River es campeón de la Sudamericana

El "Millonario" aprovechó dos cabezazos letales e imborrables para quedarse con la gloria.

11 Dic 2014 Por Mariana Segura
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PARA SIEMPRE. El cabezazo de Gabriel Mercado (25) va con destino de red a abrir el partido más importante de River en los últimos tiempos ante la mirada de Armani. reuters

Para los libros, para la historia... River supo escribir lo que la ocasión le mandaba tras un 2014 de sonrisas eternas. Tuvo todo para hacerlo y no dejó pasar su chance, una que tardó años en llegar y que por eso disfrutó a lo grande. Porque se descargó el “millo” ayer, vivió como aquellas viejas épocas, su mejor versión internacional y brindó con la Copa Sudamericana en lo más alto.

Atlético Nacional, o mejor dicho Franco Armani, no aguantó todo ese peso “millonario”. El arco en cero a los colombianos les duró 45’ pura y exclusivamente gracias al 1 volador; al que se le quemaron los papeles en el complemento, porque no podía hacer todo. De revolotear de izquierda a derecha, por arriba y por abajo, apagando incendios, Armani pasó a sacarla de adentro y a tener que conformarse con una medalla de plata culpa del 2-0 riverplatense.

Dos cabezazos mortales tras dos córners que él mismo generó con sus atajadas salvadoras fueron su pesadilla. Dos testazos de dos hombres igual de letales, porque Gabriel Mercado y Germán Pezzella traían consigo antecedentes de goles clave, de saltos con destino de gloria como los de ayer, justo cuando las formas no importaban (porque en una final vale lo mismo salir a festejar tras una jugada de manual, una genialidad del habilidoso o dos pelotas paradas). Los defensores estuvieron ahí cumpliendo el tercer mandamiento y con sus cabezas certificaron lo que la mayoría anticipaba se iba a dar y que sólo culpa de Armani podría haberse puesto en duda.

Mercado primero, Pezzella después en un lapso de cinco minutos... Con esa ráfaga a River le alcanzó para respirar tranquilo, y así se dedicó a disfrutar antes de tiempo. Porque se aseguró también que Nacional no le hiciera ni cosquillas en los minutos restantes. Su consagración jamás caminó por la cornisa, y por eso el gusto que se dieron los de Marcelo Gallardo fue tan grande. Tan satisfactorio...

De nada importó que Teófilo Gutiérrez se atragantara de goles que no fueron sólo porque Armani custodiaba los palos. El destino ya estaba escrito y Mercado y Pezzella simplemente lo sacaron a la luz de un Monumental que brilló con ellos para conocer los sabores del elixir sudamericano.

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