por dos o tres horas. Nos contamos todo”, comenta.

Sin embargo, sigue existiendo una barrera llamada distancia que a veces la conmueve hasta las lágrimas. “No puedo evitar llorar cada vez que pienso que mi hija está lejos”, dice Brito, disculpándose por haberse emocionado durante la comunicación con este medio.

Una mirada optimista es la que ofrece la hermana de Milagro, Luciana Ruiz. “Muchas veces extraño tenerla aquí conmigo, pero sé que videollamadas, mensajes, fotos y videos nos mantienen juntas y cerca todos los días”, manifiesta. Sobre las despedidas, opina que se trata de “una puerta a nuevas oportunidades”.

Recargas de energía

Valentina Albornoz, de 22 años, viajó en 2019 a Miami en un programa de “work and travel” que duró unos meses. Al regresar, empezó la pandemia. “Fue bastante difícil pasar de una vida tan activa y con tanta gente todos los días, a pasar a estar en un departamento sola y encerrada”, dice la joven, que tomó la decisión de volver a Estados Unidos una vez que reabrieron los aeropuertos. “Hace un año y casi cinco meses que no vuelvo a mi país”, cuenta.

Asegura que estando lejos, uno extraña más cosas de las que se esperaría. “Extraño las comidas de mi mamá, las charlas de noche con mi hermano, comprar chocolates con mi hermana e ir a ver a mi papá en sus carreras de bici. Mi casa, el gimnasio al que iba…”, comparte la viajera.

Albornoz tuvo la oportunidad de recibir a su mamá en territorio estadounidense. “Fue hermoso, algo que necesitaba mucho. Fue algo que me recargó de energía”, comenta. Sobre su despedida, confiesa que fue complicado dejarla ir. “Ella era lo único que tenía de mi casa, así que fue más fuerte esa despedida”, lamenta.

Su mamá, Patricia Argaño, comparte este lamento. “Los días allá pasaron volando y la despedida se hizo muy dura. Te invade esa incertidumbre de no saber cuándo vas a volver a estar cerca y a poder disfrutarla. Sólo queda pensar en ese nuevo reencuentro y en las ganas de fundirse nuevamente en un abrazo eterno”, dice y comparte a este medio lo mucho que extraña hacerle a su hija sus comidas favoritas.

“Es muy difícil tener a mi hija a tantos kilómetros. Pero todo eso se supera cuando, como mamá, sabés que la felicidad y los sueños de los hijos están por encima de todo”, manifiesta Argaño, nostálgica, revelando que la separación hace que cada momento juntas se transforme en un momento mágico.

La distancia también es un tema difícil de tocar cuando se trata de separar a dos mejores amigas, como es el caso de Valentina y Paula Galván. “Antes nos veíamos casi todos los días, así que tenerla lejos es difícil. Mi manera de manejar la despedida fue mantener la relación igual, más allá de la distancia”, comenta, al tiempo que cuenta que hacen llamadas telefónicas siempre que pueden.

“Cada despedida es lo mismo, contar los meses hasta que vuelva. Lo lindo es que nunca perdimos la confianza, somos muy unidas”, finaliza Galván.

El apoyo, fundamental

Ignacio Caunedo se fue de Argentina hace cuatro años. Vivió en Suecia, Dinamarca, Alemania y actualmente se encuentra en Noruega. En este tiempo, volvió a Argentina en tres oportunidades. “Generalmente estoy en un país, trabajo y ahorro un poco, me dedico a viajar y vuelvo a visitar a mi familia”, explica.

Destaca que su familia lo apoya totalmente y que esto hace que la relación con ellos se vuelva más fácil. Sin embargo, el tiempo y los caminos diferentes que eligió lo llevaron a separarse de algunas amistades. “Con muchos amigos la relación se fue perdiendo. No puedo decir que las despedidas se vuelven más fáciles, porque en el medio tuve despedidas que me costaron más”, comenta a LA GACETA.

Entre viajes, culturas y nuevas experiencias, el soporte que mantiene un vínculo tan especial es el apoyo de los suyos. “Creo que es muy importante tener el apoyo de la familia, esa es la mejor manera de afrontar. Irse tranquilo de que uno está haciendo lo que lo hace feliz, lo que a uno le gusta. Que tu familia te apoye hace que esa separación sea más sencilla”, concluye. (Producción periodística: Bárbara Nieva).

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