El violador serial: un fallo ejemplificador puso fin a la angustia - LA GACETA Tucumán

El violador serial: un fallo ejemplificador puso fin a la angustia

Última parte.

19 May 2020 Por Gustavo Rodríguez
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LA SENTENCIA. Oscar Emilio Fernández fue condenado a 29 años de prisión , tras ser hallado culpable de abusar de cinco niñas. Podría gozar de beneficios a partir de 2025.

Era una calurosa tarde de noviembre de 2008. Dos niñas caminaban por una calle de Lastenia. Fueron interceptadas por un hombre que se desplazaba en una bicicleta. Les dijo que conocía a sus padres. Después, les prometió regalarles golosinas y juguetes, pero les advirtió que sólo podía trasladar a una de ellas. Eligió a la más pequeña y se fue. El depravado la llevó a un descampado y ahí la atacó salvajemente. Luego la abandonó con las manos y pies atados debajo del puente Lucas Córdoba. Al día siguiente, cuando el sol comenzaba a brillar, varios perros comenzaron a ladrar a un vecino que pasaba por ahí. El hombre se dio cuenta de que los animales actuaban de manera extraña. Aullaban y con movimientos extraños, le marcaban un lugar. El caminante volvió sus brazos y observó a otros canes gruñendo y peleándose entre ellos. Se arrimó más y descubrió a la víctima. Estaba bañada en sangre y apenas si respiraba. Ese fue el hecho más grave que cometió el violador serial; no el último, y constituiría después una de las acusaciones en contra del delincuente.

El depravado actuó entre febrero de 2007 y marzo de 2009. La fiscala Adriana Giannoni dirigió un equipo de policías, funcionarios judiciales y profesionales para poder atraparlo. La tarea más dura fue elaborar una especie de banco genético. El perfil del depredador sexual se comparaba con cada uno de los que había de los procesados o condenados por delitos sexuales. En septiembre de 2010 se encontró un indicio, una huella que podría desenmascarar al hombre que había aterrorizado a 11 barrios de tres ciudades.

En la mira de los investigadores quedaron cuatro hermanos. Pero todas las sospechas apuntaban al menor de ellos, Oscar Emilio Fernández. Lo habían señalado como el autor de un abuso en contra de dos jóvenes a las que drogaron y llevaron a una casa de El Manantial donde las atacaron. Fernández, que había actuado junto a otros dos jóvenes, dijo que las relaciones habían sido consentidas. En un polémico juicio terminó siendo absuelto.

La detención

“Fue una tarea complicada dar con él. A los hermanos los detuvimos porque teníamos datos de que vivían en Villa Mariano Moreno. Al que más buscábamos no lo podíamos encontrar”, reconoció Hugo Cabezas, uno de los referentes del equipo. Fernández vivía en un barrio de ese sector de Las Talitas. Pero después de haber sido acusado del abuso de las jóvenes, su esposa y madre de dos hijos lo expulsó del hogar. Sus familiares poco sabían de él.

Lo ubicaron en la zona de Santa Bárbara, donde vivía junto a otra pareja con la que había tenido un hijo. Trabajaba como albañil. Después de realizar algunas averiguaciones, los pesquisas establecieron que estaba trabajando en una obra de calle Maipú al 400. Se montó un operativo para lograr su detención. “Fue dirigido por la fiscala Giannoni. Estaba de licencia por enfermedad cuando se estaba por realizar el procedimiento. Lo mismo pidió estar presente. Tratamos de convencerla de que no fuera, por su estado de salud, pero nos respondió: ‘lo buscamos dos años y ahora quiero ver su cara cuando lo detenga’”, confió Cabezas.

ARDUO TRABAJO. El ex comisario Marcelo Sallas organizó el operativo. la gaceta / foto de jorge olmos sgrosso

El comisario Marcelo Sallas fue el responsable de diagramar y efectuar el procedimiento. Durante esa mañana de octubre de 2010, esperaron que Fernández saliera a comprar comida (se sabía que lo hacía todos los días) e ingresaron a la obra. Los trabajadores, espantados, no sabían qué ocurría. Una treintena de efectivos redujo a todos y esperó pacientemente que el acusado regresara. Ni bien ingresó, al menos cinco investigadores se arrojaron sobre él. Temían que al verse acorralado decidiera quitarse la vida. Pero nada de eso sucedió. “¿Qué pasa?”, fue lo único que dijo.

Extraño llanto

“Se quedó helado. Intentó explicar que él había sido absuelto en un juicio. Pero se le explicó que en realidad se lo había arrestado por el abuso de varias niñas. Ahí se llamó al silencio. Al parecer, se sorprendió. No habló más, pero las lágrimas comenzaron a correr por su rostro. Lloraba, pero en silencio”, relató Sallas.

Los hermanos detenidos fueron presentados en Tribunales. Los cuatro juraron ser inocentes y que no tenían nada que ver con los hechos. Aceptaron que se les extrajeran muestras de sangre para que se hiciera una pericia genética en Buenos Aires. A las semanas, se conocieron los resultados. Fernández, el albañil de 8 a 17, y abusador serial por las tardes, había sido el autor de los ataques.

El juicio

“Con traje negro y una camisa celeste a rayas, el sospechoso de las violaciones llegó esposado a la improvisada e incómoda sala que se habilitó en la planta baja del Palacio de Justicia, en La Madrid al 400. Se sentó al lado de Mario Mirra, su abogado defensor, y escuchó atentamente al secretario Carlos Lix Klet, que leyó la acusación que realizó la fiscala Giannoni”, cronicó Gustavo Cobos el 10 de septiembre de 2012, un día después de que se iniciara el juicio contra el abusador serial.

No fueron muchas las audiencias que se realizaron por el caso, pero todas tuvieron un alto contenido emocional. “Mi hija a veces empieza a llorar de la nada. Ha cambiado mucho. Desde la rueda de reconocimiento no volvimos a hablar del tema”, dijo la madre de una de las víctimas cuando declaró en la sala. Las pequeñas, tal como establecen las normas, no declararon, pero sí se reprodujeron los videos que se habían registrado en Cámara Gesell o leyeron parte de sus dichos. “Era una casa que se había derrumbado, llena de yuyos y que no tenía techo. Él entró y me llamó. Después no me acuerdo”, contó una de las nenas, que afirmó que se despertó y estaba sin los pantalones y sin la ropa interior. En este caso no hubo acceso carnal, pero entre la ropa de la niña los peritos hallaron semen, que según los estudios posteriores pertenecía al sospechoso.

ALEGATO. La fiscala de Cámara Juana Prieto de Sólimo preparó un contundente discurso para que condenaran a Fernández.

Otra niña había sido llevada a un matorral con la promesa de que le regalarían juguetes. “Me levantó la pollera y me sacaba fotos con un teléfono celular parecido al que tiene mi tía”, dijo la pequeña a la psicóloga. “Yo gritaba y él me decía que si no me callaba me iba a tirar al canal”, agregó. Iguales términos utilizó otra niña, cuya declaración se leyó. Había sido secuestrada a la vuelta de su casa, en la zona sur de la ciudad, y llevada a un cañaveral.

Alegatos

En un juicio, los alegatos son quizás los momentos más importantes de la audiencia. Es el derecho que tienen los acusadores y los defensores para fundamentar sus pedidos de condena o de absolución. La fiscala de Cámara Juana Prieto de Sólimo, que ya había pedido una condena en contra de Fernández por el abuso de las jóvenes de El Manantial y que gracias a un pedido suyo se lo pudo identificar, durante su exposición usó las palabras justas. “Estos hechos son como un disparo en la cabeza de las víctimas; no se olvidan más”, manifestó. “Se llega a la autoría por un análisis del lugar donde ocurrieron los hechos. Existen una serie de indicios graves, precisos y concordantes. No hay que analizarlos aisladamente, sino en su conjunto”, expresó.

Álvaro Zelarayán, que había asumido el rol de querellante, se adhirió en gran mayoría a la valoración de las pruebas que hizo la fiscala, pero solicitó que Fernández fuese condenado a 50 años. Completamente diferente fue la postura de Mirra, el defensor del acusado. “Se creó la hipótesis del violador serial y se trató de escandalizar la conducta de Fernández en la supuesta serialidad, porque el indicador más relevante de todos los casos es el relato de las víctimas, no la prueba de ADN. Ninguno pudo reconocerlo. Si analizamos todo el contexto probatorio nos vamos a dar con que Fernández es completamente inocente”, dijo al pedir la absolución.

Sentencia y evaluación

Luego de los alegatos, el imputado declaró. Sus palabras generaron los mayores momentos de tensión del juicio. “Soy inocente. Si le pasara lo mismo a una hija también saldría a matar. Me siento un chivo expiatorio y un perejil. No le deseo a nadie que pase por lo que yo estoy pasando”, expresó. El tribunal, integrado por Pedro Roldán Vázquez, Alfonso Zóttoli y Emilio Páez de la Torre, no creyó en sus palabras y lo encontró culpable de cinco de los seis hechos por los que había sido acusado. Redactaron un fallo inédito. Condenaron a Fernández a 29 años de prisión, la pena más alta que había impuesto la Justicia hasta esa fecha en un juicio por abuso sexual. Pero la sentencia tenía otro agregado: el ahora penado, antes de empezar a gozar de ciertos beneficios –podría empezar a solicitarlos en 2025- debe presentar una evaluación psicológica que determine si está en condiciones de hacerlo.

La Policía tuvo que hacer un enorme esfuerzo para que no agredieran a Fernández cuando lo retiraron de la sala de audiencia. No contó con esa protección en el penal de Villa Urquiza. La primera noche que pasó como penado, un grupo de reos lo castigó físicamente. No pasó mucho tiempo para que fuera derivado a la Unidad de Máxima Seguridad. El cambio no fue porque fuese un preso peligroso, sino para salvarle la vida.

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